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La holandesa que se prendó de Pobeña

Miriam voets llegó a Pobeña con dos caballos enfermos que ha curado con el apoyo vecinal

Un reportaje de Emilio Zunzunegi - Miércoles, 28 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Miriam, con su poni ‘Mikka’ y su caballo ‘Mekmes’. Foto:E. Z.

Miriam, con su poni ‘Mikka’ y su caballo ‘Mekmes’. Foto:E. Z.

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Miriam, con su poni ‘Mikka’ y su caballo ‘Mekmes’. Foto:E. Z.

Los vecinos de Pobeña, el núcleo muskiztarra acomodado a la orilla del río Barbadun en su desembocadura en la playa de La Arena, han disfrutado en las dos últimas semanas de unos peregrinos muy particulares. Un trío formado por la holandesa Miriam Voets, una mujer de 41 años, asistenta social y terapeuta y coachingde caballos, y sus amigos de ruta Mekmes y Mikka, un caballo de trabajo de origen francés y una poni setland nacida en Holanda, respectivamente, con los que inició hace unos dos meses el Camino de Santiago por la ruta aragonesa a través del paso fronterizo de Somport en Jaca.

“Es un tramo muy tranquilo donde los animales podían encontrar muchas zonas de pasto y lugares donde poder guarecerse por la noche pero el camino era muy pedregoso y dificultaba la marcha de los animales”, recuerda esta amazona que hace el camino a pie acompañando a sus fieles escuderos cuadrúpedos.

“La carga nos la repartimos entre los tres”, comenta esta aventurera que viaja ligera de equipaje aunque nunca deja muy lejos su remolque por si tiene que apoyar a sus equinos acompañantes. “Al poco de iniciar la ruta aragonesa tuve que llamar a una veterinaria para que revisara el estado de los cascos de los dos caballos”, señala Miriam que reconoce que aún no era patente -en el sur de Francia- que ambos caballos fueron presa de las garrapatas, lo que complicó sobremanera su travesía.

“De Jaca les llevé en remolque hasta Puente la Reina en Navarra pero para entonces ya habían sido afectados por las garrapatas. Pasé por San Sebastián y luego por Bilbao dando un rodeo porque los caballos no pueden entrar en la ciudad. Allí ya empezaron a estar febriles y muy debilitados por lo que al llegar a Pobeña tuve que parar para que fueran atendidos”, relata esta holandesa que no desdeña la posibilidad de afincarse en España o Portugal para seguir con su pasión por los caballos. “Aquí hay mejor clima que en Holanda. No es que sea un clima muy extremo pero los inviernos a mí me cuestan, cuando está oscuro y está todo el tiempo lloviendo, hace frío...” apunta Miriam, que reconoce que si sus amigos animales están bien ella también está bien. “Para mí ha sido una gran experiencia ver cómo se ha portado en todo momento conmigo y con mis caballos la gente de Pobeña. Me han dejado un recinto donde dejar a los caballos y me han procurado apoyo en todo momento para alimentarlos y buscar a los veterinarios que les han atendido”.

solidaridadEl camino peregrino trajo a los tres errantes hasta el albergue de Pobeña donde Miriam pudo descansar una noche tal como establece la norma del hospedaje mientras que sus compañeros de viaje se quedaron pastando en el prado aledaño a las antiguas escuelas de barriada del pueblo marinero. “Los caballos no estaban bien porque tenían fiebre por lo que no podía seguir adelante con ellos”, recuerda esta holandesa que domina con soltura varios idiomas, entre ellos el castellano y el portugués, fruto de los años en los que trabajó como cooperante en varios países de América Latina. “Cuando llegamos el caballo tenía 41 grados de temperatura. Ellos están acostumbrados a la piroplaxmosis de las garrapatas de Holanda pero no contra las garrapatas que supuestamente les picaron en el sur de Francia”, recuerda Miriam quien estos últimos días estuvo muy preocupada por el estado del caballo al que la medicación le provocó una fuerte reacción.

No obstante los animales ya están en condiciones de afrontar nuevas etapas de este viaje singular con su particular amazona de a pie a la que le preocupa que el Camino de Santiago no está pensado par hacerlo con monturas. “No hay problema para un peregrino de a pie o en bicicleta que puede ocupar cualquier albergue pero cuando viajas con caballos tienes que prever una ruta que no te haga cruzar por centro de las ciudades y además tienes que contar con un lugar donde puedan descansar los animales”, lamenta esta holandesa errante que ha encontrado en Pobeña un solidario apoyo a sus compañeros de peregrino viaje.

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