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Lo mejor para mí

Por Carmen Torres Ripa - Martes, 20 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

columnista Carmen Torres Ripa

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columnista Carmen Torres Ripa

SEGURO que han entendido perfectamente el mensaje. Es tan claro que estas sabias palabras del presidente del Gobierno español han roto las teclas de todos los ordenadores de las redacciones intentando encontrar el apabullante mensaje que encierra este secreto. Cuando usted lea este artículo quizás algún brujo del lenguaje ha adivinado las enigmáticas palabras porque, si las dice un presidente deben de ser importantes, aunque no entendamos nada. Esto es parecido a aquello de gobernar para el pueblo pero sin el pueblo. Solo que a lo cutre. A pesar de que sorprendernos no es que no sorprenda Don Mariano, con su última interpretación en el Parlamento se ha superado a sí mismo. Su disparatada gramática da tortas a todos los lingüistas, pero él es el presidente. Y a callar. A esta hora, las élites sofisticadas del PP posiblemente han debido de desenredar ese acertijo de palabras. Los demás, puedo prometerle que no, señor Rajoy.

Me pregunto -es una pregunta sin ninguna mala intención- quién le corrige sus resbalones idiomáticos. Quién será el ángel de la guarda de su vocabulario y de sus disparatadas frases incoherentes. Pienso que debe de llevar años perdido en cultivar a otros líderes más sumisos.

Sus gafitas de buen hombre le ayudan a dar la talla a la hora de los discursos. Lo peor es que aunque se sonrían en los bancos por su falta de oportunidad, sigue pensando que es el mejor y su partido el paradigma de la pureza política. ¿Quién dijo corrupción? ¿Quién dijo que metían la mano en la caja? ¿Quién utilizó la mal sonante palabra chorizo? Tiene usted razón, Don Mariano: los integrantes de su partido están visitando las distintas instalaciones carcelarias del país para saber sus condiciones de habitabilidad. Están, como si dijéramos, de servicio. Los que le critican son unos maleducados. Además, si usted jura en falso -como decía Isabel la Católica- pues no pasa nada, porque después de usted, solo Dios.

De todos modos -sirva de minidisculpa para los oradores-, tres horas hablando en el atrio son muchas horas. Es para morirse de aburrimiento e inanición. Y en esas horas se pueden decir tantas tonterías que hasta el más brillante orador puede equivocarse de línea y, por supuesto, el escuchador -Marcelo Expósito, por ejemplo- quedarse dormido. En qué pensarán durante tres horas los ocupantes de los bancos… Ni el Santo Job podría seguir con interés tantos folios preparados.

He estado oyendo la radio, viendo la TV y leyendo la prensa y tengo la sensación de que las ideas me traicionan. Cuando oigo hablar a Pablo Iglesias, me parece brillante y pienso que me gusta. Pero luego la cordura viene a mi cabeza. Este señor habla para él, solo quiere coger el hueco que dejan los socialistas y ser presidente. Los demás le importamos un bledo. Sigo escuchando y veo con tristeza que todos, después de una introducción bien aprendida, empiezan a sentir placer otorgando insultos seguidos a sus contrarios y se pasan el tiempo criticándose unos a otros sin que ninguno guarde la mínima compostura. Se meten con los fiscales y los tribunales -por supuesto, sin rozar a los representantes del partido gobernante- con los amores y las relaciones sentimentales, insultan como bellacos y, al fin, enseñan todos la patita. “Hay quien dice -afirmó Rafael Hernando, portavoz parlamentario del PP- que estuvo mejor la señora Montero que usted (Pablo Iglesias). No diré eso porque no sé qué voy a provocar en esta relación”. Pues sí, señor Hernando, lo dijo y provocó lágrimas en la protagonista, rabia en las mujeres del hemiciclo y una profunda repulsión fuera. Todas pensamos que es usted un machista y que el machismo nos domina. Es el mal endémico de nuestra sociedad: ¡Oh! tragedia, una mujer ha hablado mejor que su propio líder, ¿cómo es posible? Así vamos caminando las mujeres, o damos saltos de muerte o nos morimos antes de saltar. Hay que pasar lo más silenciosamente posible. Vuelve a relucir el machismo de sus señorías y las mociones de censura -con ese término tan rimbombante- han terminado siendo un corral de gallinero. Sin duda, ha bajado el lenguaje del hemiciclo porque el nivel político ha bajado en todos los habitantes del país. El hemiciclo se ha convertido en un Sálvame grande, un mediocre recinto, pero eso es lo que vende. No hay posibilidad de merecer algo mejor que un programa de Supervivientes o Naranja y limón. Los niveles más altos de audiencia son para esta colección de famosos vip que hacen las delicias de un público burdo que disfruta viendo cómo una mujer y un hombre desnudos buscan el amor de su vida en una isla, sin un taparrabos.

El bajo nivel de la oratoria de Rajoy -ora lee su discurso, ora improvisa, ora pierde el hilo- está dejando dentro del PP un vacío político alarmante (igual de alarmante en todas las formaciones políticas) y es que, como decía Gaucho Marx ,“la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”. Pero permítanme un divertimento. En las hemerotecas todo entra. Entre las páginas de los periódicos de esta feliz legislatura -por puro morbo- he buscado perlas gloriosas, tan jugosas como esta última.

En una entrevista a Susana Griso, confesó que: “Somos sentimientos y tenemos seres humanos”. Pobrecillo, se le puede perdonar porque el hombre estaba tristón y quiso ser normal y hasta romántico cuando dijo que “esto no es como el agua que cae del cielo sin que se sepa exactamente”. Así es la lluvia Don Mariano, cae cuando quiere. Realmente, la frase es redonda, tan contundente como: “Un vaso es un vaso y un plato un plato”. Evidente, un plato nunca será un vaso. No quiero ser tan mala, porque demostró pura democracia en un pueblito junto a un árbol y con los lugareños y su alcalde cuando manifesto: “Es el alcalde el que quiere que sean los vecinos el alcalde”, y lo peor es que quiso explicar la frase complicándola más. Otras de sus divinas expresiones se aclaran solas: “España es un gran país y tiene españoles”. Menos mal, presidente, que por ahora no se queda solito en Madrid. Claro que después de decir que: “ETA es una gran nación”, lo tuvo crudo, aunque rápidamente corrigió ETA por España.

Lo que no le perdono es aquello de que: “Hay que apoyar a las mujeres emprendedoras, hay que apoyarlas porque son emprendedoras”. Su misoginia es proverbial. Lo peor es cuando mete la pata delante de una de las mujeres más poderosas de Europa, Angela Merkel. En una rueda de prensa con la mandataria alemana le pillaron desprevenido al preguntarle por el caso Bárcenas. “Todo lo que se refiere a mí y que figura allí no es cierto, salvo alguna cosa que es la que han publicado los medios de comunicación”. La verdad es que las explicaciones se le dan muy mal. ¡Qué pensaría la pobrecita Angela! En fin… Seguro que todos ustedes recordarán la historia del rescate económico pues, como se quejaba la prensa de que el señor Rajoy no tomaba ninguna decisión, se lanzó y declaró: “¿Pero cómo que no tomaba ninguna decisión? Había dos opciones: pedir el rescate o no pedirlo. Oiga, si no tomo ninguna, ya estoy tomando una decisión”. Un autentico broche de oro. De todos modos algunos periodistas somos malos. Con ojeras y mala cara se volvió a la prensa y dijo: “No he dormido nada. No me pregunten demasiado si hacen el favor”.

A nivel personal, tengo un problema. Ya no tomo de aperitivo marianito. No. Prefiero un vermut entero. Me ha entrado miedo de que, por una casualidad, entre en mi copa alguna molécula perdida del líder del PP y me estropee mi momento de placer. Ya es suficiente con el nombre “marianito” para pedir otra bebida. En fin, es un tema particular que carece de importancia para el resto de ciudadanos que pueden tomar lo que les dé la gana. La tristeza es que, antes de que este señor estuviese en La Moncloa, el marianito era una bebida importante. Ahora se ha convertido en nuestros lares en una versión mini del vermut, vamos como que ni tiene aceituna, ni rodaja de limón, ni cáscara de naranja, ni nada. Bueno, hielo sí, porque así parece que hay más en la copa. El marianito lo debió de inventar un barman del Cotton Club de Bilbao, Iñigo Pavellé. Su fórmula perfecta lleva: 8 partes de vermut, 2 partes de ginebra, 1 toque de Campari, 1 toque de angostura, 1 toque de zumo de limón, hielo y aceituna con hueso. ¿Se lo ponen así los fines de semana? Sé que no. El Sr. Pavellé tenía que haber puesto otro nombre a este delicioso cóctel que al fin, por el dichoso Mariano Rajoy, se ha convertido en un vulgar vermut corto.

Don Mariano, Don Mariano, devuélvanos el marianito sin su recuerdo y no repita “lo mejor para mí”.

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