500 millas de indianápolis

El dictado de Honda

Fernando Alonso abandona por rotura de motor las 500 millas de indianápolis a 21 vueltas del final tras llegar a liderar y mostrar opciones de un triunfo obra de su compañero Sato

Eduardo Oyarzabal - Lunes, 29 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

El asturiano Fernando Alonso, con el dorsal 29, pilota su monoplaza en uno de los momentos de las 500 Millas de Indianápolis. Fotos: Afp

El asturiano Fernando Alonso, con el dorsal 29, pilota su monoplaza en uno de los momentos de las 500 Millas de Indianápolis. (Fotos: Afp)

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El asturiano Fernando Alonso, con el dorsal 29, pilota su monoplaza en uno de los momentos de las 500 Millas de Indianápolis. Fotos: Afp

Bilbao- Quedaban 21 vueltas para la conclusión de la 101 edición de las 500 Millas de Indianápolis;se habían agotado 179 abrazos al Indianápolis Motor Speedway, el circuito con más capacidad de espectadores del mundo, ayer con 380.000 almas en sus graderíos y más de 100.000 en los aledaños disfrutando de la carrera desde las pantallas gigantes;el reloj marcaba cerca de 3 horas y 40 minutos de prueba transcurrida;de pronto el motor del monoplaza con el dorsal 29, del equipo McLaren Andretti Honda, expulsaba una nebulosa de humo, el coche se detenía irremediablemente ensuciando de aceite la pista;el motor japonés decía basta;el piloto salía del coche y amagaba con perder el equilibrio, rígido, de movimientos robotizados;el casco quedaba puesto para evitar que las miradas captaran gestos, para esconder sus sensaciones. “He sentido fricción, he visto humo... Una pena. Merecíamos acabar. No sé en qué posición, pero acabar”. Los sueños eran devorados por la frustración. La miel se quedaba en la comisura de los labios.

Fernando Alonso cambió de escenario en su búsqueda de proyectar al mundo cuán tamañas son sus dotes como piloto. En vista de que en la Fórmula 1 vive horas lamentables, incluso presentando los resultados más discretos de su carrera deportiva, dirigió su mirada hacia nuevos horizontes que le permitieran poner en pista todo su talento, sin condicionamientos mecánicos. Y su equipo, McLaren Honda en la F-1, para contentarle de alguna manera, para además promocionarse publicitariamente, aceptó el reto. Se contempló como una manera de que la temporada no fuese nula para todos, en vista de lo que acontece en el Gran Circo, y de que Alonso termina contrato este año e interesa tenerle contento porque difícil tiene McLaren resultar destino atractivo para pilotos de relumbrón. “Para ser el mejor piloto del mundo y el más completo tienes que ganar las mejores carreras que hay, tienes que ganar ocho campeonatos del mundo de F-1, para tener uno más que Michael (Schumacher), cosa bastante improbable, sobre todo en mi caso (por sus 35 años), y también en el de todos, es algo muy complicado. Si no, tienes que ganar el Campeonato del Mundo de Resistencia, el de Rallys, el París-Dakar, las 24 Horas de Le Mans, las 500 Millas de Indianápolis... Todo. Vamos a ir una a una, primero vamos a empezar por las 500 Millas”, justificaba Alonso. Ansiaba el asturiano llegar y besar el santo. Pero en Indianápolis también hay defectos mecánicos. Abandonó a falta de 21 vueltas por... Adivinen. Rotura de motor, el segundo de la semana. Alonso, que rodaba octavo pero pleno de opciones, se llevó su cruz a Indianápolis.

No obstante, el equipo McLaren Andretti Honda vivió las dos caras de la misma moneda, ya que el compañero de equipo de Alonso, Takuma Sato, se proclamó ganador tras permanecer rezagado entre las primeras posiciones, lugares que ocupó Alonso mientras permaneció en pista. De hecho, ambos rodaron juntos prácticamente las 179 vueltas que Alonso pudo divertirse.

Fernando se lanzó quinto en el ciclópeo óvalo, justo a la zaga de Sato, con una salida lanzada con líneas de tres coches en paralelo. Temeroso, el asturiano descendió de inmediato posiciones. Bajó al noveno escalón. Ahí se dio unos minutos para asimilar lo que acontecía. Hizo de novato, de debutante como era. Pero la prudencia no detuvo sus intenciones de brillar. En apenas 30 vueltas de las 200 programadas para completar las 500 millas, Alonso encabezada la estampida de los 33 coches que tomaron la salida;solo 18 rebasarían la línea de meta habiendo dejado imágenes espectaculares en forma de accidentes.

“Pienso volver”“Ha sido una experiencia muy agradable, una carrera muy agradable, divertida, y en la que hemos mostrado un rendimiento bueno. Ha sido una sorpresa muy buena llegar a liderar y estar entre los mejores pilotos que corren en óvalos”, expresó Alonso, que, a pesar del gesto de permanecer con el casco a fin de evitar ofrecer su semblante nada más abandonar, quiso mostrarse contento. ¿Actitud tahuresca? Lo cierto es que su actuación pudo darle motivos para el regocijo muy a pesar de la retirada. Porque demostró ser uno de los más destacados, llegó a liderar en dos ocasiones y se ganó la candidatura a la victoria a medida que se descontaban las vueltas. Esa impresión la confirma el hecho de que a la pregunta de si volverá a la prueba estadounidense, la respuesta fue automática: “Pienso en volver, sin duda. Me siento competitivo y será más fácil que esta vez. Ha sido una de las mejores experiencia de mi carrera”. Así se despidió Alonso, agasajado por la multitud, que agradeció su presencia por hacer más grande a la competición de las 500 Millas.

La leche, bebida obligada para la celebración como reza la tradición, se la bebió Sato, que, paradójicamente solo tuvo palabras de gratitud para su equipo y para Honda. Por primera vez un japonés conquistó la prueba de automovilismo más colosal en cuanto a cifras se refiere. Y lo hizo a bordo de un coche con motor nipón. Se puede decir que el equipo McLaren Andretti Honda cerró la jornada satisfecho. Por un lado logró con la presencia de Alonso una repercusión mediática bestial -las visitas a la página web del evento se incrementaron un 98% y el propio Alonso captó anunciantes exclusivos para la cita- y por otro, deportivamente, se llevó la corona con Sato. Mientras, el otro español en pista, el catalán Oriol Serviá, tuvo un accidente poco después del abandono de Alonso y cuando disputaba el triunfo, lo que le hizo claudicar. En definitiva, Alonso llegó hasta donde dictó su motor Honda, el mismo que encumbró a Sato. En este caso, la elección del equipo no fue mala, porque fue la escudería que triunfó;esta vez sí sufrió de mala fortuna. De hecho, lideró la carrera más vueltas que el propio Sato.

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