La guerra en los ojos de un niño

  • El lezamaztarra Carmelo Artetxe vivió la caída del Cinturón de Hierro cuando tenía 9 años
  • Ha unido su testimonio a los datos de historiadores locales en una conferencia sobre el conflicto

PATXI AROSTEGI - Domingo, 2 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

Carmelo Artetxe vivió la caída del Cinturón de Hierro cuando tenía 9 años.

Carmelo Artetxe vivió la caída del Cinturón de Hierro cuando tenía 9 años. (DEIA)

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Carmelo Artetxe vivió la caída del Cinturón de Hierro cuando tenía 9 años.

LEZAMA. El 13 de junio de 1937, entre los montes de Gaztelumendi y Urrustimendi, ubicados entre Larrabetzu y Gamiz-Fika, se abrió una preocupante brecha en el Cinturón de Hierro, una construcción de ochenta kilómetros plagada de búnkeres, alambradas y artillería estática y que había servido hasta entonces, para que las tropas republicanas defendieran Bilbao de los nacionales. Fue el inicio del fin para el bando republicano, que en sólo seis días, vio como las tropas franquistas tomaban la capital vizcaína, tras la capitulación del monte Artxanda, su último bastión militar. Carmelo Artetxe, nació en Lezama y ahora tiene 88 años. En 1937 contaba con solo 9. A pesar de ello, conserva una memoria prodigiosa de aquellos hechos y recuerda con gran nitidez esa época histórica que le toco vivir, en plena guerra y con la amenaza fanquista. “Ese día estaba en la casa-torre que daba seguridad frente a los bombardeos porque tenía casi dos metros de pared de piedra. Yo me metía en una tronera. Ahí pasaba horas y horas refugiándome de los ataques y bombas de los aviones. Me acuerdo perfectamente que veía desde este punto como avanzaban las tropas franquistas y requetés navarros hacia nuestro pueblo”, expresa con precisión.

Artetxe, que era solo niño cuando las tropas franquistas entraron en la comarca de Txorierri por Larrabetzu y Lezama, en dirección a Bilbao, cuenta como pasaba el día paseando desde la casa de sus padres, situada en el barrio de La Cruz, y el caserío de sus abuelos, ubicado en Goitioltza . “En las campas de Lorria, por ejemplo, me acuerdo de observar todo el material que se utilizaba para construcción de búnkeres, ametralladoras y trincheras. Hoy los niños están más vigilados, y no se les deja andar solos, pero en aquella época , en plena guerra, yo iba de un sitio para otro del pueblo y sin mucha preocupación”, relata Artetxe.

Precisamente, Artetxe participó este pasado viernes en una interesante charla-coloquio sobre la celebración del ochenta aniversario de la caída del Cinturón de Hierro y que tuvo lugar en la Kultur Etxea de Lezama. La mesa redonda la protagonizaron, junto a este veterano testigo de guerra, Aitor Miñambres, director del Museo Memorial del Cinturón de Hierro de Berango, y Josu Ziordia, historiador del Txorierri.

En desigualdadComo describe Artetxe, la contienda se libró con gran desequilibrio entre ambos bandos, dado que los republicanos apenas contaban con fuerzas aéreas para competir con los franquistas, que además contaban conel apoyo logístico de aviones alemanes e italianos. “Los nacionales tenían avionetas Junkel y Heinkel y los aviones Saboyas italianos, mientras que los republicanos apenas podían echar mano de cazas rusos, lo que hacía que las batallas aéreas fueran bastante desiguales entre ambos ejércitos”, explica. A su vez, Artetxe detalla cual fue la estrategia diseñada por los franquistas a la hora de atacar por aire y con bombas la comarca de Txorierri, y, en concreto, su municipio de Lezama. “Yo veía como venía una avioneta, que podia estar a unos 1.500 metros de altitud, más o menos y, en ese momento, decíamos todos al unísono. ¡Ya ha venido el alcahuete!, describe con una sonrisa. Poco después, aparecían en formación los aviones alemanes que procedían a bombardear la zona. “Habia aviones que salían desde un aeropuerto en Romo y veíamos como se ametrallaban, pero estaba claro que se trataba de una batalla muy desigual para los republicanos”, remarca.

Dirigiendo su mirada ocho décadas hacia atrás, Carmelo Artetxe opina que si su pueblo y sus habitantes pudieron sacar adelante a sus familias en esas complicadas condiciones impuestas por el conflicto bélico, fue gracias a su esfuerzo y “a base de mucho trabajo”, concluye.

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