Las cosas del ‘caloret’

Por Miguel Sánchez Ostiz - Domingo, 2 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

EL ministro Montoro quiere prohibir por ley las amnistías fiscales que él mismo puso en marcha, en beneficio sobre todo de quienes mantienen en el poder al partido político al que pertenece. No pasa nada, cuatro burlas y un sarcasmo y a correr. Frente al despropósito, burlas, porque ninguna otra acción cabe. Todo está tan dicho y tan poco hecho que no parece haber otra salida que el sarcasmo, la bufonada vitriólica, eso sí, medidos, no vayan a aplicarnos legislación antiterrorista. Mejor decir “parece que han vuelto a beber”, que afirmar que son una banda de maleantes sin escrúpulos decididos a chulearse a una ciudadanía inerme.

Un futbolista dice que paga lo que debe, el montante de una defraudación fiscal de grandes proporciones, no porque haya podido delinquir y deba, y mucho, y esté obligado a pagar, sino “como gesto de buena voluntad”, demostrando con ello que pertenece a la raza superior de aquellos con quienes no van las leyes que rigen al común. En ningún momento el potentado del balón ha sido presentado como un defraudador y solo así, como es habitual en otros casos de menor cuantía y menos implicaciones mediáticas de salsa guapa. El relato de nuevo, la impostura de una puesta en escena que más que por una realidad escurridiza, está dictada por las conveniencias. En otro caso, la fiscalía ha aceptado la multa en lugar de prisión para que un futbolista estrella pueda seguir jugando al fúrbol y no vaya a la cárcel, y sobre todo para que se aquiete el lodo del negocio. Es una cuestión de Estado o como tal tratada. Bochornoso. Aquí lo que cuenta es el fúrbol, no las leyes, que pueden ser apañadas por quien tiene poder económico. Lástima, porque de haber entrado en Soto del Real, que es a dónde van los barbis, podrían haberse incorporado a la cátedra y al máster que allí se organiza: la nueva economía española, emprendedores unidos… a este paso, la Comercial de Deusto y el IESE van a acabar perdiendo puntos. No tardará mucho en que haya concurso de méritos y pruebas de selección para entrar en Soto con el fin de sacarse el máster en emprendimiento español, como si fuera aquella academia de choros que pergeñó Mariano Ozores en La llamaban la madrina, con Lina Morgan de catedrática. Esta academia de ahora tiene menos gracia, ninguna, aunque me temo sea efectiva en el mantenimiento de vocaciones.

La lista de morosos de Hacienda es espectacular, debe todo el mundo menos aquellos que no pueden escapar del pago porque ya llegan sisados, y demuestra que, en efecto, el mundo empresarial español marcha sobre ruedas porque sencillamente no pagan todos los que deberían hacerlo o pagan poco o a destiempo. Por no hablar de cargos con tareas de gobierno. Colmos. Obviedades. Morosos, defraudadores, evasores probados que se esfuman… No creo que sea cosa de la Agencia Tributaria, sino de falta de medios, de verdadera voluntad política y de desconcierto institucional. Es difícil luchar contra un clima. La conciencia ética de este país está poco menos que anestesiada y la ciudadanía lo aguanta todo, sobre todo si puede reírse con las farsas mejor o peor urdidas que representan a aquellos a quienes padece. Coplas de maldecir, guiñoles, comedias, películas y novelas neo-noirmás bien tímidas…

El gobierno hace todo lo posible para que la ciudadanía no tenga acceso a los documentos que prueban las actividades delictivas ligadas a las trastiendas del poder político, como está sucediendo con Las cloacas de Interior, el documental sobre la policía política urdida desde la cúpula del gobierno con el fin de dañar a sus oponentes y a quien les viniera en gana, cuya exhibición, en cualquier otro país, sería cuestión de salud social, mientras que aquí es torpedeada (hasta en sede parlamentaria) y nadie se atreve a publicarlo. No se trata de defender honores difusos, sino de ocultar indecencias que dañen más el ya muy deteriorado prestigio de las instituciones y del temor fundado a que las denuncias se vuelvan contra los denunciantes.

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