Rojo sobre blanco

Ruedas de molino

Por José L. Artetxe - Viernes, 2 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:04h

Ernesto Valverde posa con el presidente del Barça, Josep Maria Baromeu.

Ernesto Valverde (d), posa con el presidente del Club, Josep Maria Baromeu (i) (EFE)

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Ernesto Valverde posa con el presidente del Barça, Josep Maria Baromeu.

EL último capítulo del tránsito de Ernesto Valverde del Athletic al Barcelona se escenificó ayer y el protagonista insistió en que había tomado la decisión de dirigir a los azulgranas después de que cerrase oficialmente su etapa en el banquillo de San Mamés. En la rueda de prensa de Bilbao aseguró no haber hablado personalmente con ningún club, si bien gracias a sus agentes estaba al tanto de la existencia de algunos pretendientes. Ante la prensa catalana remachó el mismo clavo de que primero dejó el Athletic y luego se comprometió con el Barça, al revelar que su primer contacto con Robert Fernández, secretario técnico culé, tuvo lugar el pasado lunes, solo unas horas después de haber aceptado la propuesta que le vincula contractualmente al Barça.

Tanto afán por mantener una versión de los hechos que sencillamente resulta increíble obedecerá a alguna razón, pero cuesta desentrañarla. Será quizá que Valverde ha querido dejar su profesionalidad a salvo de cualquier sospecha, en el sentido de que ha pretendido dejar claro que se dedicó en cuerpo y alma al Athletic hasta el último momento. A este respecto recordar que cierto día, para no responder en Lezama a las machaconas preguntas sobre su posible marcha al Barcelona, recordó que su equipo estaba aún compitiendo, dando a entender que por tanto ese tema no ocupaba su cabeza.

Bien, dicha postura ha encajado posteriormente con todo lo que Valverde ha dicho desde que acabó la liga y hasta ayer mismo. Sin embargo, a Josep Maria Bartomeu se le escapó con antelación a la celebración de la final de Copa que presentaría al sustituto de Luis Enrique tras dicho partido. Lo adelantó porque lógicamente estaba hecho. Y si esto era así es porque una entidad de la dimensión del Barcelona, que además conoce desde hace meses que su técnico lo deja, planifica con margen suficiente la sucesión y, por añadidura, la siguiente campaña. Lo que es inconcebible es que Bartomeu pueda estar pendiente de que su elegido responda a su oferta cuando supuestamente lo ha hecho, es decir este pasado fin de semana.

Es posible que Valverde no encontrase el momento idóneo para transmitir públicamente su intención de poner el punto final a su fructífera etapa en el Athletic, que optase por la fórmula de dejarlo para más adelante y que la propia dinámica de la temporada le abocase a esta ceremonia que ha causado extrañeza y hasta malestar porque no se sostiene. Él sabía a ciencia cierta que su futuro estaba en otra parte mucho antes y hay que suponer que se lo dejaría caer a Urrutia en el marco de la estrecha relación que han cultivado desde siempre. Y que el Barcelona, sabedor desde el primero de marzo de que necesitaba recambio para su dirección técnica, no tardó en contactar con Valverde o, si se prefiere, con su representante. A partir de ahí, no hay por qué dudar de que Valverde se esforzase por continuar su tarea en el Athletic como si nada. Otra cosa es que lograra semejante objetivo, que en su ánimo y en su mente no influyera en absoluto la tesitura de verse en el corto plazo sentado en el Camp Nou, una empresa que a cualquiera le quitaría el sueño.

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