esgrima adaptada en silla de ruedas

Tarek Nejjar: “Estuve entrenando en un banco”

Crecer con las secuelas de un tumor imprime carácter, el que ha empujado a Tarek a practicar esgrima adaptada y medirse con los mejores del mundo

Un reportaje de Arantza Rodríguez - Sábado, 1 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

El bilbaino Tarek Nejjar, subcampeón del mundo sub’23 de esgrima adaptada en 2016, posa con su bastón y florete en Artxanda.

El bilbaino Tarek Nejjar, subcampeón del mundo sub’23 de esgrima adaptada en 2016, posa con su bastón y florete en Artxanda. (Borja Guerrero)

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El bilbaino Tarek Nejjar, subcampeón del mundo sub’23 de esgrima adaptada en 2016, posa con su bastón y florete en Artxanda.

COMO nunca he estado sano, no sé lo que me he perdido”. Lo dice con naturalidad Tarek Nejjar, un bilbaino de 22 años que nació con un tumor en la columna vertebral y ha crecido, apoyado en un bastón, con sus secuelas. “Más de 15 operaciones llevaré seguro. He perdido la cuenta”, confiesa. Lejos de quedarse tocado o hundido, comenzó a practicar esgrima adaptada y estos días empuña sus armas en el campeonato mundial en Varsovia.

Tarek sabía que “no era como los demás chavales”. Sus lesiones en la columna, la cadera y la pierna derecha se lo recordaban todos los días. Pero tampoco “lo vivía como algo extraño” porque siempre ha sufrido cojera y necesitado un punto de apoyo para caminar. La última vez que pasó por quirófano fue hace un par de años, “para corregir la posición del pie izquierdo y poder pisar bien”. Otro “arreglo” más que añadir a su largo historial médico, que no le ha impedido, sin embargo, llevar una vida “completamente normal”.

Recién terminado el segundo curso de Historia en la UPV, Tarek vuelve la vista a su infancia para explicar cómo empezó a practicar un deporte tan minoritario. “Cuando tenía 10 u 11 años, estuve haciendo baloncesto en silla de ruedas, pero no era lo mío”, reconoce. Con 16 le dio por probar con la esgrima. “Fue una decisión que tomé de un día para otro. Ya conocía el deporte y, como siempre me han gustado las espadas, tenía la intuición de que iba a disfrutar. Desde luego, no me equivoqué”, afirma. No en vano el año pasado se proclamó como subcampeón del mundo sub’23 a la espada y al florete en esgrima adaptada.

Abrirse camino en una disciplina tan “poco conocida” no es fácil. Y en su versión adaptada, no digamos. “El principal problema es el desconocimiento y la dificultad para conseguir el material apropiado. Hasta el año pasado estuve entrenando en un banco como los que usa cualquiera para sentarse, lo que limitaba mucho mi movilidad”, explica. No podía hacerlo en una silla de ruedas porque carecía de los anclajes necesarios para sujetarla al suelo. “Es un material muy caro, cuesta de 1.000 euros para arriba, y no podíamos conseguirlo. Ahora nos lo ha cedido la Federación española”, dice agradecido.

La silla de ruedas deportiva se la compró de segunda mano y la llevó a un herrero para que, retoque por aquí y por allá, cumpliera las medidas reglamentarias. Unos 500 o 600 euros en total, a los que hay que sumar 200 euros de la careta, 100 de la chaquetilla, otros 100 por cada espada, el pantalón, el peto, el guante... “El equipo de esgrima básico es barato, pero cuando vas a competir en internacionales tienes que llevar uno homologado por la federación y, por medidas de seguridad, suele ser más caro, pero también más resistente”, admite.

Hasta la fecha, la familia de Tarek ha sufragado los viajes y el equipo cada vez que ha participado en una competición. “Este campeonato del mundo en Varsovia es la primera vez que tengo ayuda económica. La Federación española de deporte adaptado va a correr con gran parte de los gastos”, señala. Durante los días que permanecerá en Varsovia se enfrentará a los mejores rivales de todas las edades y, posteriormente, solo a los menores de 23 años. “Llevo mucho tiempo sin entrenar por los estudios. Haré lo que pueda porque tampoco voy con el único objetivo de ganar, sino de adquirir experiencia y aprender”, comenta con prudencia.

Menos mal que está a su lado su maestro, José Ignacio Anguisola, del club de esgrima Sala de Armas Bilbao, para ensalzarlo. “Lo más importante que ha ganado Tarek es el subcampeonato del mundo sub’23, pero también es campeón de España en florete, espada y sable. Probablemente sea un paralímpico en las próximas olimpiadas. Si España tiene recursos, seguramente lo llevará. Los entrenadores nacionales me han dicho que tiene muchas posibilidades”, confía su mentor, a quien no le extraña que el joven no haya hecho alarde de sus victorias. “Tiene muchas cosas buenas y una de ellas es la humildad. Jamás habla de sus títulos. Aparte de las cualidades deportivas que tiene, que son muchas, Tarek tiene la más importante, que es una excelente persona”, alaba. Si su maestro está orgulloso, sus familiares muchísimo más. “Están contentos, sobre todo, porque estoy practicando algo que me gusta, más que porque sea relativamente bueno”, vuelve a restarse méritos.

“Esgrima más agresiva”Al contrario de lo que pudiera parecer, la esgrima adaptada “es más agresiva” de lo que es a pie. “Como la silla de ruedas no se mueve, la distancia a la que puedes alejarte de tu oponente, moviendo el tronco, es mucho menor. Con una mano agarro la espada o el florete y con la otra me agarro a la silla y voy basculando con mi cuerpo, me voy moviendo hacia adelante, hacia detrás o hacia un lado para esquivar los ataques”, describe. En la esgrima a pie, en cambio, “hay desplazamientos y tú puedes apartarte de tu oponente un poco o abrir distancia”.

Ante la falta de tiradores “con lesiones físicas” -solo hay otro deportista vasco que practica esgrima adaptada, en Donostia-, Tarek entrena con sus compañeros, que se sientan en una silla de ruedas para competir con él. “Ya le tienen pillado el truco, pero suelo ganar yo, suelo dar bastante caña. De vez en cuando me ganan, lo que siempre viene bien para aprender”, reconoce. Pese a no poder usar las piernas, ellos también perfeccionan su técnica. “A muchos les gusta entrenar conmigo en la silla porque el ejercicio de mano es bastante más intenso y les viene bien para practicar paradas”, asegura, mientras su maestro calcula que habrá “entre 110 y 120” tiradores federados en Bizkaia.

Tarek, que entrena entre 6 y 7 horas por semana en el polideportivo de Artxanda, sabe que es “inviable” dedicarse profesionalmente a la esgrima adaptada. “Incluso a pie es muy complicado”, apunta. No obstante, no piensa dejar de practicarla nunca “porque es una de las cosas que más me gusta hacer ”. Y no solo por la satisfacción de ver cómo mejora, por la excelente relación que tiene con sus compañeros, que le “motivan para seguir adelante”, o por las medallas que ni siquiera menciona. “Me gusta mucho por la sensación que tienes cuando te enfrentas a otro oponente. También es un deporte que sirve para desahogar o sacar fuera frustraciones. Es un buen mecanismo antiestrés”.

Con su modestia innata, Tarek no se ve a sí mismo como un ejemplo de superación, pese a haber nacido con cáncer. “Es una enfermedad que es una auténtica faena, por no decir una palabra más fea, pero yo al final no he vivido en sí con la enfermedad, sino con las secuelas”, matiza. Una vez más, es su maestro quien destaca su esfuerzo y el de otros deportistas con diversidad funcional. “A sus logros deportivos, hay que añadir el impedimento que tienen. Para competir tienen que llevar una silla adaptada, que pesa mucho. La fuerza de voluntad y el corazón que ponen es inmenso y están muy poco reconocidos”, lamenta. Por si fuera poco, subraya, Tarek “empezó a entrenar en un banco, con lo cual tiene más mérito todavía. Todo lo remonta con su extraordinario carácter. Es un ejemplo de superación. Eso es indudable”.

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