final manomanista

“Un David contra Goliat”

Oinatz Bengoetxea e Iker Irribarria seleccionan material para la final del Manomanista que se celebra el domingo en Bilbao. “Una de las pelotas es excesiva”, dice el delantero leitzarra

I. G. Vico - Viernes, 26 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:06h

Irribarria y Bengoetxea VI, ayer en el frontón Bizkaia de Bilbao.

Irribarria y Bengoetxea VI, en la elección de material en el frontón Bizkaia de Bilbao. (Foto: Borja Guerrero)

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Irribarria y Bengoetxea VI, ayer en el frontón Bizkaia de Bilbao.

Bilbao- Lo predijo con buen tino Iker Irribarria en cuanto se enteró de que las empresas iban a meter mano en el modo de seleccionar material para los encuentros importantes, que se iban a apartar los cueros semanas antes con la intención de evitar “suspicacias”. Dijo el zurdo de Arama, de colorado, en el Museo Marítimo de Bilbao, con el reflejo del mar en los ojos, que “el que quisiera polémica” la iba a encontrar. Pues bien, después de varios envites en los que los problemas con los cueros no han sido una losa para el espectáculo y se antojaba el final de las discusiones, Oinatz Bengoetxea levantó ayer la liebre en el frontón Bizkaia. La razón: “Una pelota excesiva”.

El manista leitzarra, después de ejercer su derecho a tanteo, a probar los esféricos en la cancha bilbaina, puso una media sonrisa y asomó un derechazo para observar a una pelota viajera cómo volaba, cómo se alargaba. Hizo un gesto a Kepa Peñagarikano y otro a Rubén Beloki. El navarro sirvió la salsa para el envite. “Las mías me han gustado y una de las dos suyas, también. La cuarta es excesiva. No quiero dar demasiado bombo porque he aprendido de lo que pasé en la final del Parejas, en la que tuve días malos después de la elección”, desgrana el puntillero navarro. Así las cosas, el pelotari destaca que “entonces me sorprendió encontrarme con esas pelotas porque dijeron que se iban a medir muy bien. En esta ocasión voy a ir más cauto y no le voy a dar más importancia”. Y agrega que “veremos en el partido si me equivoco o no”.

Por su parte, Iker Irribarria consultado sobre las declaraciones de Oinatz admite que “para mí no es excesiva, pero cada uno tiene su opinión. Cada pelotari quiere sus cueros, pero creo que no hay que dar tanto bombo a las pelotas. Lo importante es la final y jugar bien. Cada uno tiene lo suyo”. “A mí lo que me preocupa es Bengoetxea VI, me da igual con qué pelotas y en qué frontón. Si tiene buen día es un artista”, revela. Las del campeón pesarán 106 y 106,7 gramos y las del de Asegarce, 105,6 y 106,9.

A pesar de las circunstancias, el leitzarra quiere centrarse en la final del próximo domingo para quitarse de encima las esquirlas de una liturgia en la que se pudo incidir más. El delantero evita los rodeos sobre el mismo tema, los lugares comunes, para no quedarse varado en ellos y seguir mirando hacia adelante. Oinatz vuelve a tirar de inventario y a hacer hincapié en su modo, tan particular, de ver la vida y la pelota a mano. Tierra quemada. “Estoy bien y tengo buenas sensaciones. Me voy a enfrentar a un reto porque me enfrentaré a un adversario que tiene el doble de pegada que yo. Estoy con ilusión”, recita el leitzarra, quien apostilla que “intentaré arriesgar y aprovechar mis oportunidades, ahí está la clave”. El saque, vital siempre, ariete pretérito, será un arma menos precisa en Bilbao, porque “la pared izquierda escupe la pelota con menos velocidad”. En definitiva, el de Asegarce coloca la vitola de favorito a su adversario, colorado todo el año. “Voy a tener delante al pelotari que más diferencias marca dentro de la especialidad y el frontón no va con mis características. Es complicado, pero saldré a tope”, define el navarro.

De cualquier modo, la cátedra toma la palabra al navarro, al que colocan como víctima propicia. Oinatz será el fugitivo ante el peligro de rodillo de Irribarria. “Llegar a otra final del Manomanista -ya lo hizo en 2008 y ganó- es todo un regalo para mí después de tantos años. Es una guerra más. Es una pelea más”, advierte el rematador de Leitza, quien califica el duelo como “un David contra Goliat”. “Si hago un buen partido, puedo ganar”, recita Oinatz. Y es que, tal y como analiza el navarro, Irribarria es uno de los pelotaris con más pegada que ha conocido. “Martínez de Irujo igual le daba más a bote, pero el sotamano de zurda de Iker es excepcional. Nunca ha habido un pelotari con ese golpe”, remarca. Al final, el de Arama es un delantero con pocas fisuras que “coge fácil altura y al que será difícil hacer daño”.

Cuestionado sobre su curso, el lei-tzarra desbroza que se encuentra en el “mejor” de su vida deportiva. “Estoy muy contento con el Manomanista que he hecho, ya que ganar a Aimar y a Urrutikoetxea fue muy bonito. El domingo si hago un buen partido estaré satisfecho”, dice.

¿Quién es quién?En el juego de sombras que son las elecciones de material de las grandes citas, reuniones en las que los duelistas comienzan a sentir el furor de los partidos, las mariposas, los cosquilleos o los elefantes en el estómago, Irribarria asoma como un témpano de hielo. Será el poso del campeón, será la juventud o será el haber lidiado con el favoritismo todo un Parejas y haber hecho callo. El zurdo de Arama toma las palabras de su contrincante y espeta que “en el partido veremos quién es David y quién es Goliat”. Lo dijo con una media sonrisa. En la historia, por lo menos, triunfó el más endeble. “Oinatz es un artista cerca del frontis y sabe cómo enredarte. Ha ganado a todos los que han caído en su red porque saca bien del txoko al ancho, del txoko al txoko… Está en muy buen momento de forma. Si está en la final es por algo. Ha vencido a dos grandísimos campeones -Olaizola II y Urrutikoetxea- y les ha pasado por encima. Ha demostrado que está en muy buen momento de forma”, cuenta el zurdo.

“No me da vértigo jugar la final, es para lo que he entrenado todo el año. Lo que sí me genera es ilusión y ganas de seguir trabajando como hasta ahora”, apostilla el pelotari guipuzcoano, quien determina que “el año pasado todo fue nuevo: los nervios, la prensa… Después, me vinieron partidos que ni yo mismo imaginaba. La presión que me puse fue demasiada. Aprendes de los errores que haces, sufres un poco, sigues entrenando y te das cuenta de que con la camiseta colorada se puede perder igualmente”.

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