Enkarterri

Al volante de reliquias de cuatro ruedas

Arranca en Galdames un rally europeo de coches fabricados antes de 1939

Un reportaje de Elixane Castresana - Lunes, 5 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

La prueba congregó en la Torre Loizaga a 22 coches llegados a Enkarterri por carretera o ferri desde varios países de Europa. Fotos: E. Castresana

La prueba congregó en la Torre Loizaga a 22 coches llegados a Enkarterri por carretera o ferri desde varios países de Europa. (Foto: E. Castresana)

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La prueba congregó en la Torre Loizaga a 22 coches llegados a Enkarterri por carretera o ferri desde varios países de Europa. Fotos: E. Castresana

UNA mansión, el verde de la campiña bañado por la lluvia, gorro, pajarita, chaquetas de Tweed y un Rolls Royce Silver Ghost de 1911. ¿Downton Abbey? No, la Torre Loizaga. Galdames acogió ayer la salida del rally Vía Ibérica, una prueba que reúne 22 automóviles fabricados antes de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) que recorrerán las carreteras camino de Santiago de Compostela, donde realizarán un alto antes de regresar hacia su último destino: la localidad cántabra de Fuente Dé, en el corazón de los Picos de Europa. Nostálgicos del motor llegados de varios países europeos disfrutaron de una visita por la colección que reunió Miguel de la Vía y un aperitivo previos al comienzo de una aventura de 1.750 kilómetros en nueve días.

La comitiva que se congregó frente a la fortaleza hubiera hecho las delicias del artífice de que este rincón de Enkarterri se convirtiera en referente del motor a nivel mundial. “Es una master class para los que amamos los vehículos clásicos. Desde luego, mejor que muchos museos”, dijo la londinense Brigitte Callow, que participa con su marido, Roy, tras admirar uno de los Rolls expuestos en Galdames, que perteneció a la reina madre de Inglaterra, según les explicaron.

Ellos encajan con el perfil de buena parte de los participantes: parejas que aprovechan su retiro profesional para regalarse una experiencia inolvidable. Aunque no todos pueden permitirse guardar uno de estos coches en el garaje. “Lo esencial para el mantenimiento es moverlos, que no se queden quietos”, explicaron los Callow sobre la joya que condujeron y que utilizan “en celebraciones familiares, como bodas”.

Richard Biddullah se sintió “como si me hubieran metido en el túnel del tiempo” durante el paseo por los pabellones que cerraron tomando café en uno de los salones de la torre. Propietario del automóvil más antiguo de los inscritos, “un Rolls Royce Silver Ghost Rois de Belges fabricado en 1911”, él no desentonaba en absoluto con el entorno. Vestido con chaqueta y pajarita, respondió con una sonrisa a la pregunta de si se había inspirado en el personaje del piloto Henry Talbot de la popular serie inglesa que narra las andanzas de la familia Crawley entre 1912 y 1925. “Vivimos en Londres. Hemos venido con el coche en el ferri hasta Santander y lo hemos conducido desde allí”. Barco desde Inglaterra o camiones y remolques procedentes de Bélgica, Holanda o Francia fueron los medios de transporte elegidos para una cita que huye de modernidades en todos sus apartados. Así, conductores y copilotos se alojan en paradores durante el trayecto y “les está prohibido utilizar el GPS;para que se orienten les hemos entregado un mapa de carretera”, señaló Bart Kleyn, el organizador del rally Vía Ibérica. Un evento heredero de la Vía Flaminia, la ruta por Italia, “bautizada en honor a una calzada romana”, con la que comenzó este calendario sobre ruedas hace diez años. El éxito animó a sus impulsores a copiar el formato en la cornisa Cantábrica, “Grecia o el Cáucaso” con el mismo resultado. De hecho, “muchos participantes repiten, teniendo presente que “no es una carrera al uso, hay poco de competición”, tal y como matizó el organizador.

En una Torre Loizaga próxima a recordar el primer aniversario de la boda hindú que revolucionó la comarca, la caravana del motor sorprendió ayer por la mañana a los numerosos turistas que se acercaron al museo. En un primer momento pensaron que se trataba de los vehículos de la colección de Galdames estacionados en el jardín como parte de un chequeo rutinario, no tardaron en llenar sus teléfonos móviles de fotografías. Una curiosa imagen para regresar de golpe al siglo XXI.

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