Tribuna abierta

La vida en un día

Por Javier Otazu Ojer - Viernes, 9 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

eXISTE un famoso acertijo griego que pregunta: “¿Cuál es el único animal que anda a la mañana con cuatro patas, a la tarde con dos y a la noche con tres?” La respuesta es “el hombre”, ya que el bebé, cuando comienza a gatear, usa los dos brazos y los dos pies, en la edad adulta andamos con los pies y de mayores usamos un bastón para apoyarnos mejor.

Una nueva vida, como nos recuerda Rainer Maria Rilke, es “el resplandor de una nueva página donde todo se puede escribir”. En la mañana de nuestra existencia los seres humanos nos vamos adaptando poco a poco a nuestro entorno, esa época en la que la educación es tan importante, en la que los valores que van a gobernar toda nuestra vida quedan arraigados.

Poco se puede añadir al campo de la educación, ¿verdad? En todo caso, vamos a adoptar tres reglas. La primera: más pronto que tarde llegará un momento en el que para recibir haya que dar. Segunda: separar conocimiento de sabiduría;en un mundo en el que todo estará en el teléfono móvil, el valor añadido de cada persona consistirá en filtrar la gran cantidad de información a la que está expuesta para tomar las mejores decisiones posibles. Tercera: hay tres formas de aprender;jugando, emocionando, con relatos, muchos juegos de niños nos han ayudado a pensar y hemos aprendido con ellos, desde el Parchís hasta el Trivial pasando por el Monopoly. Todo lo que nos apasiona y nos emociona se nos queda con más facilidad, es por ello que pocas cosas son tan fascinantes como tener pasión por la vida. Y ¿qué decir de los relatos? El aprendizaje de los cuentos y las fábulas ha quedado integrado en nosotros para siempre. ¿Cuáles son mis dos fábulas favoritas? La primera, la de la rana y el escorpión. Un escorpión le pide a una rana que le ayude a cruzar a una charca pero, claro, la rana tiene miedo: si le pica, morirá. El escorpión le dice: “No te picaré, ya que tú morirás y entonces yo me ahogaré”. La rana comienza a cruzar la charca y el escorpión, incumpliendo su promesa, pica a la rana. La pobre rana, sorprendida, le dice al escorpión: ¿por qué los has hecho? La contestación es: “Lo siento, está en mi naturaleza”. El refranero popular resume muy bien esta idea: “La cabra siempre tira al monte”.

La segunda fábula es la de la zorra y las uvas. El animal tiene hambre, y cuando ve unos racimos de apetitosas uvas se decide a saltar sobre ellas y para su desesperación, observa que no puede cogerlas. La zorra no se desespera y dice: “Estas uvas no están maduras”. Esta fábula tiene dos enseñanzas. Si no alcanzamos las metas, es mejor no desesperarse y pensar que quizás no merecían la pena. Por otro lado, es útil crear metas alcanzables que proporcionen un desarrollo personal perpetuo, que las metas sean compatibles con nuestra personalidad, gustos y habilidades. Además, se deben potenciar las capacidades adquiriendo las competencias más adecuadas para unos tiempos que no dejan de cambiar.

¿Cuándo termina hoy la infancia? ¿Con la llegada del primer teléfono móvil? (da miedo pensar lo pronto que se acostumbran los niños a estos artilugios). ¿Cuándo llega la adolescencia? (merece la pena recordarlo: la naturaleza nos da 15 años para coger cariño a los niños antes de que se vuelvan adolescentes). ¿O a los 50 años? (viendo cómo se las gastan algunos, a veces da esa impresión).

No lo sé. Solo se puede recomendar lo siguiente: no dejar de pensar, reevaluarse, crecer. Y es que “dar algo menos de ti es sacrificar el don”. Todos queremos cambiar el mundo y olvidamos cambiarnos a nosotros mismos.

Muchas veces, las cosas no salen como pensamos. Y es que el caos y el azar tienen una gran influencia en nuestras vidas. No pasa nada: basta crear la realidad de la que somos responsables.

Al atardecer, llegamos a la tercera edad, la de las tres piernas. Bueno es recordar que en ese momento nos arrepentimos más de las cosas que no hemos hecho, no de las que hemos intentado. En otras palabras: nos arrepentimos de no haber tomado más riesgos y, también, de no ver crecer a nuestros hijos. Y también nos da pena no ser más previsores en términos de habernos cuidado más de haber ahorrado una mayor cantidad de dinero.

Es el famoso dicho de una obra de William Shakespeare: “He malgastado el tiempo y ahora el tiempo me desgasta a mí”. Pasado este tiempo, nos toca estar preparados para pasar a la Orden de la Noche, en palabras de Paul Valery. ¿Qué nos espera allí? Existen varias respuestas, pero una es indiscutible: “Solo hay una cosa tan segura como la muerte. La vida” (Charles Chaplin).

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