La Virgen de La Guía

Una fiesta que cala hondo

Portugalete desafía a los chaparrones intermitentes y se vuelca, como es tradición cada día 1 de julio, con la celebración de la festividad de la Virgen de La Guía, un evento al que acudieron más de 50.000 personas

Un reportaje de Miguel A. Pardo - Domingo, 2 de Julio de 2017 - Actualizado a las 17:11h

La calle Coscojales se convirtió en el principal referente festivo y fue un hervidero a lo largo de toda la jornada.

La calle Coscojales se convirtió en el principal referente festivo y fue un hervidero a lo largo de toda la jornada.

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La calle Coscojales se convirtió en el principal referente festivo y fue un hervidero a lo largo de toda la jornada.La imagen de la Virgen fue protegida por la lluvia.Siguiendo la tradición, hubo procesión marítima de la virgen.La lluvia fue un ingrato espectador de varios eventos festivos, entre ellos la procesión.
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eN la jornada de ayer, mirar al cielo era un ejercicio no muy alentador. Las nubes grises reflejaban una meteorología inestable. Pero unas nubes, por muy negras y grandes que sean y por mucha lluvia que puedan llegar a descargar, no tienen el poder de frenar la tradición. Ayer, como cada 1 de julio, todo jarrillero que se precie debía ponerse la camiseta blanca, anudarse el pañuelo al cuello y disfrutar en las calles del casco viejo de la localidad del día de la Virgen de la Guía. Para más de 50.000 personas, la lluvia intermitente, con episodios de chaparrones fuertes, no supuso ningún incoveniente para salir y divertirse en todas las actividades organizadas para la ocasión por Berritasuna, entidad que lleva 45 años dando forma y color a una de las jornadas más importantes en la noble villa.

Y es que, esta fiesta cala mucho más hondo de lo que pueda hacer cualquier aguacero. Familias, cuadrillas, mayores y jóvenes encuentran en esta festividad su punto de encuentro y, en muchos casos de reencuentro, para disfrutar y, de paso, ahondar en los orígenes de un municipio que no deja de lado sus raíces. Desde el alzado de los dominguines a las 09.00 horas, la localidad se vistió de fiesta para celebrar una jornada especial y única, tanto que para los jarrilleros, a diferencia del resto de días del año, en vez de 24 horas, tiene 28. Los más madrugadores fueron testando el ambiente, pulsando el sentir de la fiesta desde primera hora de la mañana y sin saber si guardar el paraguas o dejarlo desplegado, ya que la lluvia se convirtió en las primeras horas en un visitante molesto. El primero de los platos fuertes fue el aspecto más religioso de esta festividad: la misa y procesión marítima de la Virgen de La Guía. Así, a las 10.30 horas, la imagen salió del convento de Siervas de María. Desde allí fue trasladada en una pequeña procesión hasta la Basílica de Santa María, donde se ofició una misa en su honor. “Siempre que puedo, estoy aquí en Portugalete el día de la Virgen de La Guía y no falto a la misa ni a la procesión”, explicó María Díaz, una jarrillera para la que el día de ayer “es muy especial, ya que me despierta muchos sentimientos muy bonitos y recuerdos excepcionales”.

Imagen a cubiertoUna vez finalizado el oficio tocó, iniciar la primera parte de la procesión, la terrestre. Así, el pasacalle, encabezado por un grupo de txistularis fue desfilando poco a poco hasta llegar al paseo de La Canilla. A los lados de la calle, curiosos y devotos disfrutaban del paso de la imagen de la Virgen, aunque fueron menos que otros años las personas que acudieron a ver la procesión, dado que la lluvia hizo acto de presencia en ese momento del día, hasta el punto, que la imagen tuvo que ser protegida con un plástico. “Es una pena que esté lloviendo, pero los jarrilleros estamos acostumbrados al agua y eso no nos va a impedir que salgamos a las calles a disfrutar y vivir este día tan especial para todos nosotros”, señaló Mikel Torres, alcalde de Portugalete mientras la virgen estaba siendo embarcada al barco Euskal Herria para realizar la procesión marítima.

Mientras la Virgen de La Guía surcaba las aguas de la ría, en tierra, poco a poco y a la vez que los chubascos iban perdiendo protagonismo, el ambiente iba caldeándose. Las calles del Casco Viejo portugalujo se convertían en una pequeña marea blanca y los locales hosteleros empezaban a quedarse pequeños del volumen de gente al que debían atender, una imagen que se repitió a lo largo de toda la jornada. Batukadas, txistularis, fanfarrias... El ritmo era variado e incesante en la localidad y la diversión estaba asegurada. Iker, Julen, Maite, Nuria y Maitane disfrutaron del ritmo del mediodía jarrillero. “Hemos llegado hace un ratito y estaremos aquí hasta que el cuerpo aguante”, aseguraron.

gran bajadaPara ellos, como para otros muchos, el momento más especial es el de la gran bajada de las 15.00 horas. “Es algo muy bonito, es un puntazo ver a tanta gente bailando, cantando y disfrutando”, explicaron. Y ese momento llegó, desde media hora antes, quien más y quien menos iba cogiendo su sitio en la calle Coscojales para presenciar la gran bajada e integrarse en la marea humana, una actividad que deja las estampas más significativas de la fiesta de la Virgen de La Guía. Los jarrilleros no faltaron a este momento y, además, la meteorología respetó medianamente. Tras la misma, el plan de la tarde era muy parecido para muchos portugalujos: comer, tener una larga sobremesa y, después, seguir viviendo la fiesta en las calles de la localidad.

Los cuerpos de unos aguantaron más la fiesta que los de otros, así, los más atrevidos, además de disfrutar de la bajada de medianoche, continuaron con la celebración hasta llegar a la sopa de ajo que se sirvió a las 04.00 horas. Ese fue el aperitivo ideal para que, media hora más tarde, se lanzase el txupin que pusiese punto y final a una fiesta que se había iniciado 19 horas y media antes y que volvió a demostrar que la de la Virgen de La Guía, es una festividad que cala hondo en los jarrilleros y también en ciudadanos de los alrededores.

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