trabaja en Salesianos de Deusto

“Algunos tienen miedo, pero somos uno más”

Ikerne limpia en un colegio de Bilbao y su director alaba “su actitud de gratitud y que tenga iniciativa propia”

A. Rodríguez - Lunes, 12 de Junio de 2017 - Actualizado a las 09:11h

Ikerne Ortega limpia en el colegio Salesianos de Deusto ante el director, Isaac Díez.

Ikerne Ortega limpia en el colegio Salesianos de Deusto ante el director, Isaac Díez. (Oskar González)

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Ikerne Ortega limpia en el colegio Salesianos de Deusto ante el director, Isaac Díez.

EL primer día que Ikerne Ortega puso un pie en el colegio Salesianos de Deusto se dirigieron a ella como si fuera “una compañera más” y se le abrieron los cielos. “Fue muy importante para mí. Aquí me levanto de la cama contenta, no pensando: a ver cómo me van a tratar hoy”. Lo dice porque en otros trabajos, “como nunca han estado con gente discapacitada, no saben cómo decir las cosas”. Y acaban explicándoselas de una forma muy infantil. “Así se pone la botella de leche. Y yo: A ver, que soy igual que tú, me lo puedes explicar como a una persona adulta. O, por ejemplo, cuando has hecho algo mal, te lo dicen como si fueras una niña”, lamenta esta bilbaina de 30 años, que lleva desde los 18 trabajando. “Empecé haciendo piezas para coches en el taller de Lantegi Batuak de Basauri, luego estuve en limpieza, reponiendo aceites y galletas en un supermercado, planchando y atendiendo al público en una tintorería, en el servicio de lavandería de un gimnasio...”, recita de carrerilla Ikerne, que también hizo prácticas en el hostel de Bolueta. “He estado cambiando mucho, la verdad, y he terminado aquí”, dice sonriente, una vez aparca la fregona en un aula del colegio Salesianos de Deusto, donde lleva poco más de un mes. “Me gusta todo, no tengo prejuicios. Estoy encantada en todos los sitios”.

Los primeros días, cuenta, estuvo acompañada de un preparador, “que te apoya para que no te cueste tanto integrarte”. No le hizo falta mucho más para sentirse “como en casa”. “Estoy a gusto. Las compañeras son muy majas, son todas mis mamis”, bromea. Menos mal, porque Ikerne renunció a un contrato de jornada completa en Lantegi Batuak por este a tiempo parcial. “Me gusta trabajar en el exterior porque así pueden ver cómo somos la gente discapacitada”, explica, en la confianza de que su ejemplo sirva para romper estereotipos. “Algunos tienen miedo de contratarnos, pero somos uno más. Que no nos cierren las puertas por ser discapacitados porque podemos trabajar igual”, reitera.

De su buen hacer deja constancia el director del centro, Isaac Díez, quien agradece que Ikerne “no solo espere a que le digan qué tiene que hacer, sino que tiene su propia iniciativa para afrontar sus tareas”. Destaca además su “actitud de gratitud y su alegría”, que resultan “llamativas” porque “a veces entendemos el empleo como una carga, como un único medio de conseguir unos elementos económicos para poder vivir, cuando en realidad lo más importante no es eso, sino la realización personal”, defiende.

“¿Qué es lo eficaz?” Según la legislación vigente, las empresas de 50 o más empleados deben contratar a un 2% de trabajadores con discapacidad. Los profesionales de Lantegi Batuak suelen visitarlas para realizar una labor de concienciación, pero en el caso de Salesianos de Deusto fue a la inversa. “Como obra tenemos en plantilla a más de 100 trabajadores. Acudimos a Lantegi Batuak por responsabilidad social y por dar un apoyo a todos aquellos que por diversas circunstancias pueden tener mayor dificultad para lograr una inserción laboral”, expone el director del colegio.

Tras subrayar que Ikerne está “perfectamente integrada” y realiza su trabajo sin problemas, Díez asegura que el prejuicio “más grave” en torno a la contratación de estas personas es el concepto que hoy día se tiene de la eficacia. “¿Qué es lo eficaz? ¿Aquello que tiene una repercusión productiva inmediata? A mí me parece que lo eficaz es crear el ambiente humano y eso se consigue solamente con la relación y con la capacidad de acogida y de acompañamiento. Las relaciones crean confianza, comunicación, autoestima y esa es la única manera de ser más productivo. En toda obra, empresa u organismo, como se olvide eso, estamos equivocándonos”, advierte.

Fernando Zulueta, técnico de inserción laboral de Lantegi Batuak, conoce de primera mano cuáles son los “miedos” de los empresarios a la hora de contratar a una persona con discapacidad. “Siguen existiendo los prejuicios de que rinden menos, cogen más bajas o de cómo se van a relacionar con el resto de la plantilla”, enumera y los atribuye al puro “desconocimiento”, ya que “una vez que conocen a una persona como Ikerne automáticamente esos esquemas mentales cambian”. Dado el paso adelante, los empresarios comprueban que “estas personas son tan válidas como otras para trabajar en determinados puestos” y para ellas “supone una superación poder desarrollar su faceta laboral fuera de Lantegi Batuak en un entorno ordinario. Yo me sentiría muy orgulloso”, confiesa y se congratula de que ya haya más de 100 personas con discapacidad intelectual en empresas de Bizkaia. “Se va haciendo realidad algo que hace muchos años era una utopía”.

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