Tribuna abierta

¿Puede un sindicato “hacer política”?

Por Koldo San Sebastián - Lunes, 26 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

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PUEDE un sindicato “hacer política”? Por supuesto. ¿Qué tipo de política? La que decidan sus afiliados y, por delegación, sus órganos de dirección. Es cierto que los sindicatos están limitados en su acción política. Tienen poco que hacer en el ámbito legislativo y en la gestión de la vida de los ciudadanos en casi todos los niveles: locales, territoriales, autonómico, estatal o europeo. Si pueden hacerlo en el ámbito económico-social: en las empresas, en los sectores, en los diferentes consejos. O, dicho de otra forma, en lo que, tradicionalmente, se ha conocido como acción sindical.

Hay algo que se veía venir y que ya está aquí. El marco de las relaciones económicas ya no es la autonomía, el conjunto vasco, el Estado, o Europa. El marco es el mundo. En este punto, la deslocalización se ha convertido en un indeseable instrumento para los empresarios. Algeciras va a extinguirse como puerto de tránsito a favor de Tánger (ya ha perdido un 25% de los tráficos). Y, junto a la globalización, otra cuestión: el avance de las tecnologías que hacen que se pueda producir más, mejor, más barato y con menos personal.

Algún ejemplo cercano: el año pasado, los sindicatos británicos protestaron por la concesión a la CAF de Beasain de un contrato de 740 millones de euros para construir dos flotas de trenes. Los sindicatos de aquella isla consideraban que el que los vascos se hubiesen llevado el contrato “era perjudicial para la industria británica”. ¿Cómo abordarían los sindicatos vascos esta cuestión?

Las sucesivas crisis económicas han debilitado el movimiento sindical en los países occidentales. Los tradicionalmente poderosos sindicatos británicos (Trade Union Congress) fueron laminados por las sucesivas leyes aprobadas entre 1979 y 1993. Antes, había comenzado el declive de la AFL-CIO, la principal confederación de Estados Unidos. La situación de los sindicatos en la Europa occidental es desigual, como lo es su capacidad de influencia e interlocución.

Desde fuera, da la impresión que, en el caso del sindicato mayoritario en Euzkadi, hace tiempo se ha renunciado a una interlocución tradicional, optando por la confrontación. Esto ha afectado ya no a la parte política, sino a la negociación colectiva. En los años 2015 y 2016, el número de trabajadores afectados por convenios firmados por esta organización es cada vez menor.

En el apartado político, en estos momentos, la capacidad de influencia de la principal organización es casi nula, sobre todo en el ámbito legislativo y, como se señalaba antes, en las decisiones de gobierno en todos sus estadios. Quizá por ello, el secretario general reelegido con 58 años haga llamamientos (e, incluso, recomendaciones) a las fuerzas “de izquierda” en el Parlamento Vasco. Una de estas fuerzas cuanta con su propia organización sindical. La otra no tiene consideración de abertzale. Aun así, la suma de esas dos fuerzas “de izquierda” no es suficiente para influir en el proceso de leyes que afectan a la vida cotidiana de los ciudadanos. Ante esto, solo quedan filigranas retóricas, de tipo de señalar “recortes en Sanidad”, cuando en los presupuestos de la CAPV de 2017, el presupuesto en este apartado ha aumentado un 6%, por encima de la media europea y muy por encima de la media española. También aumenta el gasto en Educación. Por cierto, estos gastos han ido en aumento año tras año desde 2014, por lo menos. Es cierto, sin embargo, que las organizaciones siempre deben aspirar a más y es su deber pedir más. Pero, abandonados voluntariamente los foros donde se discuten algunas de esas cuestiones y, habiendo optado por la confrontación, solo quedan esas “filigranas retóricas” para no participar en lo que llaman “farsa”.

Hay cuestiones que a uno le dan pena. Especialmente que la primera fuerza sindical vasca, un orfeón potente y bien afinado, sin problemas aparentes (el informe de gestión se ha aprobado por unanimidad, mientras que el secretario general, de 58 años, ha sido reelegido por el 87, 5% de los delegados) no dé conciertos más allá de las actuaciones propias. Por otro lado, hay algunas apelaciones que forman parte (parcialmente, eso sí) de la “filigrana retórica”: tengo para mí algunas dudas de que los que comparten militancia en el partidos mayoritario y en el sindicato asimismo mayoritario (que son muchos) estén en la estrategia de contrapoder.

El sindicato mayoritario en la CAPV y con fuerte presencia en Nafarroa inicia una nueva etapa. Al frente, una generación diferente a los que iniciaron la reconstrucción de la organización en el posfranquismo en aquel III Congreso de Euba-Eibar.

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