Editorial

Puentes para la acogida

Como recordaron el pasado miércoles los niños de la guerra vascos, hoy somos nosotros los que tenemos la obligación moral de ser tierra de acogida para los refugiados que huyen de la guerra

Lunes, 29 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:02h

EL pasado miércoles 24 de mayo, el puerto de Santurtzi fue escenario del homenaje tributado a más de 4.000 niños de la guerra vascos que hace justo 80 años huyeron de las balas y las bombas a bordo de los buques Habana y Goizeko Izarray que fueron acogidos en países europeos como Francia, Reino Unido y la URSS. Algunos de aquellos supervivientes recordaron durante el homenaje que hace cuatro décadas eran exilados obligados a huir por la guerra, al igual que ahora ocurre con los refugiados sirios. “Recordemos que nosotros estuvimos en su misma situación, debemos ayudar a esas personas de la misma manera que se nos ayudó a nosotros”, afirmó uno de los protagonistas. En efecto, ese mismo día en que se conmemoraba aquel duro viaje, la Guardia Costera italiana informaba de que al menos 34 inmigrantes, de ellos unos diez niños, habían muerto en el Mediterráneo al naufragar su embarcación, en la que se apiñaba medio centenar de personas. Ese día, los guardacostas habían asistido a unos 1.800 inmigrantes en el mar. Como ayer mismo recordaban las personas que se concentraron en Bilbao dentro de la campaña Hospitalidad.espromovida por las obras sociales jesuitas del Estado, el drama de los inmigrantes y de las personas que huyen de la guerra, la persecución y la violencia continúa sumando víctimas mortales y llenando los campos de refugiados donde malviven decenas de miles entre la indiferencia de Europa y sus instituciones. Dos años después de la crisis, la situación, lejos de mejorar, ha empeorado aún más. En lo que va de año, más de 1.300 personas han muerto en el Mediterráneo y casi 60.000 han alcanzado las costas europeas, según la Organización Internacional para las Migraciones. En este contexto, movilizaciones sociales como la de ayer en la que se insistió en que debemos convertirnos en “puente” y “tierra de acogida” y otras que tienen lugar periódicamente en favor de los refugiados vienen a recordar la necesidad de la concienciación e implicación directa de la sociedad y, sobre todo, de las instituciones para la acogida de migrantes, tal y como sucedió hace 80 años con los niños de la guerra. En este sentido, cobra cada vez mayor urgencia la necesidad de medidas concretas, como la de los corredores humanitarios que plantea abrir el Gobierno vasco como vía legal, práctica y solidaria para la acogida de personas.

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