El cambio digital

Deporte y tecnologías

Por Alex Rayón - Domingo, 25 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

El keniano Eliud Kipchoge con ‘Las zapatillas del maratón de las dos horas’.

El keniano Eliud Kipchoge con ‘Las zapatillas del maratón de las dos horas’. (Foto: Efe)

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El keniano Eliud Kipchoge con ‘Las zapatillas del maratón de las dos horas’.

LA práctica deportiva, tanto la profesional como la de aficionados, goza de mucho romanticismo. Se alimenta de la historia y su nostalgia, lo que la hace en cierto modo un campo resistente a los cambios en muchas ocasiones. Es por ello, que este debate entre la épica de la fortaleza humana frente al intervencionismo tecnológico es en sí mismo una reacción bastante natural. La confrontación del arte y la ciencia en el deporte ha venido para quedarse.

Así, unir el avance tecnológico a determinadas disciplinas deportivas, no está resultando fácil ni esté esquivando polémicas. Hace ya algunas décadas, el golf y el tenis lo vivieron al cambiar el drive y la raqueta por materiales metálicos. Los bañadores de cuerpo entero permitieron romper muchos récords mundiales hace unos pocos años. El ciclismo y la evolución de los materiales de la bicicleta, llega hasta nuestros días. En el deporte rey en Europa, el fútbol, se armaron buenos debates cuando en 2012 la FIFA anunció la aprobación del Ojo de Halcón y el chip inteligente para terminar con los goles no válidos.

La última introducción tecnológica en el deporte ha venido con Las zapatillas del maratón de las dos horas. El keniano Eliud Kipchoge, corrió los 42,195 kilómetros de un maratón en sólo dos horas y 24 segundos. La próxima vez que salgan a andar o correr, piensen que Kipchoge recorrió en dos minutos y medio cada kilómetro. El próximo hito será bajar de las dos horas.

Una marca que de momento no ha sido homologada por la Federación Internacional de Atletismo. Pero sí que ha tenido bendiciones de las marcas deportivas, que ven cómo la tecnología les abre nuevos campos de actividad (económica, claro). Las Nike Zoom Vaporfly Elite utilizadas por Kipchoge pesan 200 gramos y su diseño permite reducir hasta en un 4% el gasto energético que necesita un humano para correr. Algunas personas ya se han pronunciado explicando que la postura que adoptan permiten replicar un muelle que propulsa al atleta.

Estamos, así, en una era en la que los ingenieros, físicos, expertos en Big Data, biomédicos, biomecánicos, etc. están tratando de aportar su valor añadido a esa disciplina tan artística y nostálgica como es la práctica deportiva. Son perfiles que normalmente ya habían trabajado para la actividad deportiva, pero siempre en entornos de laboratorio. Ahora miden todo lo que rodea el deporte, incluso a pie de campo, para poder tomar decisiones basadas en el conocimiento científico.

La duda técnica que recae en muchas de estas conversaciones pasa por saber cómo regular qué entra dentro de lo que se puede considerar el deporte y sus reglas, y qué queda fuera de ello. No es lo mismo prohibir a un saltador unas zapatillas por tener una suela demasiado gruesa (como pasó en 1957 con el soviético Stepanov) que prohibir un Ojo de Halcón, que, entiendo, hace más justo un juego donde el cumplimiento de las reglas depende en muchas ocasiones de un ojo humano.

Lo que sí creo importante es que estas conversaciones giren siempre alrededor del deporte y de sus reglas, y nunca alrededor de los intereses económicos de empresas comerciales. Los algoritmos de IBM para derrotar a un jugador de ajedrez o las zapatillas ligeras de Nike para tratar de bajar de dos horas, han estado rodeadas de importantes campañas de comunicación y marketing de las empresas que comercializan esos productos. Lo cual ya indica que quizás el objetivo no era solo mejorar esas prácticas deportivas.

No será la primera ni última vez que oigan el concepto de “dopaje tecnológico”. Pero creo que detrás de ese término debe haber más reflexión e interpretación social de los avances tecnológicos. Los deportes y las tecnologías están condenados a entenderse mutuamente.

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