crimen del antiguo de Donostia

La madre de Julen: “Se ha hecho justicia por mi niño, que se lo merece”

El jurado considera a Luis Serrano culpable de asesinar a su hijo Julen por venganza

Jorge Napal - Miércoles, 28 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Itziar Loinaz enseña a los periodistas una foto de su hijo Julen.

Itziar Loinaz enseña a los periodistas una foto de su hijo Julen. (EFE)

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Itziar Loinaz enseña a los periodistas una foto de su hijo Julen.

Donostia- Después de cinco años y medio en los que no ha habido descanso, Itziar Loinaz, la madre del pequeño de 13 años asesinado por su expareja, estalló ayer de emoción. Apenas habían transcurrido unos minutos tras conocer el fallo del jurado, que consideró por unanimidad culpable a Luis Serrano de asesinar a su hijo en venganza hacia su mujer, cuando los pasillos de la Audiencia de Gipuzkoa fueron escenario de una imagen entrañable. La mujer, la madre de Julen, se abrazaba a su abogado, Iñigo Iruin, rodeada de una nube de medios de comunicación que, respetuosamente, tomaban imágenes manteniendo cierta distancia para respetar el duelo y la alegría a partes iguales. “Se ha hecho justicia por mi niño”, lloraba ella.

El abrazo se prolongó en el tiempo. Más que palabras, intercambiaron sentimientos. “Muchas gracias al jurado, muchas gracias al juez. Se ha hecho justicia por mi niño, que se lo merece. Este es mi niño, todo lo que he hecho ha sido por él”, decía embargada por la emoción, sacando su móvil para mostrar una fotografía de Julen.

Los familiares irrumpieron en una salva de aplausos. Fue Iruin el que atendió poco después a los medios. El veredicto de culpabilidad tan rotundo es, según expresó, “el resultado de la lucha, la tenacidad, la fuerza y la capacidad de resistencia frente al sufrimiento de dos mujeres: Itziar y Carmen, la madre y la abuela. Lo quiero dejar muy claro. De ellas es este triunfo y gracias a ellas se ha podido hacer justicia respecto a lo ocurrido con Julen”.

Una vez conocido el fallo favorable, el penalista admitió que durante los últimos cinco años y medio ha vivido muy de cerca el dolor familiar. “Lo que han sufrido es inenarrable. Cada vez que venían al despacho era una situación muy dura. Hoy -por ayer- les he dicho a las dos que lloraran por primera vez de alegría después de cinco años y medio de un dolor tan tremendo. Han sabido aguantar lo indecible, por lo que el reconocimiento público es obligado”, aseguró Iruin.

El abogado también destacó el trabajo de los miembros del jurado. El asesinato de Julen ha sido el caso más complicado que se ha llevado ante un juicio con jurado en Gipuzkoa. Complicado porque se planteaban tres hipótesis, dos de ellas defendidas por los médicos forenses -suicidio y accidente-, precisamente, ninguna de las cuales contemplaba el asesinato. Por si fuera poco, no había testigos de los hechos.

Teniendo en cuenta todos estos aspectos y el recelo que existe entre la ciudadanía de que ciudadanos enjuicien a ciudadanos, todo ello podía haber acarreado “una consecuencia muy negativa” para un tribunal del jurado. El abogado consideró que “finalmente ha sido todo lo contrario. A partir este juicio, la credibilidad hacia una institución como es el tribunal del jurado va a crecer. Es necesario que los ciudadanos participen en el poder judicial, y es un aspecto a subrayar”.

Por unanimidadFue el portavoz del jurado el encargado de desvelar el resultado de la votación. La quinta pregunta del objeto del veredicto redactado por el juez resultaba determinante. Por nueve votos a favor y cero en contra los jurados dieron por probado que el 1 de diciembre de 2011 padre e hijo se encontraban en la habitación del dormitorio del antiguo domicilio familiar, en el número 5 de la calle Logroño, de Ondarreta. Es aquí donde Luis Serrano “asesinó a su hijo como venganza contra su esposa” por la decisión que había tomado Itziar Loinaz de divorciarse. Según quedó probado, el padre clavó el cuchillo en el corazón de su hijo “con la intención de matarle”. Los familiares acogieron el fallo entre lágrimas de emoción, al tiempo que el padre de la víctima gritó: “¡No hay derecho!” y comenzó a sollozar.

La pena mínima por estos hechos asciende a quince años de cárcel. Una vez conocido el veredicto, el juez dictó ayer por la tarde un auto de prisión para el condenado ante el riego existente de fuga.

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