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apodada como La Tigresa

La vuelta a casa del icono que repudió a ETA

Desmarcada de ETA desde 2010, Idoia López Riaño sale este martes de prisión tras pedir perdón a todas sus víctimas

Un reportaje de Xabier Garmendia - Domingo, 11 de Junio de 2017 - Actualizado a las 08:44h

Imagen de archivo de Idoia López Riaño, 'La Tigresa'.

Imagen de archivo de Idoia López Riaño. (EFE)

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Imagen de archivo de Idoia López Riaño, 'La Tigresa'.

LAS incalculables leyendas que alimentaron su apodo policial han hecho de ella la presa de ETA que más expectación mediática ha levantado durante muchos años. A sus espaldas, una lista de 23 asesinatos que ha esbozado un perfil marcadamente frío y despiadado, pero que, a su vez, no ha evitado que se convierta prácticamente en el icono femenino de la banda. Ahora, traspasada la barrera de la cincuentena, Idoia López Riaño (Donostia, 1964), apodada como La Tigresa en los círculos de la lucha antiterrorista, regresa a casa.

Han transcurrido 23 años, uno por cada una de sus víctimas mortales, desde que fuera detenida en Francia. Fue un día de agosto de 1994, cuando conducía un vehículo en las proximidades de Aix-en-Provence, una localidad del sudeste a poco más de 30 kilómetros de Marsella. Para entonces ya llevaba 15 años de andadura en ETA.

Durante los años 80, Margarita -su verdadero apodo dentro de la organización- integró el comando Madrid, uno de los más sanguinarios de la banda, en el que coincidió con otros históricos como Iñaki de Juana Chaos o Antonio Troitiño. Según el relato judicial, fueron precisamente ellos los encargados de perpetrar el atentado que se llevó la vida de doce guardias civiles en la madrileña plaza de la República Dominicana en 1986. La propia López Riaño, junto con Juan Manuel Soares Gamboa, se encargó minutos antes de estacionar la furgoneta que explotó al paso del convoy repleto de agentes de la Benemérita.

Previamente, estuvo igualmente implicada en otro ataque, esta vez en la calle Juan Bravo de la capital española, donde fueron asesinados otros cinco agentes de la Guardia Civil. Su actitud indisciplinada le llevó a ser expulsada del grupo y buscó refugio en Argelia, donde permaneció siete años. Se reintegró después en el comando Ekaitz, encabezado por Joseba Urrusolo Sistiaga -uno de los referentes de la vía Nanclares-, con quien mantuvo un fuerte enfrentamiento personal al ser acusada de informar a la cúpula de sus comentarios críticos.

Condenada a 2.111 años de prisión, López Riaño ha tenido tiempo para reflexionar sobre su cruento pasado, lo que le ha llevado a desvincularse de ETA y acogerse a lavía Nanclares. Durante sus primeros años a la sombra, mantuvo una actitud más beligerante, pero se alejó progresivamente de la banda al negarse a seguir directrices como la realización de huelgas de hambre. Fue en 2010 cuando, junto a su pareja, Joseba Arizmendi -antiguo responsable del frente de cárceles-, solicitó su acercamiento a la prisión de Zaballa renegando de cualquier conexión con la banda. “Manifestamos nuestra decisión de abandonar la organización armada, hemos roto todos los vínculos con ella, así como con cualquier tipo de violencia. Hemos estado muchos años explicando nuestra posición. Ni la violencia ni la represión abren la puerta de la paz y por ese camino es imposible poner fin a un conflicto que tanto dolor y tantas víctimas ha generado”, sostenían en una decisión que pocos esperaban por su fama de “dura”. Un año más tarde, ambos eran borrados del colectivo de presos EPPK, lo que significó su expulsión de facto.

Su adhesión al proyecto de reinserción, sin embargo, no logró disipar las reticencias del juez central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, que se negó a concederle cualquier permiso al observar en ella la justificación de dos de sus víctimas -un traficante de drogas y un integrante de los GAL-. En abril de 2016, la presa remitió un escrito en el que condenó sus asesinatos. “Asumo mi actividad delictiva, rechazo completamente la misma, pido perdón de corazón a todas las víctimas y familiares”, indicaba. En esa carta hacía una referencia a su paso por el comando Madrid: “Las muertes de este comando me duelen en lo más profundo del alma y aún más por no haber podido hacer nada por evitarlas. Tan solo tenía 20 años y aun así me jugué la vida en ese intento”.

MIEDO ESCÉNICO

López Riaño ha recibido finalmente varios permisos de salida, pero ha rehusado utilizarlos por temor a generar una excesiva atención de los medios de comunicación. Le ocurrió hace apenas tres años cuando se propuso y acabó logrando aprobar el carné de conducir. Las fotografías que le retrataron al volante de un coche de autoescuela coparon decenas de páginas. Las cámaras lograron captar su imagen fuera de prisión en una de las numerosas actividades en las que ha participado durante su estancia bajo la sombra. En los diversos centros penitenciarios en los que ha habitado, ha formado parte de todo tipo de actividades: ha trabajado en el economato de la enfermería, asistido a cursos de idiomas y talleres de taichí, pintura o cerámica e incluso se ha matriculado en la carrera de Periodismo para dar rienda suelta a la escritura, una de sus mayores aficiones. En definitiva, una trayectoria alejada de la disciplina que la banda impone a sus presos.

Alejada de ETA y habiendo reconocido el daño causado a sus víctimas, su salida de prisión tras el reciente desarme cierra un capítulo de 23 años caracterizados por su andadura a contracorriente.

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