El sacacorchos

Alegrías con posdata

Por Jon Mujika - Martes, 20 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jon Mujika

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AHORA, cuando ya se escucha el murmurar de las olas, la sinfonía de grillos, cigarras y aves de buen cantar en el campo;cuando se desempolvan las maletas de viajar lejos para la diáspora por media Europa y por medio mundo y ese runrún de resquemor de quienes sufren el verano como una de cadena de calores en la oficina, en hornos y fraguas de las fábricas;tras la barra de un bar donde el calor aprieta con saña de Jack (El destripador, of course...), sobre el andamio o, en los dos peores supuestos, en una cama de hospital o en el parque de los patos, dando de comer a las palomas tras pasar por la oficina del paro;ahora, digo, comienzan a anunciarse cómo será el despertar de Bilbao, allá cuando estalle la alegría en Aste Nagusia.

Le oímos ahora a Andoni Aldekoa hablar de cómo guardan ya en la santabárbara de ese gran buque que es el Palacio Euskalduna un puñado de actividades que quieren expandir extramuros, más allá de los espectáculos que se han consolidado ya entre sus muros;de la zarzuela al musical, del teatro serio al bufonesco (la historia de Rappel sobre la escena es casi grotesca...), que tanto divierte al pueblo, del monólogo al cabaré. Van a potenciar la gastronomía y tienen fe en las terrazas de vistas pirotécnicas, en los menús de 18 años de Fernando Canales, en plena madurez antes de su despedida y en las dos barras que anuncian como banderas a seguir para liberarnos de los posibles calores, del pan nuestro de cada día, de la terrible monotonía. La oferta que anuncian, allá para la desembocadura de agosto, tiene son, es agradable a los ojos, invita a relamerse;propicia besos y abrazos de saludos y perfuma bien esa avenida que quieren extender hasta el Casco Viejo. Cinco sentidos que se excitarán, ya lo verán, en cuanto la vieja amiga Marijaia se vista de fiesta.

P.D.: En el sentido trágico de su toreo no cabía la sonrisa sino el rictus serio de quien pone su vida sobre la mesa de apuestas a corazón abierto. Iván Fandiño buscó con su toreo su verdad -¿quién tiene la absoluta...?- y la muerte se la trajo en Aire-sur-l’Adour. Su sombra no se recortará este año sobre Vista Alegre en Aste Nagusia. Por encima de quienes admiran la flor de la belleza en tierra de tauromaquias y quienes denuncian mano de Torquemada sobre el toro, duele el regocijo sobre la muerte de un ser humano. Al leer la saña de estos días, hago mías las palabras de Thomas Jefferson, cuando dijo aquello de “tiemblo por la especie humana cuando pienso que Dios es justo”. Y que ladren a mi espalda cuantos quieran.

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