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¿Refundar la socialdemocracia? No, refundar la izquierda

Por José Luis Üriz Iglesias - Jueves, 22 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jose Luis Uriz

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Columnista Jose Luis Uriz

HABÍA serias dudas de si el flamante nuevo secretario general iba a aguantar el envite de las poderosas fuerzas que, desde dentro y especialmente desde fuera, iban a intentar amortiguar su triunfo. Si al final se achantaría evitando que su gente, proveniente toda ella del sector más a la izquierda del partido, copara su dirección. No ha sido así. Al final ha demostrado que este nuevo Pedro Sánchez se parece muy poco al que caminó con más pena que gloria por la dirección socialista condicionado por lo que esos poderes le iban marcando.

Gente de entre la treintena de socialistas que participaron en una sala del Ateneo de Madrid el último 25 de noviembre en un análisis de la situación socialista aparecen ahora en la dirección de este nuevo partido. Toni Ferrer, Odón Elorza, Cristina Narbona, Margarita Robles, Luz Martínez, Manu Escudero, o Andrés Perelló -que aunque no asistió, apoyó- junto con personajes de la izquierda del peso de Josep Borrell o José Antonio Pérez Tapias, diseñaron una línea ideológica que ha resultado ganadora en este cónclave.

Era un momento crucial, con Pedro Sánchez deshojando la margarita en su domicilio, en estado de depresión, con serias dudas sobre si dar la batalla o retirarse de manera definitiva. El Espíritu del Ateneo acabó animándole a lanzarse al ruedo. A veces así se escribe la historia. Lo ocurrido este fin de semana no se podría entender sin aquella reunión. Tampoco la visualización de la actual dirección socialista, incluso la propia ponencia aprobada. Si comparamos aquel documento con esa ponencia, nos daremos cuenta de esta circunstancia salvo por un elemento, que cayó por el tortuoso camino existente entre la noche del sábado y la mañana del domingo: la referencia a la apuesta por la República que, a través de una enmienda de las Juventudes Socialistas, fue aprobada en comisión por 98 votos a favor y 67 en contra. Una enmienda apoyada también desde Izquierda Socialista. Según las normas del propio Congreso, ese párrafo debía ser votado en el plenario del domingo. Cualquier socialista con un mínimo de cabeza sabía que iba a ser aprobada, probablemente de manera abrumadora. Y ahí los poderosos poderes fácticos se pusieron en movimiento aterrorizados por esa posibilidad. A través de su instrumento interno, Susana Díaz, amenazaron a Pedro Sánchez que o era retirada o maniobrarían para evitar con su ausencia que hubiera quórum la mañana del domingo, o sea que hubiera el número de delegados suficientes para permitir clausurar el Congreso.

Ahí, y algunos lo lamentamos profundamente, Sánchez dio un paso atrás, incluso torciendo la normas congresuales que indican que en el instante que una enmienda es aprobada deja de pertenecer al proponente y ya es propiedad del propio Congreso. Juventudes Socialistas no podía retirarla, como ocurrió, porque ya debía ser votada sí o sí por el plenario. Se perdió una batalla en este asunto, pero no la guerra, porque quedó demostrado que hoy la militancia socialista está por pelear por la República y más pronto que tarde se ganará, esta vez de manera definitiva.

Al igual que la militancia está, y era una clamor en los pasillos, por sacar a Rajoy de La Moncloa, por apostar por una confluencia de la izquierda con los nacionalistas para conseguirlo -o sea, excluyendo a Ciudadanos (180 son más que 170)-, por abrir una posibilidad de consenso que evite el choque de trenes con Catalunya ahora y Euskadi después, explorando vías legales que permitan el derecho a decidir, acompañado del impulso a una reforma constitucional que permita un Estado Federal Plurinacional o por una apuesta inequívoca de giro a la izquierda.

De ese Congreso se salió con esas ideas y con una dirección adecuada a las mismas. Esta vez sí, en sintonía con la bases que han llevado a Pedro Sánchez a su dirección máxima. Cualquier observador que participara en el acto final del domingo en Ifema se daría cuenta de ello. Si hubiera un aparato que midiera el clamor, la intensidad de los aplausos recibidos por cada miembro de la ejecutiva, así lo entendería. Estos fueron los más aclamados, con el récord para un Odón Elorza exultante que, al volverse a la multitud que abarrotaba el pabellón 3, alzó su puño al aire consiguiendo que esa aclamación se multiplicara por tres. Después Susana Sumelzo, el ideólogo de izquierdas Andrés Perelló, Cristina Narbona;el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, o Adriana Lastra se llevaron la palma y, abajo, un entusiasmado José Antonio Pérez Tapias, otro de los pocos ideólogos que aún quedan a la izquierda, se daba un baño de multitudes.

Esa izquierda se había impuesto en este Congreso porque la inmensa mayoría de los afiliados y afiliadas lo es. También porque los votantes lo son, los que aún siguen y, lo más importante, los que se fueron. Con lo ocurrido el pasado fin de semana el PSOE vuelve a estar en condiciones de recuperar esos cinco millones de votos perdidos, cuando Zapatero decidió abandonarles a su suerte acogotado por los poderes fácticos. Solo hay que esperar que esa circunstancia no se le olvide jamás al propio Pedro Sánchez, cuya victoria ha encendido las luces rojas de esos poderes fácticos, como indica el lamentable editorial de El País del pasado lunes. Pero ahora viene lo más difícil y la gran pregunta, la misma que se hizo en su momento el propio Lenin: ¿Qué hacer?

Desde luego y primordial, no traicionar el espíritu emanado de ese Congreso, ni a la afiliación, ni a los votantes. Giro a la izquierda, echar a Rajoy de La Moncloa en el plazo más breve, evitar el “choque de trenes” con Catalunya en octubre, recuperar la defensa de la República... y un partido democrático, transparente, participativo, en perfecta simbiosis con la sociedad, coherente y honesto.

Lo señaló Sánchez en su alocución final. Hasta llegar a esa moción de censura, caminar cada semana con el resto de la oposición -y ahí lógicamente no entra Ciudadanos que se siente mucho más gobierno- para imponer ese 180-170 en los temas fundamentales para nuestra ciudadanía, para los más desfavorecidos paganos de las políticas puestas en marcha por el PP. Trabajar como el boxeador que castiga lenta pero inexorablemente a su contrincante, preparando el golpe final, que se podría dar para septiembre u octubre.

Y en ese trayecto, abrir vías de comunicación y entendimiento con Podemos, pero también con PNV, PDdeCat, antigua Convergencia, ERC e incluso con una nueva Bildu en la que ha triunfado el sector más moderado y pragmático.

Trabajarse a Catalunya y Euskadi, desde el diálogo, desde el intento de convencimiento, de buscar puntos de encuentro y consenso. Todo es posible ahora con este nuevo PSOE. En la dirección hay gentes que entienden y defienden esa necesidad de encuentro.

Y para los críticos, o incrédulos, otra pregunta: ¿creen acaso que sería mejor, incluso para sus propios intereses, que hubiera ganado Susana Díaz en lugar de este nuevo Pedro Sánchez? Deben dejar trabajar a este nuevo partido socialista, ponérselo fácil, ayudar a realizar ese tránsito, porque seguro que resulta mejor para Euskadi, Catalunya y España.

Al inicio del XXIX Congreso se planteó que podía suponer una refundación de una socialdemocracia herida de muerte en Europa. ¿Refundar esa socialdemocracia? ¡No! Lo que el pasado Congreso puede y debe suponer es una refundación de la izquierda. Portugal abrió la puerta, España será la siguiente y quizás el sur marcará el camino al norte.

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