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DEIA 40 urte: protagonistak José Antonio Ardanza

José Antonio Ardanza: “ETA nos había amenazado con que el Guggenheim iba a ser el segundo Lemoiz”

Dos días después del nacimiento de DEIA el 8 de junio de 1977, José Antonio Ardanza Garro (Elorrio, 1941) cumplía 36 años. Nunca pudo sospechar entonces que poco después sería alcalde de Arrasate, diputado general de Gipuzkoa y lehendakari entre 1985 y 1999. Una etapa muy dura, a menudo desgarradora, pero también fructífera

Sábado, 27 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

El lehendakari Ardanza explica las emociones que sintió en la jura de Gernika.

El lehendakari Ardanza explica las emociones que sintió en la jura de Gernika. (Oskar Martínez)

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El lehendakari Ardanza explica las emociones que sintió en la jura de Gernika.El lehendakari, ante las portadas históricas de DEIA.

EL lehendakari Ardanza escruta las diez portadas de DEIA desplegadas sobre la mesa y con las que activa mil recuerdos que mantiene muy vivos, casi siempre agridulces, que forman parte de la historia de este país. Confiesa que asumía sus altas responsabilidades entre incrédulo y abrumado: “¿Pero dónde te estás metiendo, José Antonio?”, se preguntaba.

Alcalde tras las primeras elecciones municipales

El titular de DEIA del 3 de abril de 1979 era elocuente: “Euzkadi recupera hoy sus instituciones democráticas”. Habían pasado tres años y medio desde la muerte de Franco y muchos ayuntamientos tenían gestoras municipales tras la dimisión de las corporaciones franquistas. En Arrasate, José Antonio Ardanza, cabeza de lista del PNV, ganó las elecciones con mayoría absoluta. La cultura democrática era entre precaria y nula: el lehendakari recuerda que en el pleno de constitución le daba “apuro y vergüenza” votarse a sí mismo para alcalde. La primera moción a la que tuvo que enfrentarse en ese mismo pleno era sobre los presos y la central de Lemoiz. “Los de HB me montaron un follón enorme, acabamos de mala manera. Me quedé con la sensación de ¿dónde te has metido, José Antonio?”.

Sin embargo, su etapa de alcalde fue “muy enriquecedora”. “Me hizo ver cuáles eran las situaciones vivenciales de un pueblo como Mondragón. El alcalde era confesor de mucha gente, de mujeres maltratadas, engañadas por sus maridos, que no les daban dinero... El mayor drama era que me venían padres con hijos metidos en la droga, conocí el tema muy de cerca, era tremendo”.

Jura como lehendakari

“Si no quieres taza, taza y media”, dice Ardanza entre risas. De alcalde, a lehendakari, pasando por una etapa como diputado general de Gipuzkoa. Mira con emoción la portada de DEIA, con su imagen junto a Jesús María Leizaola tras la jura ante el Árbol de Gernika. “Era muy emotivo porque al lehendakari zaharra le conocía desde el año 62, cuando yo era clandestino, en París. Me hacía ilusión esa foto”, recuerda. Fue un momento de “muchos sentimientos cruzados en mi interior. De incredulidad. Me decía: ¿pero yo lehendakari?Pero si para mí, desde niño, Jaungoikoaren ostean, lehendakaria. Después de Dios, el lehendakari. Estaba abrumado, pero se me entremezclaban sentimientos de profunda pena, de desgarro profundo en mi interior, porque yo soy lehendakari debido a una escisión en mi partido, de una ruptura. Y luego, una preocupación enorme: a todo esto, ¿cómo voy a hacer yo frente? ¿Dónde me estoy metiendo? Bueno, Dios proveerá, me dije”.

El accidente de Oiz y ETA

No llevaba un mes como lehendakari cuando la tragedia se cruzó en su quehacer, por partida doble: el accidente de avión en el Oiz (148 muertos) y el primer asesinato de ETA en la era Ardanza. Del siniestro recuerda que fue allí en cuanto pudo (estaba en Madrid) y vio un “espectáculo dantesco”. “Se veía toda la traza del avión desde la cumbre del Oiz, la trinchera abierta, y lo tremendo de ver intestinos, trozos de cuerpo, brazos colgados de los árboles... Fue un impacto tremendo. Allí vi imágenes de guerra. Un verdadero drama”.

Respecto a ETA, Ardanza supo enseguida que la organización estaba en “su locura”. “Fue desde el principio. Unos días después ETA mató a Carlos Díaz Arcocha. Nada más empezar a ser lehendakari me ponen encima de la mesa al superintendente de la Ertzaintza. Fue una situación muy comprometida”, afirma.

Primer gobierno de coalición con el PSE

Entre los grandes hitos de la gestión de José Antonio Ardanza como lehendakari está la formación del primer gobierno de coalición plural entre nacionalistas y socialistas. No fue sencillo, pese a que se venía de un pacto previo de legislatura. En plena escisión del PNV -Ardanza fue designado para sustituir a Carlos Garaikoetxea-, el PSE consiguió en las elecciones más escaños, pero los nacionalistas tuvieron más votos. Recuerda que las negociaciones empezaron “un 14 de febrero, día de los enamorados. Esa fecha no se me olvidará”, sonríe. “Pese a lo que se ha dicho de la generosidad del PSE y la renuncia de Txiki Benegas, la verdad es que aquello lo ventilamos entre Txiki y yo en una reunión, aquella discusión no tuvo ninguna trascendencia”, dice. Aquel gobierno, con todo, tuvo unos inicios “difíciles, complicados, duros”. Posteriormente se recondujo y ha quedado como un modelo de cohabitación que, con matices, se mantiene hoy.

Acuerdo de Ajuria Enea

“El pacto de Ajuria Enea ha sido uno de los acuerdos más importantes que se han hecho en Euskadi. No digo el más, pero sí de los más. Fuimos capaces de ponernos de acuerdo todos y es el referente que luego se ha utilizado, incluso Zapatero usó el famoso punto 10 en el 2004-2005 para pedir la autorización del Congreso para los diálogos con ETA”, resume Ardanza sobre uno de los hitos clave de su gestión y que ha quedado para la historia. No fue nada fácil. Reticencias iniciales (el PSE quería un acuerdo antiterrorista, no para la normalización y pacificación), reuniones de doce y catorce horas y, en la última cita, ya a la hora de la rúbrica, EA “se levanta de la mesa a las tres de la madrugada”. Tras convencer, no sin dificultades, a la formación abertzale, “me viene Julen Guimón (de AP) y me dice que no puede firmar, que no ha dicho nada en su partido, después de tanto tiempo”. Finalmente, las dotes de negociador de Ardanza lograron que, como rezaba el titular de DEIA, “al final firmaran todos” un acuerdo que, enfatiza, “era bueno para todos”.

La guerra del Golfo

Cuando Euskadi empezaba a levantar cabeza, con cierta ilusión y confianza tras bajar el desempleo del 26% al 17% y buenas perspectivas, un acontecimiento internacional vino a generar incertidumbre: la guerra del Golfo u Operación Tormenta del desierto en Irak tras la invasión de Kuwait. El lehendakari vivió aquellos acontecimientos entre la preocupación y la fascinación. “Recuerdo estar contemplando una guerra en directo por televisión, en casa, de madrugada, viendo los misiles tomahawkfamosos. Veías cómo los lanzaban desde el Mediterráneo, unas explosiones tremendas. Empecé a sospechar que estas guerras les vienen muy bien a los norteamericanos para probar sus tecnologías”, dice Ardanza, para quien este conflicto “está aún inacabado”.

Secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco

“No le matéis”. Era el titular de una de las portadas más impactantes de la historia de DEIA, referida al ultimátum por parte de ETA, que amenazaba la vida del concejal del PP de Ermua Miguel Ángel Blanco, a quien mantenía secuestrado. “¡Qué drama!”, es lo primero que expresa el lehendakari. “Estuve con la familia. Yo en el fondo estaba convencido de que era un conflicto que podíamos resolver. Era un conflicto político, pedían el acercamiento de los presos, no como en otros secuestros que pedían dinero”, rememora. No pudo ser. Ni ETA ni el Gobierno español atendieron a las demandas. “Hablamos con Mayor Oreja, le pedimos que jugara la baraja, aunque fuera para ganar tiempo y para tener al menos margen de maniobra. No quiso hacer nada, al menos que me conste. Hicimos la gran movilización en Bilbao, convocada por la Mesa de Ajuria Enea, queríamos ponerle a ETA ante el gran dilema de desoír a la calle, que ya no era exclusivamente suya. Pero no hizo caso de aquel clamor popular”, lamenta el lehendakari. “Fue tremendo, muy triste y me quedó un gran sentimiento de amargura dentro”.

Guggenheim: símbolo y objetivo de ETA

La creación del Museo Guggenheim Bilbao fue una “decisión muy complicada” que, en última instancia, tuvo que tomar Ardanza. “Era una propuesta muy contestada por todo el mundo, todos los partidos a excepción del PNV, todos los medios de comunicación a excepción de DEIA, todas las fuerzas sociales, sindicatos, patronal, por supuesto los artistas, las galerías... todos pensaban que el dinero que el Gobierno vasco podía dedicar a la cultura lo iba a poner para el Guggenheim. Me tocó decidir. Consulté con todo el mundo y al final pensé que sería positivo para el país. Después ha sido un éxito desde el principio, un auténtico icono para Bilbao, para Bizkaia y para Euskadi”.

La portada de DEIA de ese 14 de octubre refleja, además, el drama: la Er-tzaintza había evitado un atentado contra el Museo -a punto de inaugurarse, con personalidades de todo el mundo- pero pagando un alto precio: la vida del agente Txema Agirre. “Ya nos habían amenazado. ETA nos había dicho que el Guggenheim iba a ser el segundo Lemoiz. Tomamos medidas de seguridad desde las obras, con ertzainas dentro. Querían dinamitarlo, literalmente, pero la Er-tzaintza lo impidió. No pudieron evitar que fuera un éxito para el país”.

El nonato ‘Plan Ardanza’

El logro de la paz fue una obsesión para el lehendakari Ardanza. Pero no fue posible. Aun así, lo intentó. “Había decidido ya dejar de ser lehendakari, la economía iba en positivo, en 1998 estábamos en el 10% de paro;pero veía que había una asignatura pendiente: estaba sin cerrar el tema de ETA. Así que hice un último intento de converger en un proceso con todos, vascos nacionalistas vascos y vascos nacionalistas españoles -porque también lo son- tomando como referencia el décimo aniversario del Pacto de Ajuria Enea, que se había ido deteriorando, sobre todo por la actitud del PP”. Fue lo que se llamó el plan Ardanza, que, según confiesa el lehendakari, pretendió ser su “testamento”. Sin embargo, no se pudo firmar. “Cuando yo creía que estaba cerrado el acuerdo, porque todos me habían dado el visto bueno previamente e incluso había hablado con Aznar en la Moncloa, convoco la última reunión y ahí Carlos Iturgaiz (PP) nos dice que no, para sorpresa de todo el mundo”. Ante su cerrazón, el líder entonces del PSE, Nicolás Redondo Terreros, dice que “no puede dejar solo al representante del gobierno de la nación” y tampoco firma. “Pues hasta aquí hemos llegado, dijimos. Ahí acabó el plan Ardanza”.

La cohesión como testamento político

Tras catorce años como lehendakari, José Antonio Ardanza terminó su etapa entre el cariño y el reconocimiento de la sociedad vasca y de sus propios consejeros, que le hicieron una despedida en una bodega de La Rioja y le regalaron un langile que guarda “con mucha estima y mucho cariño”. “Como se ve en la foto de DEIA, se juntaron consejeros de todos mis gobiernos, nacionalistas, socialistas, de EE, de EA. Para mí fue un momento muy emotivo, muy agradable, porque reflejaba todo lo que había sido mi obsesión de hacer una sociedad vasca cohesionada, que no uniformada, en la defensa de los principios fundamentales de democracia y libertad”. No duda en reconocer que ese es, precisamente, su “testamento personal: la cohesión entre diferentes, la demostración de que se puede convivir desde la diferencia si compartimos principios básicos de libertad, democracia, convivencia, solidaridad... Ahí, los únicos que no caben son los de las pistolas”, concluye.

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