Polizones EN EL Puerto DE Bilbao HACIA EL Reino Unido (y II)

Los treinta menores acogidos en el centro de Zornotza lo abandonaron en días

Son chicos de entre 15 y 17 años, algunos de ellos viven junto al Puerto y lo han intentado varias veces

A. Rodríguez - Lunes, 26 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

Dos inmigrantes afganos localizados en un remolque.

Dos inmigrantes afganos localizados en un remolque. (Pablo Viñas)

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Dos inmigrantes afganos localizados en un remolque.

Bilbao- “De los 27 que interceptaron en una misma jornada en mayo, once eran menores no acompañados. Estoy convencido de que han desaparecido del centro el mismo día”. A Javier Galparsoro, presidente de la Comisión de Ayuda al Refugiado de Euskadi, no le falla la intuición. De hecho, ninguno de los treinta chicos entregados este año por el Cuerpo Nacional de Policía a la Diputación Foral de Bizkaia, tras haber sido interceptados en el Puerto de Bilbao como polizones, continúa acogido. “Todos han abandonado voluntariamente el centro donde han sido ingresados el mismo día, al día siguiente o a los pocos días de su ingreso. Ninguno permanece a día de hoy”, confirma el Servicio de Infancia de la institución foral.

Los treinta chicos, “supuestamente menores de edad”, de los que se ha hecho cargo la Diputación en lo que va de año fueron ingresados en mayo en el centro de primera acogida para menores extranjeros no acompañados de Zornotza. “En junio la Policía ha comunicado telefónicamente en dos ocasiones que tenía localizados a algunos de los chicos cuyo ingreso ya se había producido con anterioridad, pero no han llegado a reingresar en el centro”, explican las citadas fuentes.

Puestos a comparar ejercicios, el aumento de menores localizados ya es una realidad. En 2016 ingresaron en el mencionado centro 29, cifra que ya ha sido superada en el primer semestre de este año. En cuanto al perfil de los menores acogidos, tras su vano intento de embarcar en el ferri rumbo a Reino Unido, son de procedencia albanesa, afgana y pakistaní, todos de sexo masculino y con edades comprendidas entre los 15 y los 17 años.

Algunos de estos menores, cuenta un guardia civil que trabaja interceptándolos en el Puerto de Bilbao, no cejan en su empeño, pese a ser descubiertos, y ya han intentado embarcar varias veces. “Hay un grupo de menores y mayores que viven en una caseta de obra fuera del Puerto y estarán aquí dentro seguramente”, comenta, la vista puesta en los remolques, a punto de comenzar la rutinaria inspección. Al rato se ve que no se equivoca.

En las dependencias donde los polizones esperan para ser identificados y registrados y donde una de las empleadas que limpian el ferri cruza sonrisas y algunas palabras con uno de ellos, un policía asegura que más de uno se quita o se pone años. “La Diputación se comunica con la Fiscalía de menores para comprobar si lo son, ya que puede haber dudas y eso puede implicar pruebas de determinación de edad”, explica el presidente de CEAR-Euskadi, que poco o nada puede hacer por estos inmigrantes, sea cual sea su edad, porque “no quieren pedir asilo, aunque algunos podrían tener motivos, por lo que tengo que suponer que se ponen otra vez a la fila”.

Galparsoro advierte, no obstante, de lo difícil que resulta que lleguen a cumplir su sueño. “Aunque se hayan podido ocultar en el ferri, al ser descubiertos por las autoridades británicas, se aplicaría el Convenio de Dublín, que dice que el refugiado no puede decidir en qué país pide protección internacional. Si ha llegado a un país seguro y firmante de la Convención de Ginebra, lo tiene que pedir ahí, por lo que en cuanto viesen que vienen de Santurce, les echarían para atrás”, avisa y añade que los controles se habrán intensificado aún más “por el Brexit y el terrorismo”.

Tras instar a reflexionar sobre por qué estas personas “van ocultas en los camiones y no a bordo del ferri”, apunta que “las restricciones que están poniendo los países son de tal calibre que se están viendo abocadas a estas travesías tan arriesgadas y de tan poco éxito. Es evidente que no pueden ir de otra manera y Europa tiene que pensar hasta qué punto está provocando esta situación. Más que un efecto llamada, hay un efecto de no alternativa y Euskadi va a tener que aprender a convivir con esta realidad”.

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