Tribuna abierta

Frente a la utilización del miedo y el silencio en Israel, algo se mueve

Por Germán Gorráiz López - Miércoles, 7 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Jimmy cARTER, el expresidente de Estados Unidos que pasó a la historia por lograr el acuerdo de Camp David entre Israel y Egipto en 1979, se ha distanciado de la política de los sucesivos gobiernos de Netanyahu. En su libro Palestina, Paz no Apartheid, Carter denuncia el “sistema de apartheid que Israel aplica sobre los palestinos”. Asimismo, denuncia “el incumplimiento por parte de Israel de los compromisos adquiridos en 2003 bajo los auspicios de George W. Bush”, que incluían las exigencias de la congelación total y permanente de los asentamientos de colonos judíos en Cisjordania así como el Derecho al retorno de los cerca de 800.00 palestinos que se vieron forzados a abandonar Israel tras su constitución como Estado en 1948 (Nakba). Esta hoja de ruta había sido aceptada inicialmente por Israel y ratificada posteriormente por Olmert y Abbas en la Cumbre de Annapolis (2007) con la exigencia de “finiquitar la política de construcción de asentamientos en Cisjordania y flexibilizar los controles militares que constriñen hasta el paroxismo la vida diaria de los palestinos”.

El mensaje diáfano de Carter sería que “la paz es posible a través del diálogo y que Israel y Estados Unidos tienen que negociar con Hamás y con Siria, dos actores cruciales en la política de Oriente Próximo”. Pero ambos postulados serían un misil en la línea de flotación de la doctrina del gobierno de Netanyahu que aspira a resucitar el endemismo del Gran Israel (Eretz Israel), ente que intentaría aunar los conceptos antitéticos del atavismo del Gran Israel que bebe de las fuentes del sustrato bíblico y la concepción de un estado democrático incardinado en el siglo XXI, heredero de los postulados ideológicos de Theodor Herzl, considerado el Padre del actual Estado de Israel y fundador del sionismo.

Así, Herzl en su libroEl Estado judío: ensayo de una solución moderna de la cuestión judía, propuso la creación de un Estado judío independiente y soberano para todos los judíos del mundo al tiempo que promovió la creación de la OSM (Organización Sionista Mundial);y en su obra La vieja Nueva Tierra (1902), sienta las bases del actual Estado judío como una utopía de nación moderna, democrática y próspera.

la manipulación del grupo Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud y uno de los pioneros en el estudio de la psicología de masas, en su libro Cristalizando la opinión pública, desentraña los mecanismos cerebrales del grupo y la influencia de la propaganda como método para unificar su pensamiento. Así, según sus palabras, “la mente del grupo no piensa, en el sentido estricto de la palabra. En lugar de pensamientos tiene impulsos, hábitos y emociones. A la hora de decidir, su primer impulso es normalmente seguir el ejemplo de un líder en quien confía”. La propaganda del gobierno de Netanyahu se dirige así no al sujeto individual sino al grupo en el que la personalidad del individuo unidimensional se diluye y queda envuelta en retazos de falsas expectativas creadas y anhelos comunes que lo sustentan, sirviéndose de la dictadura invisible del temor al Tercer Holocausto, proceda de Hamás, de Hezbolá o de Irán.

El golpe de los ‘haredim’Sin embargo, la teórica política judío-alemana Hannah Arendt, en su libro Eichmann en Jerusalén, subtitulado “Un informe sobre la banalidad del mal”, nos ayudó a comprender las razones de la renuncia del individuo a su capacidad crítica (libertad) al tiempo que nos alertaba de la necesidad de estar siempre vigilante ante la previsible repetición de la “banalización de la maldad” por parte de los gobernantes de cualquier sistema político, incluida lasui-genéris democracia judía. Como señala Maximiliano Korstanje, “el miedo y no la banalidad del mal hace que el hombre renuncie a su voluntad crítica, pero es importante no perder de vista que en ese acto el sujeto sigue siendo éticamente responsable de su renuncia”.

El gobierno Netanyahu incumple, en su política hacia el Eretz Israel, los acuerdos tejidos hacia la paz;y una minoría ultraortodoxa se hace fuerte dentro del Estado, pero la muy diversa sociedad israelí comienza a exigir cambios

Desaparecieron

En todo caso, se podría intuir que algo se mueve en la sociedad israelí, que en este siglo XXI (80% de judíos frente a un 20% de población árabe) es un crisol de razas, costumbres, lenguas y valores que tan solo tendrían en común su origen judío y en la que se estaría produciendo un golpe de mano silencioso de una minoría ultraortodoxa (los haredim que aunque tan solo representan el 10% de su población serían un Estado dentro del Estado) para fagocitar todas las áreas sensibles del poder del Estado judío (Interior, Vivienda, el Mosad y los mandos del Tzáhal o Ejército judío) e intentar imponer la Halajá o ley judía a más del 40% de población que se declara laica, segmento que es de filiación europea, inmerso en la cultura y modo de vida occidentales y que desea ser regida por la ley civil como en las demás democracias formales occidentales.

Complicidad social... y rechazoLa sociedad israelí, en su inmensa mayoría, sería cómplice silenciosa y colaboradora necesaria en la implementación del sentimiento xenófobo contra la población árabe-israel: según la encuesta sobre derechos civiles Association for Civil Rights in Israel Annual Report for 2007 publicada por el diario Haaretz, “el número de judíos que manifiestan sentimientos de odio hacia los árabes se ha doblado y el 50% de los judíos israelíes se opondrían ya a la igualdad de derechos de sus compatriotas árabes. Como lo sería en el incremento del régimen de apartheid en los guetos palestinos de Cisjordania y Gaza en los que la población palestina estaría sometida al régimen jurídico-militar en lugar de depender del poder civil como la israelí. Esa complicidad tiene, como síndrome, hasta un nombre, “la burbuja de Tel Aviv”.

Sin embargo, algo se mueve en la sociedad israelí pues la izquierda israelí logró congregar a miles de personas en Tel Aviv en una manifestación con el lema Dos naciones una esperanza: en contra de 50 años de ocupación, para rechazar medio siglo de ocupación de los territorios palestinos.

La protesta, liderada por la organización pacifista israelí Shalom Ajshav (Paz Ahora), reivindicaba con eslóganes escritos y gritados que “cincuenta años es suficiente” y “judíos y árabes se niegan a ser enemigos”.

Por su parte, el diputado árabe Ayman Odeh aseguró que “es importante que el pueblo salga a las calles y ponga al gobierno contra la pared. Y que la lucha aquí, hoy, sea de ciudadanos judíos y árabes juntos, da esperanza, tenemos que construir esa unidad para acabar con la ocupación horrorosa que nos daña a todos”.

¿Será posible?

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