1.260 años de vivencias

El club de jubilados de Zalla rinde homenaje a catorce de sus socios al cumplir 90 años

En ausencia de la mitad de ellos por achaques de salud, compartieron recuerdos y amistad

Elixane Castresana - Martes, 13 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Miembros de el club de jubilados de Zalla.

Miembros de el club de jubilados de Zalla. (Foto: E. Castresana)

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Miembros de el club de jubilados de Zalla.

Zalla- La mayor nació el 22 de febrero. La más joven, el 8 de diciembre. En total son catorce los miembros de la quinta de 1927 y socios del club de jubilados de Zalla homenajeados al llegar a las nueve décadas: María Dolores Ariño, Patricio Talledo, María del Carmen Galarza, Eloína Fernández, José Luis Berroeta, Carmen Sainz, María Carmen Negueruela, Tomasa Díaz, Antonio Osante, Alicia Isla, Juliana Hoyos, Concepción Velasco, Elviro Cabareda y Teresa Pagazaurtundua suman 1.260 años de vivencias y sabiduría. Lo festejaron en una comida de hermandad a la que no acudieron la mitad por motivos de salud.

Entre ellos hay un matrimonio, el de Elviro Cabareda -que no pudo estar presente- y Teresa Pagazaurtundua, memoria viva de Zalla, que ha aportado su testimonio en el documental de la asociación Zallako Euskaltzaleak que recuerda al alcalde durante el bombardeo de la Guerra Civil, Jesús Ariño. “Tenía diez años, estaba en la panadería cuando empezaron a hablar de que se acercaban los aviones. Donde ahora está el Ayuntamiento de Zalla se encontraba el estado mayor. La gente comentaba que mejor empezáramos a rezar porque nos iban a matar a todos”, relató ante la mirada cómplice de sus compañeros, que vivieron situaciones similares el 21 de junio de 1937, y los allegados que les acompañaron en el entrañable acto. Juliana Hoyos corrió con su familia a guarecerse en el túnel de la Robla. Ni ellas ni María Dolores Ariño olvidan la historia que le contaron poco después, el chaval muerto en el monte al ser alcanzado por las bombas cuando cuidaba del ganado.

Pero en un día de celebración prefieren cambiar de tema y hablar de lo bien que les sientan los cafés y las partidas de cartas que juegan, “prácticamente a diario”, en el club de jubilados de Zalla, una de las recetas para mantenerse en activo a sus muy bien llevados 90 años.

El club de jubilados de Zalla aglutina a “unos mil socios”, según calcula uno de sus componentes, Francisco Javier Bajo, sin contar a los mayores que pertenecen al club de Aranguren. Las mujeres dominan en proporción, como muestra la foto de familia del reciente homenaje -cinco por dos hombres- y en muchas ocasiones encuentran en la agrupación un punto de apoyo al enviudar.

Además de las reuniones casi diarias alrededor de la mesa en el local cercano a la plaza Euskadi, los mayores del club de jubilados de Zalla organiza una comida de hermandad el 1 de mayo, una velada en Navidad que incluye concursos, excursiones culturales de un día y estancias más largas. “Hemos visitado Galicia, Salamanca, Andalucía y Benidorm, entre otros lugares”, repasa Bajo. No faltan a la feria Nagusiak que se celebra en el BEC, “en la que instalamos un estand”.

Dentro del propio local han recibido a voluntarios de la Cruz Roja que les enseñan cómo adaptarse a los teléfonos móviles que han irrumpido en sus vidas y agentes de la Ertzaintza de Enkarterri que les dieron una serie de pautas para no convertirse en blanco fácil de atracadores y estafadores. Y también promueven el ejercicio físico con encuentros periódicos en Aranguren para utilizar los aparatos de ejercicio biosaludable de La Inmaculada.

Asimismo, ya es tradición que todos los años se reconozca la trayectoria vital de los que soplan 90 velas. “En concreto 90 no por un motivo especial, sino porque si elevamos la edad a los cien van desapareciendo”, explica. Los premiados en la última edición no tienen intención de hacerlo porque aún les queda mucho por aportar al Zalla de hoy mirando al que ellos conocieron.

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