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Por Estíbaliz Ruiz de Azua - Miércoles, 14 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:01h

Columnista Estibaliz Ruiz de Azua

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Columnista Estibaliz Ruiz de Azua

SU dedo va más rápido que lo que mi vista alcanza a distinguir lo que asoma por la pantalla. Ante su mirada van pasando una tras otra decenas de imágenes. Debajo de ellas aparece un corazón que se tiñe de rojo cuando su dedo lo roza. La selección es rápida. Solo necesita unos segundos para decidir si lo que ve le gusta y para hacérselo saber al mundo entero. Son imágenes perfectas de vidas perfectas. Mentiras perfectas. Caras que muestran gestos estudiados. Sonrisas a través de las que podemos adivinar el éxito y los logros conseguidos, los lugares que hemos visitado, las gentes con las que nos hemos codeado, los rincones en los que hemos comido. Nuestro impecable día a día retransmitido en directo. Imágenes sin contexto en las que no hay cabida para el fracaso.

Todo puede ser contado. Es la vida en 140 caracteres donde cualquier anécdota adquiere la categoría de noticia

Escribe rápido, con sus manos acunando el teléfono y los pulgares moviéndose nerviosos por la pantalla. Todo puede ser contado, todos pueden contarlo. Es la vida resumida en 140 caracteres donde cualquier anécdota adquiere la categoría de noticia. Donde no importa el qué ni el porqué, ni tan siquiera la verdad. Es el postureo, el estar, el mostrar lo que antes -como apuntaba Umberto Eco- exhibíamos apoyados en la barra de un bar mientras nos tomábamos un vino. Mensajes que lanzamos con la esperanza de que lleguen a alguien y que así nos lo haga saber con un comentario breve, con un me gusta. Un mar revuelto donde el anonimato ayuda a encubrir a demasiados mediocres que lanzan la piedra y esconden la mano, pero que permite tener localizados y señalados a otros muchos que sin pudor y sin filtros confiesan lo que piensan.

Ya no habla, ya no llama. Es más fácil enviarle un mensaje, dejarle una nota en su muro. Que todo el mundo vea que se ha acordado. Un mensaje breve en el que le dice lo mucho que le quiere, en el que le manda muchos besos. Los mismos besos que ya no nos damos.

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