con la ayuda de Lantegi Batuak

Más de 100 discapacitados en plantilla

Se han insertado en 67 empresas de Bizkaia con el apoyo de Lantegi Batuak y el 70% tienen contrato indefinido

Un reportaje de A. Rodríguez - Lunes, 12 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Joana Naveira y su preparador, Zigor Folla, en la panadería de Larrabetzu donde trabaja.

Joana Naveira y su preparador, Zigor Folla, en la panadería de Larrabetzu donde trabaja. (Foto: Pablo Viñas)

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Joana Naveira y su preparador, Zigor Folla, en la panadería de Larrabetzu donde trabaja.Ikerne Ortega limpia en el colegio Salesianos de Deusto ante el director, Isaac Díez.

Arantza Rodríguez

Bilbao - Asesoran a las empresas, seleccionan a los candidatos, los forman y realizan un seguimiento. Con estas facilidades Lanerako, el programa de empleo con apoyo de Lantegi Batuak, ha contribuido a insertar a 103 personas con discapacidad en 67 empresas de Bizkaia, donde la tasa de paro de este colectivo alcanza el 30%. “Queda mucho por hacer, pero que en este mercado competitivo 100 personas con especiales dificultades de inserción, algunas con discapacidades severas, estén con contratación directa es un dato importante, sobre todo si tenemos en cuenta que el 70% tienen contratos indefinidos”, valora Andoni Garai, coordinador de Lanerako.

Pese a que la ley obliga a las empresas de 50 o más trabajadores a contratar a personas con discapacidad, Garai asegura que “el incumplimiento es generalizado”. No obstante, dice, “las buenas prácticas de las personas que han sido contratadas están facilitando que esos números mejoren”. De hecho, destaca, casi el 40% de las personas con discapacidad, fundamentalmente intelectual, que están en plantilla “están trabajando en empresas que no tienen obligatoriedad de contratarlas”, lo que “refleja que responden a sus necesidades”. Tal es así que de las 178 empresas que han colaborado con este programa en 22 años, 74 han contratado a más de un trabajador. “Cuando se les da una oportunidad, vienen nuevas contrataciones. Que el 40% de empresas haya repetido demuestra que ha sido una buena experiencia para ellos”.


"Que los jefes nos contraten a ver qué tal"


Joana lleva ya 3 años en una panadería industrial, cuyo gerente destaca su alegría, constancia y buena disposición

Un reportaje de A. Rodríguez

Lo mismo se calza las botas de goma para limpiar a chorro limpio de agua lo que se tercie que se cuelga el delantal y se pone manos a la tarta. “Me gusta hacer de todo, lo que sea, lo que me manden”, dice Joana Naveira, la sonrisa como carta de presentación. Asier Bengoa, su jefe, da fe de la felicidad con la que acude cada mañana a trabajar, de su buena disposición “para hacer cualquier cosa que le digas” y de su constancia, “cualidades que otros trabajadores no tienen”, señala. “Está superencantada de venir, se ve que disfruta con ello. Le ves una alegría que no es habitual”, destaca. Y ahora es Joana la que rubrica sus palabras. “Estoy supercontenta aquí. Los compañeros son muy majos y amables”.

Joana tiene 24 años, una discapacidad intelectual y unas ganas tremendas de trabajar. Tras hacer prácticas en una tienda de deportes y piezas de electricidad en un centro de Lantegi Batuak, en Etxebarri, le propusieron incorporarse a la panadería industrial Sarrikola Ogitegia, en Larrabetzu, y no se lo pensó dos veces. Fue todo un acierto porque lleva ya tres años contratada y no le gustaría para nada cambiar de empleo. “Este sitio me encanta un montón por todo. Limpio las bandejas, limpio cajas, y cuando no hay trabajo fuera estoy dentro haciendo tartas, coco y cosas de esas”, explica poco antes de posar rodeada de bizcochos de chocolate y naranja.

El gerente de la empresa, Asier Bengoa, no solo no se arrepiente de haberle dado esta oportunidad, sino que está “encantado” y le ha hecho un contrato indefinido. “Tienes ayudas en la seguridad social, pero nosotros no lo hemos hecho por esas ventajas, sino por echar una mano a este colectivo. Es necesario que se incorporen y que vean que valen”, explica. De hecho, animaría a otros empresarios, “por lo menos, a que probasen en cuanto haya una pequeña ocasión”. Consciente de que “la gente es muy reacia”, hace hincapié en la labor de Lantegi Batuak. “Tienes a la persona un periodo de prueba y, si no, te buscan a otra. Te dan muchas facilidades”, asegura e insiste en que “hay que apoyarlo y dejarse guiar por la experiencia de estos profesionales, que ven en cada caso qué persona es la más adecuada”.

A su llamamiento se une Joana, el vivo ejemplo de que cuando se quiere, se puede. “Que los jefes nos contraten a ver qué tal”, dice, reclamando un hueco para sus compañeros, a quienes insta a dar el salto a las empresas ordinarias. “Que no tengan miedo y si les gusta una cosa, que sigan a lo suyo”, les aconseja.

Esta joven bilbaina, que ya le ha “pillado el truco” a sus tareas, de cuando en cuando hace “algún bizcocho sencillo” en casa. Sus padres, dice, están “encantados”. No es para menos, porque ella no se duerme en los laureles. De hecho, ahora se está sacando el carné de conducir.

“Más paciencia y más plazo”La sonrisa de Zigor Folla, preparador laboral del programa de empleo con apoyo de Lantegi Batuak, es casi tan amplia como la de Joana, a quien respaldó en sus primeros días de trabajo. “Nuestra función es la formación y el seguimiento in situ de las personas que se integran en un puesto de trabajo. Según vemos que la cosa se va desenvolviendo de una manera más espontánea y que se coge más autonomía en el trabajo, nos vamos retirando poco a poco”, explica este profesional. No obstante, siguen disponibles “siempre que o bien la persona que está trabajando o bien la empresa detecten alguna necesidad”. Y si no la hubiese, tampoco se desentienden. “De vez en cuando -añade- se sigue manteniendo un contacto para ver que todo va bien o si hay cosas que se pueden mejorar”. Lo que se dice un acompañamiento en toda regla.

Pese a lo positiva que ha resultado la inserción de Joana para ambas partes, su preparador asegura que el mercado laboral no siempre pone las cosas fáciles. “Se pretende la integración de las personas con discapacidad sin ningún tipo de adaptación a ritmos ni de tiempos de aprendizaje. Se espera que lo hagan de forma autónoma en el mismo plazo que una persona sin discapacidad y se les dice: Es que no llegas. Ya, es que igual necesitamos más tiempo, más paciencia y más plazo”, reivindica y lamenta que, en vez de adecuar los puestos a las personas, sean estas “las que se adapten a las necesidades del trabajo”.

El esfuerzo de unos y otros también tiene su parte gratificante. “El mayor reconocimiento, como en el caso de Joana, es que a una persona que empieza con un contrato temporal, un poco en dudas, le acaben haciendo indefinida porque ven que puede desarrollar una función dentro de la empresa exactamente igual que otro trabajador”, considera este profesional, que destaca asimismo la importancia de estas contrataciones para el colectivo. “Aparte de una autonomía económica, les aporta una integración social y laboral en el mundo ordinario”, valora.

“Algunos tienen miedo, pero somos uno más”

Ikerne limpia en un colegio de Bilbao y su director alaba “su actitud de gratitud y que tenga iniciativa propia”

EL primer día que Ikerne Ortega puso un pie en el colegio Salesianos de Deusto se dirigieron a ella como si fuera “una compañera más” y se le abrieron los cielos. “Fue muy importante para mí. Aquí me levanto de la cama contenta, no pensando: a ver cómo me van a tratar hoy”. Lo dice porque en otros trabajos, “como nunca han estado con gente discapacitada, no saben cómo decir las cosas”. Y acaban explicándoselas de una forma muy infantil. “Así se pone la botella de leche. Y yo: A ver, que soy igual que tú, me lo puedes explicar como a una persona adulta. O, por ejemplo, cuando has hecho algo mal, te lo dicen como si fueras una niña”, lamenta esta bilbaina de 30 años, que lleva desde los 18 trabajando. “Empecé haciendo piezas para coches en el taller de Lantegi Batuak de Basauri, luego estuve en limpieza, reponiendo aceites y galletas en un supermercado, planchando y atendiendo al público en una tintorería, en el servicio de lavandería de un gimnasio...”, recita de carrerilla Ikerne, que también hizo prácticas en el hostel de Bolueta. “He estado cambiando mucho, la verdad, y he terminado aquí”, dice sonriente, una vez aparca la fregona en un aula del colegio Salesianos de Deusto, donde lleva poco más de un mes. “Me gusta todo, no tengo prejuicios. Estoy encantada en todos los sitios”.

Los primeros días, cuenta, estuvo acompañada de un preparador, “que te apoya para que no te cueste tanto integrarte”. No le hizo falta mucho más para sentirse “como en casa”. “Estoy a gusto. Las compañeras son muy majas, son todas mis mamis”, bromea. Menos mal, porque Ikerne renunció a un contrato de jornada completa en Lantegi Batuak por este a tiempo parcial. “Me gusta trabajar en el exterior porque así pueden ver cómo somos la gente discapacitada”, explica, en la confianza de que su ejemplo sirva para romper estereotipos. “Algunos tienen miedo de contratarnos, pero somos uno más. Que no nos cierren las puertas por ser discapacitados porque podemos trabajar igual”, reitera.

De su buen hacer deja constancia el director del centro, Isaac Díez, quien agradece que Ikerne “no solo espere a que le digan qué tiene que hacer, sino que tiene su propia iniciativa para afrontar sus tareas”. Destaca además su “actitud de gratitud y su alegría”, que resultan “llamativas” porque “a veces entendemos el empleo como una carga, como un único medio de conseguir unos elementos económicos para poder vivir, cuando en realidad lo más importante no es eso, sino la realización personal”, defiende.

“¿Qué es lo eficaz?” Según la legislación vigente, las empresas de 50 o más empleados deben contratar a un 2% de trabajadores con discapacidad. Los profesionales de Lantegi Batuak suelen visitarlas para realizar una labor de concienciación, pero en el caso de Salesianos de Deusto fue a la inversa. “Como obra tenemos en plantilla a más de 100 trabajadores. Acudimos a Lantegi Batuak por responsabilidad social y por dar un apoyo a todos aquellos que por diversas circunstancias pueden tener mayor dificultad para lograr una inserción laboral”, expone el director del colegio.

Tras subrayar que Ikerne está “perfectamente integrada” y realiza su trabajo sin problemas, Díez asegura que el prejuicio “más grave” en torno a la contratación de estas personas es el concepto que hoy día se tiene de la eficacia. “¿Qué es lo eficaz? ¿Aquello que tiene una repercusión productiva inmediata? A mí me parece que lo eficaz es crear el ambiente humano y eso se consigue solamente con la relación y con la capacidad de acogida y de acompañamiento. Las relaciones crean confianza, comunicación, autoestima y esa es la única manera de ser más productivo. En toda obra, empresa u organismo, como se olvide eso, estamos equivocándonos”, advierte.

Fernando Zulueta, técnico de inserción laboral de Lantegi Batuak, conoce de primera mano cuáles son los “miedos” de los empresarios a la hora de contratar a una persona con discapacidad. “Siguen existiendo los prejuicios de que rinden menos, cogen más bajas o de cómo se van a relacionar con el resto de la plantilla”, enumera y los atribuye al puro “desconocimiento”, ya que “una vez que conocen a una persona como Ikerne automáticamente esos esquemas mentales cambian”. Dado el paso adelante, los empresarios comprueban que “estas personas son tan válidas como otras para trabajar en determinados puestos” y para ellas “supone una superación poder desarrollar su faceta laboral fuera de Lantegi Batuak en un entorno ordinario. Yo me sentiría muy orgulloso”, confiesa y se congratula de que ya haya más de 100 personas con discapacidad intelectual en empresas de Bizkaia. “Se va haciendo realidad algo que hace muchos años era una utopía”.

las claves

Ikerne limpia en un colegio de Bilbao y su director alaba “su actitud de gratitud y que tenga iniciativa propia”

E· primer día que Ikerne Ortega puso un pie en el colegio Salesianos de Deusto se dirigieron a ella como si fuera “una compañera más” y se le abrieron los cielos. “Fue muy importante para mí. Aquí me levanto de la cama contenta, no pensando: a ver cómo me van a tratar hoy”. Lo dice porque en otros trabajos, “como nunca han estado con gente discapacitada, no saben cómo decir las cosas”. Y acaban explicándoselas de una forma muy infantil. “Así se pone la botella de leche. Y yo: A ver, que soy igual que tú, me lo puedes explicar como a una persona adulta. O, por ejemplo, cuando has hecho algo mal, te lo dicen como si fueras una niña”, lamenta esta bilbaina de 30 años, que lleva desde los 18 trabajando. “Empecé haciendo piezas para coches en el taller de Lantegi Batuak de Basauri, luego estuve en limpieza, reponiendo aceites y galletas en un supermercado, planchando y atendiendo al público en una tintorería, en el servicio de lavandería de un gimnasio...”, recita de carrerilla Ikerne, que también hizo prácticas en el hostel de Bolueta. “He estado cambiando mucho, la verdad, y he terminado aquí”, dice sonriente, una vez aparca la fregona en un aula del colegio Salesianos de Deusto, donde lleva poco más de un mes. “Me gusta todo, no tengo prejuicios. Estoy encantada en todos los sitios”.

Los primeros días, cuenta, estuvo acompañada de un preparador, “que te apoya para que no te cueste tanto integrarte”. No le hizo falta mucho más para sentirse “como en casa”. “Estoy a gusto. Las compañeras son muy majas, son todas mis mamis”, bromea. Menos mal, porque Ikerne renunció a un contrato de jornada completa en Lantegi Batuak por este a tiempo parcial. “Me gusta trabajar en el exterior porque así pueden ver cómo somos la gente discapacitada”, explica, en la confianza de que su ejemplo sirva para romper estereotipos. “Algunos tienen miedo de contratarnos, pero somos uno más. Que no nos cierren las puertas por ser discapacitados porque podemos trabajar igual”, reitera.

De su buen hacer deja constancia el director del centro, Isaac Díez, quien agradece que Ikerne “no solo espere a que le digan qué tiene que hacer, sino que tiene su propia iniciativa para afrontar sus tareas”. Destaca además su “actitud de gratitud y su alegría”, que resultan “llamativas” porque “a veces entendemos el empleo como una carga, como un único medio de conseguir unos elementos económicos para poder vivir, cuando en realidad lo más importante no es eso, sino la realización personal”, defiende.

“¿Qué es lo eficaz?”Según la legislación vigente, las empresas de 50 o más empleados deben contratar a un 2% de trabajadores con discapacidad. Los profesionales de Lantegi Batuak suelen visitarlas para realizar una labor de concienciación, pero en el caso de Salesianos de Deusto fue a la inversa. “Como obra tenemos en plantilla a más de 100 trabajadores. Acudimos a Lantegi Batuak por responsabilidad social y por dar un apoyo a todos aquellos que por diversas circunstancias pueden tener mayor dificultad para lograr una inserción laboral”, expone el director del colegio.

Tras subrayar que Ikerne está “perfectamente integrada” y realiza su trabajo sin problemas, Díez asegura que el prejuicio “más grave” en torno a la contratación de estas personas es el concepto que hoy día se tiene de la eficacia. “¿Qué es lo eficaz? ¿Aquello que tiene una repercusión productiva inmediata? A mí me parece que lo eficaz es crear el ambiente humano y eso se consigue solamente con la relación y con la capacidad de acogida y de acompañamiento. Las relaciones crean confianza, comunicación, autoestima y esa es la única manera de ser más productivo. En toda obra, empresa u organismo, como se olvide eso, estamos equivocándonos”, advierte.

Fernando Zulueta, técnico de inserción laboral de Lantegi Batuak, conoce de primera mano cuáles son los “miedos” de los empresarios a la hora de contratar a una persona con discapacidad. “Siguen existiendo los prejuicios de que rinden menos, cogen más bajas o de cómo se van a relacionar con el resto de la plantilla”, enumera y los atribuye al puro “desconocimiento”, ya que “una vez que conocen a una persona como Ikerne automáticamente esos esquemas mentales cambian”.

Dado el paso adelante, los empresarios comprueban que “estas personas son tan válidas como otras para trabajar en determinados puestos” y para ellas “supone una superación poder desarrollar su faceta laboral fuera de Lantegi Batuak en un entorno ordinario. Yo me sentiría muy orgulloso”, confiesa y se congratula de que ya haya más de 100 personas con discapacidad intelectual en empresas de Bizkaia. “Se va haciendo realidad algo que hace muchos años era una utopía”.

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