El fado más triste

Alberto Fdez. Araújo Barakaldo - Sábado, 1 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

¡Ay, Portugal! ¿Por qué te quemas tanto? No hay llanto más afligido, ni grito tan desgarrador, como el sollozo de la impotencia;como el lamento por la desgracia de un ser amado. Emboscada tras los árboles. Segura de sí misma. Adelantándose a las intenciones de quienes huían del fuego y su cómplice humo asfixiante, la hoguera solo tuvo que esperar a ambos lados de la carretera del pánico y unir sus fiebres capaces de fundir vehículos y todo su dramático contenido humano. “Tenían que haberse quedado en sus viviendas”, dijeron unos. “Se metieron en la boca del lobo”, juzgaron otros. Yo digo que cuando te llega el agua al cuello, lo que menos te preocupa es si es potable. Agua y fuego. Si hubiera llovido…pero no llovió. Si las aldeas no estuvieran tan diseminadas e indefensas…pero lo estaban. Si los protocolos de prevención forestal: limpieza de maleza y cortafuegos, torres de vigilancia, equipos antiincendios, refugios, hubieran sido los adecuados…pero, lamentablemente, también eran perfectibles. La ucronía no sirve. Pasó lo que pasó. Obra de la naturaleza o descuido del hombre, solo resta apretar los dientes y continuar. Un bombero entregó su vida. Muchos yacían en suelo, rotos, extenuados. Nosotros sabemos bastante de estos quebrantos. Amalia, Amalia… ¡Qué fado tan triste!

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