Maestros a la cola

Por F. Javier Aramendia - Jueves, 29 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

LOS medios del País Vasco detallaron hace unos días cómo cerca de 1.500 maestros de Infantil, o Haurreskolak, habían soportado el pasado día 13 en Eibar colas de más de seis horas, cómo más de 300 durmieron en la calle a las puertas del Consorcio para apuntarse a la lista de sustituciones abierta solo durante dos días y después de seis años sin admitir candidatos. Había, además, entre ellos, aspirantes con muletas y embarazadas de pie durante esas largas horas. Según las informaciones, el procedimiento de selección era el mismo que existe en la cola del pan, o sea, por orden de llegada, sin tener en cuenta los méritos de los candidatos.

La noticia, por insólita, nos deja perplejos y apenados. Si eso sucede en una autonomía de las más prósperas y con fama de bien gestionada, qué podrá ocurrir en otras más menesterosas en estos tiempos de empleos escasos, precarios y mal pagados en este país de los recortes en Educación, en el que, contrariamente a lo que proclama el presidente Rajoy y sus palmeros, la desigualdad y pobreza no deja de crecer, según testimonio de organizaciones tan serias y confiables como Cáritas e Intermón Oxfam.

El espectáculo de los profesores pacientemente alineados e incluso durmiendo cerca de las puertas no tiene nada de edificante, especialmente para sus potenciales alumnos, pero nos indica con meridiana claridad la consideración que las administraciones tienen a los docentes. Suponemos que esto no pasaría en países como Francia o Alemania, y no digamos en los más punteros como Finlandia, Corea o Singapur.

Situaciones como la aludida nos retrotraen a tiempos que creíamos ya superados, en que era común escuchar expresiones como “tener más hambre que un maestro de escuela” o comentarios como el que me hizo alguna vez alguien en el medio rural -en tiempos en que los pueblos de Nafarroa tenían la potestad de elegir el médico, el secretario o el maestro- sobre que la retribución del maestro se componía de una mínima cantidad de reales, duros o pesetas pero existía la posibilidad de segar un determinado número de robadas, a hoz naturalmente, y no sentado en una cosechadora. Ciertamente era ese unfantástico incentivopara personas con una preparación intelectual adquirida tras bastante tiempo de privaciones y sacrificios.

Esta penosa realidad del Magisterio ha sido así durante siglos, podríamos decir, pues solo en las primeras décadas del siglo XX se les otorgó en España al menos seguridad en el empleo, aunque los salarios siguieran haciendo honor al dicho popular de precariedad o auténtica pobreza. Países más avanzados como la Prusia de Bismark o la Francia de Jules Ferry habían establecido ya tiempo atrás la escuela obligatoria y gratuita a cargo de funcionarios del Estado competentes.

Conviene, asimismo, recordar el auténtico calvario sufrido por los maestros republicanos, quienes fueron ferozmente depurados por el régimen franquista por elatrozdelito de intentar formar a sus alumnos en valores cívicos, de amor al conocimiento, justicia, tolerancia e integridad moral, según se refleja certeramente en piezas de teatro, entre otras, como la recientemente estrenadaLa esfera que nos contiene, de la dramaturga Carmen Losa.

La estima en que se tiene a los docentes es un ajustado exponente del amor a la cultura de una sociedad, pues al fin y al cabo es eso lo que nos hace hombres y mujeres ilustrados y de principios morales, en suma buenos ciudadanos conscientes y responsables. Y en esta asignatura se ha venido dejando mucho que desear, como muestran hechos como el de Eibar.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120