Fórmula 1

¿Se abre la veda?

La actitud de la organización en el Gran Premio de Azerbaiyán puede trazar nuevos horizontes para futuras actuaciones

Eduardo Oyarzabal - Martes, 27 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Sebastian Vettel ante Lewis Hamilton, dos de los pilotos que estuvieron en el foco de la polémica en el Gran Premio de Azerbaiyán.

Sebastian Vettel ante Lewis Hamilton, dos de los pilotos que estuvieron en el foco de la polémica en el Gran Premio de Azerbaiyán. (AFP)

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Sebastian Vettel ante Lewis Hamilton, dos de los pilotos que estuvieron en el foco de la polémica en el Gran Premio de Azerbaiyán.

BILBAO. El Gran Premio de Azerbaiyán del pasado domingo puede marcar un antes y un después en el desarrollo de la competición. La mayor premisa del nuevo propietario de la Fórmula 1, Liberty Media, es el crecimiento del espectáculo. Las decisiones que se tomaron durante la carrera de Bakú abogan por él. Con incidencia directo o no, el caso es que el espectador disfrutó de uno de los grandes premios más emocionantes de los últimos tiempos porque se vivieron situaciones poco cotidianas. Pero las decisiones adoptadas por la organización en base a dichas situaciones es cuestionable. No tanto para el marco del gran premio en sí, sino por lo que puede acontecer a partir de Azerbaiyán, donde se puede afirmar que primó la permisividad, y esta sentó el debate. Por eso, después de la cita de Bakú hay quien puede considerar que se abre una veda para futuras situaciones comprometidas.

Lewis Hamilton y Sebastian Vettel dejaron una imagen de escasa o nula deportividad, lo cual debe ser, irrefutablemente, uno de los principios fundamentales de cualquier competición. Y sin embargo, no hubo grandes consecuencias;o, al menos, no hubo las que podrían haber sido. Cuando Hamilton rodaba a rueda del coche de seguridad frenó innecesariamente su Mercedes para incomodar a Vettel, que le secundaba. Pero el frenazo fue en un punto de aceleración. Aunque el inglés estaba en condición de poder hacerlo, porque tenía el privilegio de encabezar la carrera por detrás del safety car, y por tanto, decide cuándo relanza la carrera y cómo, el gesto fue feo. Juego legal, aunque sucio. Por eso no recibió penalización.

En respuesta a la maniobra de Hamilton llegó la de Vettel. El alemán, tras impactar con la parte trasera del Mercedes de Hamilton, ello por no respetar distancia de seguridad alguna, se tomó la ley por su mano. Puso su Ferrari en paralelo al monoplaza de Hamilton, y dio un volantazo para chocar contra el Mercedes. Ambos pudieron continuar la carrera, aunque terminarían sin opciones de victoria habiendo rodado en primera y segunda posición. Lo de Vettel fue una absoluta pérdida de papeles. Macarrismo en la alta competición.

La organización actuó en consecuencia. Pero aquí brotan las dudas. ¿Por qué se esperó a la imposición de una sanción, en este caso para Vettel, hasta que se dio la circunstancia de que una pieza del monoplaza de Hamilton con visos de poder desprenderse y poner en riesgo a otros pilotos motivó a la organización a obligarle a solventar el problema en boxes? Queda la duda de qué hubiera sucedido si a Hamilton no le nace el problema y no es obligado a parar por un defecto que bien pudo ser causado por el impacto de Vettel. Dada la tardanza en la decisión de la penalización para Vettel, que fue de un stop and go de 10 segundos, se puede especular sobre si la actitud del alemán no hubiera sido castigada por la organización en pro de la competencia.

Respecto a la sanción, fue tan leve que, habiendo parado en boxes uno y otro piloto, Vettel ganó la posición a Hamilton. Además, hay antecedente que acabó en descalificación para quien obró como Vettel, en el sentido de dirigir su coche contra el de otro piloto. Sucedió con Michael Schumacher en 1997, en el Gran Premio de Europa de Jerez, cuando envió su Ferrari contra el coche de Jacques Villeneuve, causando un accidente que solo dejaría fuera de carrera al propio Schumacher. Es cierto que aquella acción se dio en otro contexto. Schumacher quiso evitar el adelantamiento de Villeneuve porque implicaba que el canadiense conquistara el título. Además, la acción ocurrió a mayor velocidad que el percance de Azerbaiyán, por lo que implicaba un mayor riesgo para la integridad de los pilotos. Pero la acción fue la misma: un volantazo para buscar un choque. ¿Es que el contexto concede permisividad? ¿Es que son las consecuencias las que dictan la trascendencia de los hechos y, por tanto, las sanciones? Son respuestas que deberá ofrecer con el paso del tiempo la nueva organización de la Fórmula 1, que en Bakú pudo sentar precedentes que pueden traer cola.

Tras la carrera llegaron palabras que alimentan rencores. “Competimos como hombres, no era necesario frenar así”, dijo Vettel, que además dijo no entender la sanción. Seguido respondió Hamilton con un discurso belicoso y amenazante: “Si Vettel quiere probar que es un hombre, que lo haga fuera del coche”. Respecto al paddock, la mayoría de las voces criticó la actitud de Vettel, que fue tildada de “antideportiva y peligrosa”.

raikkonen insultaPor otra parte, en Azerbaiyán también se pudo ver a Kimi Raikkonen llamando “estúpidos” a los miembros de la organización por mantener tanto tiempo en pista el coche de seguridad, enfriándose en consecuencia los neumáticos de los participantes. ¿Mala decisión de los mandamases? Puede ser, pero no se debe consentir el insulto, el cual además no tuvo consecuencias.

El aficionado, ávido de competencia en una F-1 carente de ella hasta el resurgimiento de Ferrari, celebra los duelos. Pero debe haber límites. Si no los hay, sin contundencia con las acciones reprochables, se abre la veda a una nueva Fórmula 1 que tendrá que ir escribiendo sus fronteras. Al fin y al cabo, las formas, tanto de la organización como de los participantes, hacen que un deporte o competición sea más o menos respetable.

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