se dedica a los efectos especiales

Salva, creador de lo irreal

Salva Boluda se dedica a los efectos especiales en el mundo audiovisual

Hoy realizará una exhibición de su trabajo en Mikrofilm Short Festival

El certamen de cine negro de Plentzia continuará mañana

Marta Hernández - Sábado, 1 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

Salva, en un momento del rodaje del largometraje ‘El ataúd de cristal’. Foto: Juan Dopico

Salva, en un momento del rodaje del largometraje ‘El ataúd de cristal’. Foto: Juan Dopico

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Salva, en un momento del rodaje del largometraje ‘El ataúd de cristal’. Foto: Juan Dopico

Plentzia- En casa de Salva Boluda los cuadros conviven con depósitos de sangre (de mentira, ¡sin alarmarse!);y junto al sofá puede saludar alguna cara que parece proceder de otro planeta, época o... vida (son moldes, solo moldes ¡sin asustarse!). Y es que este asturiano que lleva 18 años en Bizkaia se dedica, entre otras facetas, a los efectos especiales en el mundo audiovisual, algunos son de esos un poquito gore... En el marco de Mikrofilm, el festival de cortos de cine negro de Plentzia, que se celebra hoy y mañana -se ha desplazado un día por las malas previsiones meteorológicas para ayer-, Salva efectuará una demostración de su trabajo (hoy, a las 20.00 horas). Además, él se ha encargado de realizar la escultura que se inspira en la película El halcón maltés, que se entregará a los vencedores del concurso de ahora en adelante.

“Voy a hacer una exhibición de maquillaje, llevaré un par de modelos e igual pido colaboración a alguien del público y hago alguna improvisación con los moldes que lleve. Quiero mostrar un maquillaje de quemado y otro con cortes y cicatrices cosidas... Estos eventos de maquillaje en directo gustan mucho”, asegura el propio Salva. Sus manos crean estéticas impactantes. Su precisión desfigura. Su creatividad asusta. Vampiros, seres con malformaciones, bestias de colores y cuernos... También personas que han sufrido heridas, recreaciones de cadáveres, heridos en un incendio... Salva da vida a lo irreal. En su trayectoria entran en escena labores para proyectos vascos como las películas Loreak -la aclamada obra de Jon Garaño y José Mari Goenaga- y El ataúd de cristal -el primer largometraje del bilbaino Haritz Zubillaga-. “En Loreak, fui parte del equipo que hizo el cadáver, así que solo estuve en taller, no en rodaje, porque se cogía el cadáver que habíamos hecho y listo. En El ataúd de cristal sí estuve en toda la grabación y fue muy buena experiencia, es un poco como irse de campamento pero con un estrés máximo”, recuerda. En esta película, una famosa actriz queda atrapada en la limusina que debía llevarla a la gala para recoger un premio. Los cristales se tintan de negro, las puertas están bloqueadas y una extraña voz le deja bien claro que si no quiere que pasen cosas más desagradables de lo estrictamente necesario, durante el resto de la noche cumplirá todas sus órdenes... La estética del filme y los efectos especiales fueron valorados por la crítica.

“En proyectos grandes aprendes más, te relacionas, conoces a mucha gente... aunque seas una parte pequeña de un gran equipo siempre es enriquecedor”, considera este artista de las imágenes imposibles, que también ha dado sus puntadas fuera de Euskadi. “Acabo de mandar mis books a DDT, el estudio de Barcelona responsable de los efectos especiales de El laberinto del fauno o Hellboy”, desvela.

Salva recaló en Bizkaia para adentrarse en las Bellas Artes de la UPV/EHU en el curso 1999-2000. “Estudié pintura. Luego, estuve unos años sin relacionarme con el arte, buscando qué hacer con mi vida y con 28 años hice un módulo en Laudio de caracterización. Luego ya hice un curso de efectos y a raíz de eso llegó todo lo demás”, indica.

Nueva etapaAhora da una nueva pincelada a su currículo con la puesta en marcha de su propio negocio, junto a otras dos socias. “Estamos en el proceso de creación de una empresa que hace efectos especiales, escultura y productos relacionados con la silicona. En el mundillo de los efectos especiales en el País Vasco, hay poco movimiento;hay una empresa, en la que yo empecé, que lleva mucho tiempo y es la que se lleva casi todos los trabajos, lógicamente. Entonces, nos tenemos que enfocar también a la sociedad de consumo, para poder tener trabajo. Hacemos escultura, muñecos y protésica, es decir, enganches para prótesis de gente a la que se le ha tenido que amputar alguna parte del cuerpo. Hay enganches que son muy malos y un chico al que le falta una pierna me planteó si podíamos hacerle uno y andamos con el prototipo”, desgrana Salva. Pero eso no es todo. “También tenemos pieles sintéticas para que puedan ser usadas por tatuadores cuando están aprendiendo, en vez de piel de cerdo. La piel sintética es de látex y de silicona y las tenemos con formas de caras, piernas, brazos...”, señala Salva. Por otra parte, también está sumergido en otro proyecto, que reviste no pocas dificultades: crear un pene para un transexual que ha optado por no operarse esa zona.

En el pasado creativo de Salva, además de la sangre y las máscaras, de las llagas y las vísceras, nació algo muy distinto: “Trabajé también haciendo los celebérrimos muñecos reborn. Ahí estaba de escultor, haciendo moldes, manos, pies, pintando...”, cuenta Salva, que hoy esbozará en Plentzia otra de sus caras profesionales al amparo del género negro. El sexto capítulo de Mikrofilm, con la proyección de cortos y la organización de más actividades, provocará un escalofriante fin de semana en la villa.

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