El sacacorchos

¿Será una ilusión óptica?

Por Jon Mujika - Miércoles, 21 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jon Mujika

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EN estos tiempos difusos -sí, el calor también contribuye a ver las cosas como en neblina, como si fuesen una ilusión óptica, la refracción de un espejismo...- nadie sabe lo que quiere... ¡hasta que lo ve con el cartel de un 50% de descuento! Debe de ser el estado propio de nuestra época, un tiempo en el que tantos y tantos se venden por menos de nada, un mundo de cosas caras, personas baratas, valores en rebajas y sentimientos en liquidación al que cuesta acostumbrarse.

Viene al caso este desahogo ahora que las rebajas asoman por el horizonte con adelanto, como si fuesen criaturas enjauladas que forcejean por salir a la luz del día. Queda en mano del comercio darles rienda suelta o sujetarlos para el momento justo y eso siempre es toda una aventura. Como nos lo recordaba el economista francés Charles Gide, los primeros comerciantes debieron ser aventureros, como lo enseña la historia verídica de Marco Polo o la fantástica de Simbad el marino así que estamos condenadosa esa incertidumbre de hombre de campo: ¿llegará la cosecha de etiquetas partidas en dosantes de tiempo como algunos años hacen las cerezas...? ¡Quién sabe!

Ahora sabemos que un puñado de comerciantes, en su legítimo derecho, han adelantado las rebajas. Ellos sabrán por qué. Uno, como consumidor y espectador paciente de cuanto sucede, ve la iniciativa acogida con agrado por los impacientes, casi al tiempo que le asalta una duda: ¿se perderá, con esta mezcla de estaciones mercantiles, alguna que otra riqueza...?

Yo creo que sí. De las extrañas y ocasionales visitas que he realizado en mi vida a las rebajas (me espantan las multitudes descontroladas...) extraje una idea que me cautivó: revivir esa sensación que debió sentir Howard Carter al hallar, entre tantas excavaciones, la tumba de Tutankamón o esa otra de los buscadores de oro en los yacimientos de los ríos, cuando la fiebre. ¿Acaso no siente uno una alegría semejante, desbordante, cuando encuentra, entre los montones, el pantalón que le gusta, en su color favorito y con la talla justa...? Uno entiende que ese es el gran atractivo de las rebajas: la sorpresa, el hallazgo imprevisto. Si todos los lunes fuesen domingos no celebraríamos estos últimos, ¿verdad? Pues algo semejante. Tomadas en su justa medida, las rebajas son un delicado manjar. Devoradas a destajo, un atracón de eso que llaman comida basura. Y a la velocidad del fast food.

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