Asier Larrucea Alcalde de Galdames

“El equipo de emergencias nunca había vivido un rescate tan complejo”

Galdames trata de recobrar la rutina con gran tristeza por no haber podido recuperar el cuerpo del espeleólogo fallecido el jueves en una cueva local

Una entrevista de Elixane Castresana - Martes, 6 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Asier Larrucea, alcalde de Galdames.

Asier Larrucea (Foto: Juan Lazkano)

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Asier Larrucea, alcalde de Galdames.

Galdames- Del operativo que se desplegó entre el jueves y el domingo tras tener conocimiento de la muerte, en la llamada cueva de los Cuervos de Galdames, del espeleólogo de Santurtzi José Antonio Gambino, solo permanece en la plaza de San Pedro una patrulla de la Er-tzaintza. Han sido días difíciles para un municipio donde el joven “era muy conocido porque venía desde hace años”, según apunta el alcalde. Asier Larrucea se siente “triste” por la tragedia y “decepcionado” al no haber podido entregar la familia el cuerpo atrapado a veinte metros de profundidad en una gruta muy inestable. “Ante la peligrosidad que entrañaba el rescate”, se decidió no seguir adelante para no poner en riesgo más vidas.

¿Qué va a pasar ahora con la cueva? ¿Quedará sellada?

-Todavía no podemos asegurarlo, pero creo que lo ideal sería taponarla para evitar otras posibles desgracias, porque está desprendiéndose material.

En un paisaje como el de Galdames lleno de cavidades, ¿se puede hacer algo para que no haya que lamentar otra desgracia?

-Desde el Ayuntamiento mantendremos conversaciones con Medio Ambiente y con el grupo de espeleología de Galdames, Burnia, por si pudiéramos ayudar de alguna manera. No obstante, es complicado catalogar e intentar cercar las zonas peligrosas. Podría llevarnos no sé si meses o años... Y, además, es que tampoco sabemos con total seguridad qué puntos son peligrosos y cuáles no. Puedes ver un agujero pequeño y luego resulta que la grieta conduce a un nivel más profundo. No hay que olvidar que nos encontramos en un núcleo de explotaciones mineras antiguas repleto de grietas, cuevas y galerías. De hecho, a veces incluso el ganado, que conoce el terreno y se mueve con astucia, se ha precipitado tierra adentro en simas.

¿Recuerdan en el entorno algún accidente similar al de la semana pasada?

-No de este calibre. Los equipos de emergencia que se desplazaron a Galdames comentaban que nunca habían vivido un rescate tan complejo. El sábado pudimos juntarnos unas cien personas en total bajo la coordinación de emergencias de Gobierno vasco. Por nuestra parte, ofrecimos el frontón para el campamento base que habilitó la Cruz Roja y un local para la familia. También contactamos con los dos bares del barrio de San Pedro, que facilitaron alimentos calientes, y con talleres de Galdames, Sopuerta y Zalla. A todos ellos, y a los equipos de emergencias, que me han impresionado por su humanidad en estas terribles circunstancias, les agradecemos cómo se han volcado asumiendo un volumen de trabajo mayor al que soportan cualquier otro día. También es de destacar la colaboración de Gaztainaga Elkartea, organizadores de la Mendi Bira que tuvo lugar el sábado en un clima muy respetuoso.

¿Qué tipo de herramientas pidieron a estos talleres?

-Cuando se alcanzó la cavidad más pequeña se planteó apuntalar con materiales fuertes que ocupasen menos espacio que la madera y a la vez pudieran soportar la presión que ejerce el terreno.

Sin embargo, se optó por suspender definitivamente el rescate.

-En la madrugada del sábado al domingo se llegó a un punto de peligrosidad terrible. Sobre las 4.30 se pararon las labores y se llevaron a cabo varias reuniones con todos los grupos: espeleología, bomberos, Er-tzaintza, emergencias de Gobierno vasco y también con los asturianos que vinieron a ayudar, y se decidió que no se podía seguir con ese grado de riesgo.

Sin duda, sería una medida difícil de adoptar.

-Muchísimo, porque las emociones nos pedían continuar. Pero ya no había que vigilar solo la parte delantera por donde se iba a avanzar. Es que teníamos que controlar también cómo reaccionaba la trasera. En diferentes fotos y vídeos que examinamos se apreciaba que la cueva se estaba moviendo, que caía arena y piedra. Ahí se decidió no poner en riesgo más vidas.

Desde la sociedad de espeleología Burnia de Galdames también pusieron sus conocimientos al servicio del dispositivo.

-Llevan años sacando al aire libre nuestro patrimonio subterráneo y me da pena que esa labor, no lo suficientemente divulgada, se conozca a raíz de una desgracia. Entre el jueves y el domingo permanecieron al pie del cañón, aportando su experiencia y jugándose el tipo para ayudar a rescatar a su compañero y amigo. A José Antonio se le veía con frecuencia por el pueblo tomándose un café, venía mucho.

¿Se han planteado rendirle algún tipo de homenaje?

-Aún es pronto para saberlo. En cualquier caso, el Ayuntamiento de Galdames está aquí para lo que necesiten y lo que decidan la familia y la sociedad de espeleología Burnia.

las claves

“Las emociones nos pedían continuar, pero la gruta se movía y se decidió no poner en peligro más vidas”

“Podría llevarnos meses, hasta años, intentar cercar o catalogar las zonas peligrosas”

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