Ese mundo nuestro

Cara y cruz de la arabización

Por Valentí Popescu - Miércoles, 14 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

La prensa sensacionalista lo alardea a los cuatro vientos y la propaganda inmobiliaria lo confirma: La Arabia musulmana está reconquistando Bosnia-Herzegovina. Naturalmente, en esto hay algo de verdad, pero bastante poco. Lo que sucede es que entre el bajo coste de la vida en esta exrepública yugoslava y la fuerte herencia islámica (incluyendo el alto porcentaje de población musulmana) dejada por los siglos de ocupación otomana, Bosnia-Herzegovina está atrayendo últimamente cada vez más turistas procedentes de la Península Arábiga... aunque ni de lejos, tantos como los árabes que van al Tirol, donde ni se habla de “invasión” ni hay mezquitas.

La algarabía armada en Bosnia-Herzegovina por el creciente número de turistas árabes tiene -sensacionalismo aparte- dos causas principales: la intolerancia étnica que sigue latiendo en los Balcanes y el impacto socioeconómico de un contingente turístico de muy alto nivel financiero.

Este impacto es, evidentemente, muy superior a las cifras globales -18.000 turistas árabes en 2016 de un total de 800.000 visitantes extranjeros- y es muy llamativo. Para atender a estos turistas de dinero fácil se han construido y se están construyendo hoteles de superlujo, restaurantes carísimos, cafeterías turcas (país musulmán del que también llegan muchos turistas a Bosnia), y se ven cada vez más letreros, menús y hasta anuncios en árabe. Pero por encima de todo, lo que más impacta e inquieta en la población indígena es el enorme subidón de los precios inmobiliarios provocado por la clientela árabe en Sarajevo y demás localidades preferidas por los visitantes orientales.

Al margen de los precios inmobiliarios y gastronómicos, existe un elemento cultural importante que también genera una irritación -aún latente, pero cada vez mayor- de la población local. Y es que sobre todo los turistas árabes no hacen el menor esfuerzo por adaptarse a las costumbres del país. Así que si, por un lado, los turistas árabes imponen al comercio y a la gastronomía frecuentada por ellos un rigor religioso que los musulmanes locales ya habían olvidado mayormente (sobre todo, a la hora de vestir -minifaldas, cabezas descubiertas de las mujeres...- y de beber y comer), por otro lado, su conducta cotidiana en Bosnia es la que tienen habitualmente en sus patrias. Y eso va desde extender las alfombras de oración se hallen donde se hallen a las horas de rezar en vez de ir a las muchas mezquitas que hay en la ciudad, hasta el menosprecio sistemático de las papeleras y cubos de basura que no usan ni por equivocación…, para no hablar más que de un par de los detalles más llamativos.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120