El terreno inestable demorará el rescate del espeleólogo muerto

Unas cincuenta personas trabajan sin descanso en Galdames
El operativo podría prolongarse durante días

Elixane Castresana - Sábado, 3 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Varios miembros del equipo de rescate esperan en la boca de la cueva de Galdames donde quedó atrapado José Antonio en la tarde del jueves.

Varios miembros del equipo de rescate esperan en la boca de la cueva de Galdames donde quedó atrapado José Antonio en la tarde del jueves. (Foto: Borja Guerrero)

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Varios miembros del equipo de rescate esperan en la boca de la cueva de Galdames donde quedó atrapado José Antonio en la tarde del jueves.

Galdames- “Le vi sobre las 11.45 horas, ya equipado para entrar y pensé: va solo ¿y si pasa algo?”. El mal presagio de Javier García se hizo realidad de la peor manera posible. La siguiente noticia que este vecino de Galdames tuvo del espeleólogo de Santurtzi José Antonio Gambino fue que había muerto, sepultado bajo tres metros cúbicos de rocas en la cueva 45 de la torca de Arañaga, próxima al barrio de San Pedro, el centro administrativo de la localidad. “En el pueblo se la conoce como cueva de los cuervos”, apuntó. Una cavidad muy estrecha e inestable. Precisamente, el riesgo de que puedan producirse más desprendimientos ha llevado a extremar la precaución para cumplir el “compromiso de recuperar el cadáver con todas las garantías de seguridad”, según remarcó el viceconsejero de Seguridad, Josu Zubiaga. Al cierre de esta edición, los efectivos de salvamento continuaban trabajando sin descanso en un operativo que podría tardar días en resolverse, dada la dificultad de alcanzar el punto donde ocurrió el siniestro, a veinte metros de profundidad.

Hasta tres veces, la primera de ellas en la madrugada del viernes tras recibir el aviso a las 0.55 horas, se exploró la gruta para analizar las diferentes opciones tras constatar que se había producido un derrumbe que atrapó al experimentado espeleólogo. “Existe un pozo a 15 metros que conduce a otro y desde este segundo nivel hay unos 15 minutos de descenso. Creemos que el cuerpo ha podido golpear alguna roca, lo que habría provocado el colapso”, señaló el responsable técnico de emergencias del Gobierno vasco, Gaizka Etxabe. En una reunión de urgencia celebrada en un local llamado Arenaza, igual que la cercana cueva de Arenaza, que atesora pinturas rupestres del Paleolítico, se decidió “retirar los escombros, ensanchar la cavidad mediante microvoladuras, y apuntalar la estructura” a fin de preparar el terreno. Así lo transmitió el viceconsejero, que expresó sus “condolencias” a los allegados del joven. También lo hizo el alcalde de Galdames, Asier Larrucea, que se mantuvo en contacto con la regidora de Santurtzi, Aintzane Urkijo. El Ayuntamiento habilitó un local para que la familia del fallecido descansara en la medida de lo posible en las angustiosas horas de espera. Asimismo, se acondicionó el frontón para los componentes del efectivo que preveían pernoctar en la localidad.

Y es que el complejo despliegue requirió la presencia en Galdames de Ertzaintza, el equipo de respuesta inmediata en emergencias de la Cruz Roja, bomberos de Bizkaia, bomberos de Gipuzkoa especializados en estas tareas y SOS Deiak, respaldados por asociaciones de espeleología de Euskadi, Asturias y la agrupación local, Burnia, que había explorado el lugar con anterioridad. En total, unas cincuenta personas.

Incluso a los más experimentados les costaba recordar un incidente de fatales consecuencias en una comarca repleta de simas y cuevas. Algunos mencionaron el accidente ocurrido en la torca del Carlista de Karrantza, una de las superficies subterráneas más grandes del mundo. En 1980 un joven de Balmaseda falleció al enredarse la cuerda durante el descenso, lo que le dejó sin puntos de apoyo ni casi posibilidades de moverse. Lo recoge el libro sobre este singular espacio publicado hace unos meses bajo la coordinación de Javi Moreno y Josu Granja. “Desde entonces los rescates han evolucionado muchísimo, de alguna forma aquello marcó un punto de inflexión”, subrayaron desde la Unión de Espeleólogos Vascos de Socorro.

La primera expedición se puso en marcha sobre las 11.40 horas desde el barrio de San Pedro hacia la cueva, a unos diez minutos a pie. “Hay seis especialistas de la Ertzaintza: cuatro dentro y dos fuera de la cueva, que desempeñan labores distintas. Se han llevado también grupos electrógenos y gasolina para funcionar con taladros”, precisó Pedro Intxaurraga, también de la Unión de Espeleólogos Vascos de Socorro. Estimaban seis horas para poder llegar al cuerpo. Sin embargo, pasadas las 19.30 horas aún seguían las microvoladuras y todavía no se había comenzado a apuntalar.

Mientras tanto, vecinos y el resto de implicados en el operativo aguardaban noticias. Según contaban, si un espeleólogo se adentra solo en una cueva confía a otro el tiempo que emplearía en la expedición con el fin de que se activen las alarmas si tarda en regresar, como sucedió en el caso de José Antonio.

Justo hoy está programada la XVIII edición de la marcha de montaña de Galdames, que ayer se tiñó de luto. Todo parece indicar que se celebrará, aunque desviando parte del trazado.

Dispositivo

Con cautela

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