Alcohólicos Anónimos cumple 82 años

“Empecé a beber con 15 años en el botellón y toqué fondo”

Julen acude desde hace un año a las terapias de Alcohólicos Anónimos para superar su adicción al alcohol

La asociación cumple 82 años y organiza hoy una charla en Leioa

Yaiza Pozo - Sábado, 10 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Julen, joven que presta su testimonio a DEIA, posa de espaldas entre los retratos de los fundadores de Alcohólicos Anónimos.

Julen, joven que presta su testimonio a DEIA, posa de espaldas entre los retratos de los fundadores de Alcohólicos Anónimos. (OSKAR GONZÁLEZ)

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Julen, joven que presta su testimonio a DEIA, posa de espaldas entre los retratos de los fundadores de Alcohólicos Anónimos.

Bilbao- “Tengo un problema con el alcohol. Empecé a beber con 15 años en los botellones de los pueblos”. Julen tiene 30 años, es de Bilbao y comenzó a consumir alcohol como si fuera un juego. Sin embargo, el juego acabó en pesadilla. Tras asistir a varias sesiones de terapias psicológicas en las que ninguna le dio resultado acabó por abandonarlas. Finalmente, hace un año vio la luz en Alcohólicos Anónimos (AA). El caso de Julen no es aislado, son miles las personas que acuden a los grupos de terapia para alejarse del consumo incontrolado. Este año, la asociación cumple 82 años desde su fundación y hoy celebra una charla informativa a las 11.30 horas en el salón de actos del Centro de Mayores de Leioa.

El 21% de las personas de 15 y 75 años consume alcohol a diario en Bizkaia. Y el 30% reconoce que les ha acarreado más problemas que beneficios. Julen salía con su cuadrilla como cualquier otro adolescente de 15 años. Las fiestas de los pueblos o un fin de semana cualquiera eran la excusa perfecta para comenzar a experimentar nuevas sensaciones. Pero en ocasiones, los excesos terminan atrapando, sin poder controlarlo. “Empezaba a beber una caña o un katxi de cerveza y no podía parar. Bebía hasta terminar en el suelo inconsciente”, se sincera Julen. Al igual que muchos jóvenes de su edad, este bilbaino jugaba a fútbol en el equipo de su pueblo. Salía a las cenas organizadas por el club y bebía, lo que era algo normal entre ellos. A los 18 años comenzó sus estudios universitarios y al irse a vivir con su hermana fue cuando comenzó su verdadera adicción.

“Salía todos los fines de semana y me pillaba, no una borrachera cualquiera, sino una gorda”, relata el joven. Tras estos acontecimientos, tanto él como sus padres detectaron que comenzaba a tener un grave problema con el alcohol y lo llevaron de vuelta al hogar familiar. “Me reclutaron, pero no fue suficiente. Tuve un breve parón sin beber, pero recaí”, cuenta. El calvario comenzó de nuevo a asomar en la vida de Julen. Cada vez peor, cada vez más problemas... La situación se volvió incontrolable.

El último informe del programa Menores y Alcohol de 2016 realizado por el Gobierno vasco refleja que en Euskadi ocho de cada diez escolares alcanzaron la mayoría de edad habiendo probado el alcohol. Además, la mitad de la población de entre 14 y 15 años lo ingiere.

El consumo de bebidas alcohólicas induce a padecer depresión, ansiedad e incluso inestabilidad emocional sobre todo en las personas que lo consumen en exceso y que son menores de edad. Julen lo experimentó así. El joven confiesa que llegó a sentir vergüenza, culpabilidad por no poder controlar la situación y llegó a no querer ir a la universidad porque pensaba que la gente se iba a reír de él. Había perdido el control de su vida;el alcohol le había llevado a tocar fondo. Por eso, decidió poner remedio a esta difícil situación asistiendo a terapias psicológicas por la ansiedad que padecía y por no poder compatibilizar el trabajo con los estudios. “Con todo lo que estaba pasando, la ruptura con mi pareja también me costó superarlo”.

La última copa El tratamiento no dio sus frutos y optó por abandonarlo porque creía que la solución a su difícil situación estaba en él mismo. Todo lo que había trabajado hasta ahora lo echó por la borda. Pero su problema no fue la primera copa sino la última, con la que finalmente volvió a caer en el agujero. “Salí a una fiesta en un hotel para despedir a una buena amiga que se marchaba a México a vivir. Me agarré tal borrachera que me levanté al día siguiente sin acordarme de nada. No sabía dónde estaba”, asevera el joven.

Este último capítulo en su coqueteo peligroso con el alcohol le llevó a replantearse seriamente su vida. “Me pasé tres días prácticamente en la cama intentado buscar la alternativa de cómo salir adelante, y lo conseguí”. Julen comprendió que tenía un problema. Es ese el paso necesario para conseguir superar la adicción. “A la gente le cuesta asumirlo. Yo di el paso”. No fue fácil, pero sin embargo, este joven de Bilbao era consciente de que no podía continuar de esa manera. “Decidí meterme a Google;tecleé Alcohólicos Anónimos Bizkaia y llamé. Me transmitieron confianza y comencé a ir a las reuniones con el resto del grupo y ahora soy alguien nuevo”, declara Julen. Desde entonces todo empezó a ir mejor.

No necesitó a nadie. De su familia solo su madre y su pareja actual saben que ha logrado rehabilitarse. A partir de ese día se mantiene sobrio gracias a las reuniones diarias de Alcohólicos Anónimos. “Lo he pasado mal, pero ahora he vuelto a recuperar el control de mi vida”.

En Alcohólicos Anónimos no se cuestiona a quien acude, su objetivo es que las personas con adicción puedan recuperar su confianza y superen entre todos la dificultades. En los encuentros, los participantes se abren en canal y hablan abiertamente sobre sus problemas. “Nos piden que recreemos un escenario para hacer balance de lo que hemos vivido”. Pero eso sí, un mensaje que se repite en esas reuniones es que un alcohólico nunca deja de serlo. “Las recaídas siempre están presentes”.

Fernando también comparte historia con Julen. “Alcohólicos Anónimos me ha dado la vida”, confiesa. Fue alcohólico y por aquel entonces le parecía agradable consumir bebidas alcohólicas. Le gustaba el efecto psíquico y el calor que provocaba en su garganta. Pero su situación fue mucho más compleja que la de Julen. Un grave accidente de esquí hizo que se rompiera la cadera. En ese momento empezó su adicción a las pastillas no prescritas. Además, de eso padeció dos graves enfermedades que casi le conducen a la muerte. La primera conocida como pancreatitis, muy común entre los alcohólicos, y delirium tremens. “Se trata de un síndrome muy grave que puede ser mortal y puede que no lo padezcan todos”, cuenta.

Fernando estaba obsesionado con la bebida. “La verdad es que siempre estaba pensando en beber y la única forma de eliminar el nudo permanente que tenía era bebiendo”, reconoce. Él vio la necesidad de interrumpir inmediatamente el consumo de las pastillas en los años 80 y logró superar su doble adicción por sus enfermedades, gracias también a AA. “En AA nos mantenemos sobrios y ayudamos a otros alcohólicos a mantener su estado de sobriedad”, apunta. Ahora lamenta haber perdido una serie de años, pero le han hecho enmendar los errores que cometió.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el alcoholismo se considera una de las sustancias potencialmente más peligrosas para la salud física, psíquica y social de las personas. En Euskadi, como en el resto de comunidades autónomas y otros países han aumentado el consumo indiscriminado de alcohol. La práctica del botellón entre la población más joven se ha puesto de moda en los últimos años. Bilbao no se libra de esta realidad. Cada vez son más y más jóvenes los que compran botellas de alcohol y se reúnen en la calle como diversión. Julen empezó así, pero pese a las dificultades logró entender que tenía un problema y lo superó. “La recuperación no está siendo dura. Tengo fuerza de voluntad”. Se siente identificado con lo que escucha en las reuniones y sabe que no está solo. Para recuperarse, “renuncio por completo a salir de noche hasta que mi cuerpo se sienta preparado;tengo que andar con pies de plomo, no puedo jugar con mi enfermedad“, dice. Para este joven bilbaino, el problema radica en la falta de información que tienen los menores sobre el consumo de alcohol. “En Euskadi se nos ha conocido por el buen beber y el buen comer. A nadie le extraña que con 16 años te tomes un trago”, concluye.

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