Rojo sobre blanco

La tecla está pulsada

Por José Luis Artetxe - Viernes, 26 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

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EN las últimas horas se han subrayado las bondades de la etapa de Ernesto Valverde y no ha sido por quedar bien. A veces, no siempre, en las despedidas brotan más fácilmente las palabras amables, instintivamente se tiende a dulcificar las valoraciones, pero en este caso no era preciso porque han sido cuatro años donde el Athletic ha competido a un nivel alto. Por tanto, existían motivos de fuste para el halago. Desde la óptica deportiva, podría decirse que la perseverancia, que no es cualquier cosa sino probablemente la virtud más apreciada en el fútbol por la dificultad que entraña, sería la gran aportación de Valverde. Gracias a su labor la presencia del equipo en Europa dejó de ser un fenómeno esporádico para convertirse en un hábito.

Hábito, costumbre, obligación, reto,… Bueno, apellídese como se prefiera, pero lo que cuenta es que el salto cualitativo respecto a períodos anteriores que con Valverde ha vivido el club (a falta de que Messi le coloque el broche en las próximas horas) viene a establecer el punto de partida del que arranca el turno de Ziganda. Esto es así: el que llega recibe a modo de herencia lo realizado por su antecesor, aparte de un vestuario lleno de jugadores.

El legado de Valverde en su globalidad es valioso y al mismo tiempo exigente para quien hoy ocupa su puesto. Ziganda cuenta con una plantilla que ha acreditado su valía y ha asimilado unas directrices que se han revelado adecuadas para estar en la pelea por los objetivos que tanto los responsables del club como el entorno estiman asequibles. Sin embargo, enunciados teóricos al margen, lo cierto es que el Athletic que acaba de coger vacaciones, teniendo los medios y la experiencia suficientes, no ha sido capaz de ofrecer su mejor versión de agosto a mayo. Ni por aproximación.

Cuando ayer Ziganda bromeó con la frase de que “lo que no mejora, empeora”, en absoluto estaba juzgando a Valverde. Al revés, acababa de afirmar que su amigo había colocado el listón muy alto y sencillamente quiso expresar la ambición que bulle en su interior, los deseos de llevar a cabo un buen trabajo. Según comentó, es uno de sus lemas favoritos, uno de los mandamientos que figura en su particular catecismo y repite a quien pille por banda en el día a día de Lezama. Añadió que ese afán de superación es una idea que no deja de aplicarse a sí mismo, pero sin pretenderlo había pulsado la tecla que activa el mecanismo que abre la puerta de su ciclo.

Mejorar es justo lo que el Athletic no ha hecho esta última temporada. Da igual lo que digan los números, las estadísticas. Ganar la mitad de los compromisos no necesariamente es sinónimo de éxito, de hecho es una conquista ya alcanzada por Valverde en su primer año y también en el tercero, y ambos dejaron sensaciones incomparablemente más sugerentes. El retroceso habido en el juego, en la forma de encarar partidos, esas dos caras en función del escenario o la escasez de recursos para negociar las fechas señaladas en rojo, tanto en Europa League como en el sprint liguero, son síntomas que perfilan con nitidez un margen de mejora.

En efecto y pese a que nadie le discute el empeño que puso por competir, como no mejoró, el equipo empeoró. ¿Dónde debería centrarse Ziganda para devolverle la confianza, la alegría y el brillo que se extraviaron? Para empezar en una revisión a fondo del grupo que implicase una gestión distinta porque, pese a que ha llegado a dar la impresión contraria, hay mimbres para sostener un rendimiento interesante hasta con calendarios saturados como el que presumiblemente tocará el año que viene. ¿Fichajes? A ver, pero los más atractivos están en la caseta.

Partiendo de ahí, será menos problemático poner el énfasis que corresponde en cada competición. El Athletic no es candidato a premio en tres frentes al mismo tiempo ni se le va a exigir un título, pero sería de agradecer que se evitasen papelones como el realizado en la Europa League. Ver el desarrollo de las semifinales y final de este torneo confirma que Ziganda puede subir el listón hasta donde estaba un año antes, como mínimo.

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