Telele

Se metió monja

José Ramón Blázquez - Lunes, 29 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:04h

Columnista José Ramón Blázquez

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Columnista José Ramón Blázquez

por meterse algo, añadía mi inolvidable amigo. Algo así ha reproducido Paz Vega en su papel de profesional católica en la serie Perdóname, Señor, triunfadora en su estreno, con casi el 20% de la audiencia el miércoles pasado, en Telecinco. No es una nueva versión de Sor Citroën, pero se aproxima. Es un culebrón tan barato en su concepto, tan simple en la caracterización social y tan previsible en su relato que prefería a Gracita Morales y su voz de pito que a esta monjita adulterada en su papel de redentora de vidas descarriadas por la droga y el desempleo. Por comparación, esta Sor Lucía podría llamarse Sor Toyota, por lo híbrido de su personaje, mitad resurrección del Padre Brown, el cura detective de Chesterton, y mitad de la monja alférez, Catalina Erauso, donostiarra y de armas tomar;pero la andaluza no tiene media hostia.

Una religiosa regresa a su pueblo natal, Barbate, con su leyenda de madre soltera, redimida por los hábitos. A partir de esta baratija se despliegan situaciones y tipos absurdos, hasta enredarse en el discurso legitimador del tráfico de drogas, que distingue entre buenos y malos: los jóvenes, que han de subsistir;y los empresarios, que se enriquecen con la tragedia del consumo. Y en medio, la Guardia Civil, inverosímil, que trata a los detenidos como colegas y neutraliza la corrupción entre los suyos. ¡El heroico paraíso benemérito! Hay un cura con sotana, de los que ya no existen ni en el Opus Dei, y un novio juvenil de la monjita que ahora es el jefe de la mafia. ¡Por Dios! Hasta a Corín Tellado, perpetradora de la novela reprimida del franquismo, le hubiera dado vergüenza una historia tan tiñosa.

Sin embargo, a la gente le gusta esta comida rancia. Al otro lado, el retorno de Twin Peaks nos ha regalado un apabullante banquete de surrealismo y misterios, con David Lynch en todo su esplendor y Kyle MacLachlan encarnando al agente Cooper y su doppelgänger, doble fantasmagórico. Es brutalmente genial. La tele también tiene dos realidades: una nos mata y la otra nos rescata.

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