La nostalgia que todo lo tapa

El 40º aniversario del 15-J detiene el reloj en la añoranza sin afrontar los retos sociales y políticos y pendientes

Juan Mari Gastaca - Miércoles, 28 de Junio de 2017 - Actualizado a las 18:39h

Juan Mari Gastaca

Galería Noticia

Juan Mari Gastacacolumnista juan mari gastaca

Mientras una interminable salva de aplausos ensalzaba mayoritariamente en un abarrotado Congreso el discurso previsible de Felipe VI para ponderar la vida en democracia a partir del 15-J, en la penúltima fila del hemiciclo las intencionadas cartulinas del soberanismo catalán en favor del derecho a decidir taponaban para las cámaras una soberana bandera de España portada por veteranos senadores del PP.

En la celebración de las primeras elecciones democráticas de un país aturdido por los efectos de una dictadura franquista y de una Transición al galope, la nostalgia se ha apoderado del escenario. Lo ha hecho, sobremanera en el discurso del rey, taponando las apuestas de futuro, las respuestas a las reivindicaciones pendientes y, sobre todo, olvidándose injustamente de la constatación de una realidad que urge soluciones. El mensaje ha sido contundente: aténganse a la ley.

Fuera de esta jurisdicción, y en un mensaje claramente dirigido a las reivindicaciones territoriales, se ha advertido de que sólo hay arbitrariedad. Traducida políticamente esta consigna, las perspectivas de una solución dialogada sobre Catalunya son inexistentes mucho más allá de que se incorporen conceptos ilusionantes como el de la plurinacionalidad. Para el monarca, toda aspiración identitaria queda reducida al reconocimiento del “autogobierno de sus nacionalidades y regionales, que son también patrimonio de todos los españoles” eludiendo siempre el enfrentamiento y la división.

Es muy posible que el boato de este aniversario obligara por méritos propios a mirarse el ombligo del trabajo realizado durante cuatro décadas, incluso sin dejar espacio para las luces largas del futuro inmediato. Así se explicaría la euforia nada contenida -frecuentes gritos en favor de España, del rey y algunos de la democracia- en más allá de los tres cuartos de escaños arrejuntados para acoger a los primeros parlamentarios constituyentes de 1977. Una sensación refractaria con las nuevas generaciones de la política española y del nacionalismo que parecían convidados de piedra. Habrá más de uno, por ejemplo, que controle el escaso estusiasmo de Pedro Sánchez al aplaudir el discurso del rey.

Quizá se debió a que todos los críticos con el sistema ya habían celebrado su fiesta antes de escuchar el intencionado discurso de la presidenta del Congreso, Ana Pastor, y el recurrente de Felipe VI, ambos sin presencia del rey emérito y cuya ausencia causó la lógica sorpresa - empezando por él mismo- más allá del aplauso unánime que se le tributó como emblema de la monarquía. Motivados por Unidos Podemos, los diputados de PSOE, PNV, ERC y PDeCAT coincidieron en un reconocimiento explícito a las víctimas policiales de la Transición y de una manera acusadora en el papel repreviso de Rodolfo Martín Villa en los siniestros sucesos del 3 de Marzo vitoriano, aunque eso sí representado en el comedor de una zona no muy concurrida de la Cámara y bajo el aroma de docenas de claveles rojos. Ha sido una mirada en blanco y negro a la progresiva implantación de una praxis democrática en una España mucho más proclive al entendimiento que ahora mismo.

Para sus inspiradores se ha tratado del triunfo de la concordia sobre la imposición de las ideas;la victoria de la generosidad y del acierto del sistema político elegido por encima del autoritarismo. Se ha puesto en valor la rehabilitación social y económica de una ciudadanía que había perdido sus derechos individuales, que estaba aislada de la realidad internacional, que se ha visto reconfortada por un progresivo Estado de Binestar y que dispone de unas cotas de libertad sin miedo a equipararse. Así se ha configurado el análisis de este tránsito hacia la democracia, aunque se ha hecho, sin embargo, desde el retrovisor y la autocomplacencia siempre tan perjudiciales. Ha faltado, desde luego, una mirada valiente, de desafío comprometido y de apuesta exigente con el día a día de la precariedad, de la corrupción, de la reivindicación nacionalista.

Tan solo ha habido unanimidad en los aplausos dirigidos a la obligada por justa referencia a las víctimas del terrorismo y al final de ETA como auténtica lacra durante demasiados años de sangre y extorsión. Como si se hubiera cerrado una etapa sin saber, en el fondo, cómo atajar la siguiente.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120