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Harribide, vía a la inclusión

Esta entidad, que se creó en 2003 gracias a la implicación de la fundación EDE, la parroquia de San Antonio, los grupos de tiempo libre Gazteria y Kukuaren Taldea, ofrece programas de apoyo a diferentes colectivos sociales

Un reportaje de Joana Pérez - Domingo, 28 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

En los pisos de acogida conviven menores con un educador social para formarles “como ciudadanos”.

En los pisos de acogida conviven menores con un educador social para formarles “como ciudadanos”. (Iker Ugarte)

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En los pisos de acogida conviven menores con un educador social para formarles “como ciudadanos”.Los jóvenes aprenden a ser autónomos.

ES una asociación joven pero tiene las ideas muy claras del objetivo que persigue: la inclusión de todas las personas. La fundación Harribide no quiere que nadie se quede por el camino y ese ha sido el empeño de las personas que impulsaron la creación de esta entidad por parte de la fundación EDE, la parroquia de San Antonio de Etxebarri y los grupos de tiempo libre de este barrio, Gazteria y Kukuaren Taldea.

Fue en 2003 cuando en los grupos de tiempo libre se dieron cuenta de que los jóvenes que participaban en las actividades tenían “bastantes problemas con los estudios”. Comenzaron siendo los propios monitores los que prestaron apoyo escolar “de manera voluntaria”. Además, se sumó que estos chavales entre semana no tenían donde disfrutar del tiempo libre y crearon una “ludoteca”. “Llegó un momento en que al Ayuntamiento le pareció que los proyectos que estaban haciendo los grupos de tiempo libre eran muy interesantes y que había que financiar ese proyecto”, explican desde Harribide, que añaden “los grupos de tiempo libre no podían gestionar de manera profesional esos proyectos y se creó la fundación para dar un paraguas legal”.

Se iniciaron a desarrollar proyectos “de infancia, familia, juventud...” donde el fin último era la inclusión social. Y uno de sus programas más importantes se comenzó a gestar con la crisis de la valla de Melilla. En aquella época, el párroco de San Antonio, José Alberto Vicente, acogía los fines de semana a un preso cuando le otorgaban un permiso penitenciario. “Se dio cuenta que su casa entre semana estaba un poco vacía y a la asociación con la que colaboraba le propuso que alguien podría ir a vivir allí porque tenía sitio”, cuentan desde Harribide, señalando que esta situación supuso un punto de inflexión para uno de sus proyectos más reconocidos. “José Alberto Vicente se dio cuenta de que la antigua casa de los curas estaba sin utilizar y propuso usarla para acoger a personas que lo necesitaban”, relatan sus responsables, quienes subrayan que “la primera experiencia fue pequeña, con cuatro chicos subsaharianos, y luego se fue ampliando”.

Uno de los obstáculos era la integración con la comunidad en la que vivían y para ello se pusieron en marcha unos campamentos en los que conviven jóvenes migrantes y autóctonos. “Trabajamos con el colectivo magrebí. Se trabaja en clave de igualdad y empezamos a conocer los nombres, las historias... Muchos nos dicen cuando termina la experiencia: me he sentido como una persona, me miran a los ojos y me ven”, comentan en Harribide. Esta convivencia rompe estigmas y genera un “efecto multiplicador” en el entorno, porque el boca a boca funciona, y ya no son solo los chavales autóctonos los que “les ven con otros ojos” sino que también lo hace su familia.

Otro de los proyectos de actuación es Gauean, “un espacio pequeño en el que duermen cinco o seis chavales y los voluntarios se acercan y echan una mano a los jóvenes”. En Harribide indican que esta experiencia “implica a mucha gente y ayuda a los chavales a continuar con su proceso de inclusión en unas condiciones dignas para vivir”. Además, las comidas interculturales, las celebraciones religiosas más importantes... son puntos de encuentro entre jóvenes y voluntarios.

Si ofrecer un espacio residencial es importante también lo es ofrecer una vía formativa. “Tienen un plan de inclusión y de formación con un educador de referencia”, señalan en Harribide que no dudan en resaltar que lo más importante es “ser ciudadanos” con todo lo que ello conlleva.

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