Con la venia

Sánchez contra Sánchez

Por Pablo Muñoz - Domingo, 28 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:04h

resueltaya la incógnita del desenlace -para muchos sorpresivo- de las primarias del PSOE, entramos de lleno en el morbo de sus consecuencias, con las especulaciones sobre próximos nombramientos de Pedro Sánchez para su equipo, el programa que vaya a presentar el nuevo secretario general, los intentos de los perdedores para condicionar el muy próximo congreso federal, las puñaladas traperas, las traiciones, los cambios de chaqueta y hasta las bajas voluntarias. Ya iremos viendo.

Lo que ya se puede deducir del resultado de las primarias es que en el PSOE el aparato y las bases van por caminos diferentes, que la mayoría de la militancia ha puesto una moción de censura a los dirigentes que dieron un golpe de mano tramposo y a los ilustres que desde la altura de su antiguo prestigio les apadrinaron en la trampa. Una moción de censura a los dirigentes acomodados, que llevan meses demandando estabilidad para ocultar que lo que defienden es que todo siga igual, conformes con la vocación del PSOE como partido subsidiario. Curiosa actitud conformista, acomodaticia, que ha soliviantado a las bases logrando el curioso fenómeno de convertir a Pedro Sánchez en un rebelde.

No hace falta tener dotes de profecía para comprobar que volverán a repetirse las presiones de los sempiternos barones, de la mano con los dirigentes del PP, a la nueva ejecutiva del PSOE para que valore la estabilidad por encima de cualquier otra reivindicación. Una estabilidad, por supuesto, que siga recortando derechos, libertades y salarios. Una estabilidad que pague las deudas de algunos bancos a costa de reducir la inversión pública. Una estabilidad garantizada por un bipartidismo eterno, que asegure el modelo neoliberal que impera en el actual sistema.

Pues resulta que este Pedro Sánchez, el peligroso rebelde aclamado por las bases socialistas, el nuevo líder de quien se espera un giro de izquierdas en el primer partido de la oposición, también votó la reforma exprés de la Constitución que ahora dice estar dispuesto a modificar. En sus dos años de liderazgo en el PSOE, nunca lideró ningún proyecto que cuestionara la deriva neoliberal de su partido. Cuando pudo ser alternativa, prefirió pactar con Ciudadanos en pacto de hierro que no derogaba ni la reforma laboral ni la ley mordaza.

Pedro Sánchez, por pura supervivencia, se lanzó a tumba abierta a la pelea contra los dirigentes de un partido en galopante decadencia. Por pura dignidad, también, se revolvió contra quienes le degradaron de la manera más torpe y más zafia que se recuerda en los últimos tiempos de la política española. No le quedaba otra que recuperar, al menos en su discurso, un espacio abandonado por su partido y por la socialdemocracia europea. De la no izquierda, ¡ale hop!, a la izquierda.

Con su exitoso golpe de mano, el Pedro Sánchez elevado en su día por el aparato de Susana Díaz a una secretaría general amorfa, conservadora, perdedora, es ahora prisionero del nuevo Pedro Sánchez rompedor, el de la nación de naciones, el del no es no, el de la nueva esperanza de las bases.

En esta pelea de Pedro Sánchez contra sí mismo, está por ver si es capaz de imponer en el PSOE un contenido que se enfrente con las políticas neoliberales, defendidas incluso hasta ahora por dirigentes históricos de su partido que han actuado como cómplices de las elites del país. Está por ver si Sánchez, esta vieja/nueva promesa del PSOE, está dispuesto a dar un paso adelante contra las políticas de austeridad, contra las precariedades y desigualdades sobrevenidas a cuenta de la crisis de nunca acabar. Está por ver si Sánchez, que ha sido capaz de sostener hoy lo que no sostuvo ayer, va a decidirse por intentar un cambio real, o se limitará a dejar asomar el conejo de la chistera, solo asomar, para aparentar lo que después no será capaz de defender y quedarse en un quítate tú para ponerme yo.

Dice Sánchez que quiere desalojar del Gobierno al PP. De ahora en adelante habrá que preguntarle cómo, cuándo, con quién. Habrá que preguntarle si quiere desalojarlo de verdad, y para hacer qué. De momento, y quizá es lo más sensato, no parece haber picado el cebo de la moción de censura que Unidos Podemos le ha ofrecido. Pero lo que es totalmente cierto es que ya le toca pasar de las palabras a los hechos. Ha logrado la secretaría general del PSOE amagando y sin un programa concreto, o sea, de momento solo es humo. Y no nos vamos a engañar, en el caso de que presente un programa con contenido transformador y compromisos concretos, se le echarán encima los poderes fácticos de su propio partido y, por supuesto, los externos tanto políticos como mediáticos. Si se queda en la pura apariencia, en cambiar sin que nada cambie, se expone al derrumbe definitivo de su partido. Si opta por llevar adelante ese compromiso transformador, por liderar un cambio profundo y de progreso, eso sería provocar la voladura del PSOE actual. No sería un fracaso, siempre que la voladura fuera controlada.

En ese laberinto está atrapado Sánchez. No lo tiene fácil.

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