El sacacorchos

Los peligros de hacerlo sin red

Por Jon Mujika - Viernes, 23 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jon Mujika

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LO más horrible de las cunetas es el uso sacrílego que se les dio como camposanto para enterrar los cadáveres de ajusticiados sin justicia, de desaparecidos o, como según se decía en el argot de la época, de aquellos a los que les dieron el paseo. Aún retumban las palabras de Indalecio Prieto en Cartas a un escultor,donde definía estos paseos como “ejecuciones sin sumario que se prodigaron en las dos zonas de España y que deshonraron por igual a los españoles de uno y otro bando”. Las voces que denuncian esas ausencias hablan de miles de huesos enterrados a los pies de los caminos. Terrible, digo.

En esas mismas cunetas, en esos arcenes hoy florece una vegetación que ya no se riega, ¡válgame Dios!, con sangre ajena aunque no sé si firmaría debajo de esta afirmación el clan de los ciclistas, un colectivo que de vez en cuando también acaba dando con sus huesos en esa orilla. Nada, que no hay forma de hacer poesía con estas cosas. Ni poniéndoles flores.

No hay verso que valga, ni siquiera renunciando a las truculencias relatadas. Cuando no ocurre nada de esto aparecen ramas de árbol que invaden suelo ajeno o tapan señales de aviso, arquetas que se atascan por la hojarasca y acaban propiciando balsas de agua, deshechos que el viento sacude al centro de la carretera. Todo ello obliga a una de esas labores sordas a las que están condenadoslos gestores de un pueblo. Desde la Diputación Foral de Bizkaia anuncian que este año, como tantos otros, van a trabajar sobre 1.300 kilómetros a pie de carretera. Es una labor tan ímproba como necesaria. Han encontrado lavadoras, bolsas de basura, bicicletas (yo vi incluso una cama hace años ya...) y otros muchos abandonos que hablan bien a las claras de las actitudes incívicas de muchos congéneres.

Hay una curiosidad más: la falta de sensibilización. Aún viéndoles a pie de asfalto a los hombres y mujeres que trabajan a destajo en el aseo, hay conductores que no toman la más mínima precaución, no sea que lleguen tarde a la próxima cita, a la próxima cerveza. Criaturas. Ellos hacen de este oficio de despoblar y abrir paso al tráfico un espectáculo digno de la gran pista central. No en vano, aquellos que maniobran en la red viaria suman a sus fatigas cotidianas un riesgo más: hacerlo sin red. Solo les falta darse de bruces con algunos de esos abandonoscitados al comienzo.

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