se cumple una semana de la tragedia de Zorrotza

“La construcción antigua está muy abandonada”

Cascotes que se desprenden, ventanas destartaladas, accesos imposibles... Una semana después de la tragedia de Zorrotza, asociaciones de vecinos desvelan otras áreas de infraviviendas que, aunque son pocas, existen en Bilbao

Un reportaje de Arantza Rodríguez - Domingo, 4 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Karmelo Anakabe, presidente de la asociación Zabala Berri, muestra el grado de deterioro de una escalera comunitaria. Foto: Borja Guerrero

Karmelo Anakabe, presidente de la asociación Zabala Berri, muestra el grado de deterioro de una escalera comunitaria. Foto: Borja Guerrero

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Karmelo Anakabe, presidente de la asociación Zabala Berri, muestra el grado de deterioro de una escalera comunitaria. Foto: Borja Guerrero

HAN instalado bandejas en su fachada para frenar en seco a los cascotes desprendidos y evitar que causen una desgracia y dicen que es imposible que un camión de bomberos o una ambulancia lleguen a su puerta. Situado en la mitad de la calle Ollerías, este edificio es, según la Federación de asociaciones de vecinos de Bilbao, “el de mayor riesgo que está habitado”. “Puede tener más o menos las mismas características que el de Zorrotza y habría que darle de forma urgente una solución”, apremia Carlos Ruiz, el vicepresidente de la Federación.

No es el único inmueble al que habría que meterle, sino una excavadora de demolición, al menos un buen puñado de gremios para rehabilitarlo. “La construcción antigua está abandonada”, confirma Karmelo Anakabe, presidente de la Asociación de vecinos Zabala Berri, aún conmovido por el trágico incendio que sumió en dolor a Zorrotza hace ocho días. “Que hayan muerto un padre, una madre y dos hijos es una tragedia que impacta mucho a la ciudadanía, aunque en la manifestación de duelo no estábamos más que 200 personas a lo sumo”, desliza.

“En esa tragedia hay una corresponsabilidad”

Destaca Karmelo Anakabe que la vivienda, escenario de la tragedia en Zorrotza, data de 1905, está construida de madera y ubicada en un área industrial. “Con la desindustrialización de estos últimos 20 años esos ámbitos han quedado muy degradados y abandonados de la mano del Ayuntamiento. Por parte de los vecinos hay cierta responsabilidad en el sentido de ir a ocupar viviendas que están inhabitables y con fuertes problemas de seguridad. Yo entiendo que hay una corresponsabilidad en esa tragedia”, concluye, sin más pretensión que la de aportar su punto de vista en base a la información que ha trascendido hasta la fecha.

Con la vista ya puesta en su barrio y la etiqueta de infravivienda por colocar, se detiene en el portal número 23 de la calle Zabala. “Son viviendas interiores, que tienen las escaleras rotas. En las fachadas las ventanas están todas destartaladas y tienen un estado de abandono total. Uno entra a ese patio interior y le entra mucha preocupación en el sentido de cómo se puede vivir en viviendas tan deterioradas”, explica y aclara que lo han puesto en conocimiento de las autoridades. “Está registrada por el Ayuntamiento con ánimos de regeneración urbana, pero no hay movimientos”, afirma.

A ojo calcula que podrían vivir en esos bloques una treintena de familias. “Normalmente es población de bajos recursos. Aquí los niveles de cobranza de RGI son muy altos. Hay autóctonos, comunidad gitana, africana, árabe... Es un barrio, como San Francisco, de acogida de la inmigración por las bajas rentas existentes. Hay unos niveles de pobreza importantes”, describe. Eso, unido a que “la mayoría están de alquiler”, hace mella en los inmuebles. “No hay un mantenimiento estable de esas viviendas. Entonces se van deteriorando poco a poco”, constata.

A la hora de atajar este problema, dirige su mirada al Ayuntamiento, a quien acusa de “estar más preocupado por vender el Bilbao moderno para atraer a los turistas que por regenerar los ámbitos degradados” y a quien insta a “intervenir con firmeza, yo diría hasta con autoridad, cosa que no hace”. “Alguien que vive en una vivienda en bajas condiciones de habitabilidad y no tiene a dónde ir, siempre se va a resistir a salir. Si el Ayuntamiento se ampara en eso y no presiona, los problemas se quedan sin resolver y luego saltan estos temas”. Estos temas son el incendio de Zorrotza o un derrumbe que hubo en un edificio de Masustegi, “un barrio muy degradado”. “No pasó nada porque en ese momento no estaban allí los que lo habitaban”, da gracias, pero “el incendio del otro día en Zorroza clama al cielo”.

“Un edificio, en situación de riesgo importante”

Llevan dos años pateándose los barrios y poniendo la lupa en las infraviviendas de Bilbao. “Las clasificamos en dos categorías: las que tienen problemas de habitabilidad, pero no están en riesgo de hundimiento, y las que corren un riesgo importante”, explica Carlos Ruiz, vicepresidente de la Federación de asociaciones vecinales de Bilbao. Este segundo grupo lo encabezaría, según su diagnóstico, el edificio de “cien o ciento y pico años” que se ha quedado “prácticamente aislado” a la altura de la mitad de la calle Ollerías y al que “sería imposible que llegaran los vehículos de emergencia”.

Aparte de tener la fachada “bloqueada por el tramo del ascensor tipo funicular” que hay instalado en la calle, el inmueble está deteriorado. “El edificio está en una situación de riesgo muy importante hasta el extremo de que el propio Ayuntamiento ha instalado bandejas para evitar que los cascotes que se desprenden del tejado y de la propia fachada caigan sobre los viandantes. Las bandejas no solo tienen cascotes, sino incluso hasta una bombona de butano”, advierte Ruiz, quien no se atreve a decir que “esto o se hace o se cae. Eso lo tiene que valorar un ingeniero técnico”. También en “la zona antigua de Zorrozaurre”, apunta, se pueden encontrar “algunos edificios que, a pesar del compromiso que se adquirió, están sin terminar de rehabilitar y que presentan malas condiciones de habitabilidad con riesgo medio”.

Aunque no atisban en ellos un peligro de derrumbe inminente, tienen detectados otros inmuebles degradados en Masustegi, “que es un desastre urbanístico donde se mezclan huertas y casas”, y Betolaza. “Prácticamente en todos los barrios altos de la ciudad en los años 50 y 60 se hicieron viviendas en unas condiciones muy precarias. Las plantas bajas, sobre todo, tienen humedades, filtraciones, que pueden producir enfermedades a las personas que residen en ellas y en algunos casos incluso hay riesgo de desprendimiento de ladera de monte”, cuenta.

Lo mismo sucede, prosigue, en la zona de Zazpilanda, en Zorrotza, “donde se nota una franja de metro o metro y pico de humedad en las plantas bajas”. “Estas cuestiones debieran tenerse en cuenta y ver si, como se hizo en su día con algunas viviendas de Otxarkoaga, debieran de desalojarlas a medio plazo porque son elementos que producen enfermedades”, reitera.

En sus visitas a todos estos rincones degradados de Bilbao, cuyo estado volverán a revisar dentro de año y medio, Ruiz ha podido constatar que la mayoría de sus habitantes son “personas mayores con bajos ingresos y dificultades para desarrollar la vida normal en su movilidad”. Las viviendas, por su parte, suelen ser de pequeño tamaño y dan cobijo a una media de entre 4 y 6 residentes. Aunque “la mayor parte de la gente no quiere hablar porque no quiere reconocer que es pobre”, ha observado que “suelen ser personas que llevan toda la vida viviendo en esa casa y eso es lo que más les vincula a ella”. En Masustegi, por ejemplo, dice, vive “gente que vino en masa a la industria y que ahora ya son mayores”. En San Francisco, donde el censo de personas inmigrantes es mayor, “hay viviendas que no reúnen condiciones, pero no están en situación de riesgo”, aclara.

El deterioro trepa por las paredes fundamentalmente por la falta de recursos y de un tiempo a esta parte avanza más rápido que nunca. “Sobre todo en los últimos diez años hay mucha gente de esos barrios que tiene pensiones bajas o recursos bastante limitados porque siempre tienen a alguna persona en paro en casa o incluso están viviendo hijos y nietos a cuenta de determinadas pensiones”, comenta. A la falta de presupuesto para acometer las obras, se le unen otras dificultades, como que “la rehabilitación de una vivienda normalmente es una decisión que tiene que tomar la comunidad, que cuesta bastante dinero y cuyos permisos o subvenciones no se saben tramitar muy bien”, añade Ruiz, quien añade que “muchas veces no se hace por dejadez”.

“Hay apego, gente que no quiere desprenderse”

Después de las fatidicas inundaciones ocurridas en 1983, recuerda Pedro Castañares, presidente de la Asociación de familias Iturrigorri-Peñascal, “el plan que se tenía que haber hecho de rehabilitar el barrio por entero no se llegó a hacer por el costo que tenía” y, aunque “la riada destruyó bastantes zonas”, quedaron otras en pie, como Iturrigorri y Gardeazabal, que albergan “aquellas viviendas construidas de noche en los años 50 y 60”.

El problema del barrio, sin embargo, “no es que se vayan a caer la casas”, aunque sí que ha habido que “reforzar los pilares de alguna lonja”, sino que “no reúnen las condiciones de una vivienda digna”. “Lo consideramos infravivienda porque son de bajo tamaño, malas calidades y accesibilidad. No había saneamiento ni instalación de agua en condiciones, ni tenían telecomunicaciones. No era por riesgo de derribo, como las casas de Zorroza”, aclara y añade que “hay viviendas que están en laderas y había que subir hasta 300 y 400 escalones”.

Este vecino confía en que para 2018 desaparezcan “las dos zonas más problemáticas” del barrio. De hecho, detalla, “ya están construidos y a la espera de hacer la entrega los dos edificios donde serán realojados los vecinos de Iturrigorri, cuyas viviendas serán demolidas”. Entre ellos, dice, “hay gente que lleva viviendo ahí toda la vida, gente que compró durante el boom inmobiliario porque era más económico que otros sitios y también inmigrantes”.

Tras destacar que el Plan General de Ordenación Urbana contempla “mejorar la accesibilidad” del barrio, Castañares destaca el buen entendimiento entre los vecinos expropiados y el Ayuntamiento. “Los acuerdos de los que tenemos noticia han sido satisfactorios por las dos partes”. No siempre es así, advierte. “Hay casas en laderas con malas accesibilidades que están bien edificadas y conservadas y hay apego, gente que no quiere desprenderse”.

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