El sacacorchos

Perro y gato de día y de noche

Por Jon Mujika - Sábado, 24 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

UN hombre tan asiduo de las tabernas como fue Francisco de Quevedo nos lo dijo con su habitual clarividencia, esa que tantas veces buscaba en los bajos fondos de una jarra de vino. “Aquel que quiere de esta vida todas las cosas a su gusto, tendrá muchos disgustos”. Puede comprobarse tal verdad en el duelo entablado entre los bares de día y aquellos otros que poseen licencia para pernoctar. Algunos de los primeros piensan que pueden hacer fortuna con una copa legendaria, la penúltima, mientras algunos de sus clientes se demoran en la consumición;mientras que los noctámbulos sostienen que para ello debieran haber pasado por taquilla antes. Ahí surge un cruce navajas (metafórica, of course...) que en algunas calles populosas han derivado, incluso, a la pelea.

No es fácil encontrar un Salomón que mire el asunto con buen juicio. Las autoridades, al parecer, dan respuesta a las denuncias pero para los nocherniegos no es suficiente: deberían de utilizar de oficio. Los bares de día, con sus peculiaridades, se defienden diciendo que si una normativa concede manga ancha para alargar los horarios de cierre en épocas de bonanza turística, sería injusto que la concesión solo fuese aplicable para unos y no para otros. Lo dicho por don Fernando, la gente que quiere todo a su gusto.

El contraste es mucho más que una pelea de tabernas. No en vano, el día y la noche congenian como el perro y el gato, de ninguna de las maneras. A los bares de las horas brujas les gustaría que fuesen los bancos quienes regulasen los horarios: jamás dan de sí. Los bares diurnos, sin embargo, abogan por que sea la gente alegre la que decida. No en vano, la gente optimista es más impuntual que el resto, como si el no hacerle caso al reloj fuese una enfermedad crónica. Al menos así lo determina un estudio llevado a cabo por la Universidad Estatal de San Diego, en California. ¿Quién dijo que la puntualidad es una virtud?, se preguntan algunos de ellos.

Sin entrar a postularme hacia una u otra tendencia en esta riña -las dos está cargadas de tanta razón como intransigencia...- , como modesto pero frecuente consumidor he de decirles algo, señoras y señores: estamos hasta los websde tanto gesto malencarado, de tanta prisa y urgencia a según qué horas y de según qué modos. Ya sé, ya, que también en mi estirpe caben impresentables. Otro día hablaré de ellos.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120