Tribuna abierta

Huyendo como gato del agua hirviendo

Por Josu Torre - Miércoles, 24 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

EXTRAÑO juego” fue el calificativo que otorgó Odón Elorza, casi a botepronto, al triunfo de Pedro Sánchez en la disputa por la Secretaría General en las primarias del PSOE. Una pena que escuchase las razones de ese calificativo que por, su falta de concreción, abre un abanico de especulaciones. Por la mera semántica de las dos voces y la unión de las mismas. Aludo a Odón como me gustaría hacerlo a Jesús Egiguren, Txiki Benegas o Ramón Jáuregi, entre otros, porque son la referencia del histórico partido español en Euskal Herria. A horas de la proclamación de la victoria de Sánchez, nada sé de la sesuda opinión de estos políticos para los que no habrá pasado desapercibido el cambio de rumbo -acaso sin excesivo golpe de timón- que ha dado el, hasta ahora, segundo partido y única alternativa de gobierno en el Estado.

En cualquier caso, ahora, el PSE se refleja en su actual secretaria general, Idoia Mendia, quien se ha limitado a señalar su “disposición absoluta” al servicio del nuevo secretario general del PSOE, como no podía ser de otra forma. Vistos los resultados, con el exlehendakari Patxi López como preferido claro en Euskadi, pueden convertirse en un apoyo incondicional del equipo ganador de ayer en Ferraz. Y puedo empezar a entender la “extrañeza del juego” de Odón. Patxi ha venido enarbolando el estandarte de la unidad del partido muy consciente, supongo, de que su crédito no pasaría de ese 10% que le convertiría en la llave de la gobernalidad del partido, siempre bien recibido como hijo pródigo en cualquiera de las opciones que saliese victoriosa.

El análisis de la noche electoral del domingo se podría realizar con algo tan sencillo como una lectura de gestos. Los primeros se refieren a la gran perdedora de la jornada, de la campaña, de las primarias. No me gusta utilizar el término, pero Susana Díaz es un gran -y mala- perdedora, precisamente porque no ha sabido aceptar una derrota tan clara. Los gestos empiezan por felicitar a Sánchez por teléfono, en lugar de caminar unos pasos e ir al despacho de este. Continúan por la negación de un saludo cariñoso de “compañero socialista” al llegar al estrado. Siguen por el abandono del mismo tan rauda como pudo y por negarse a citar por una sola vez el nombre del gran triunfador de la jornada. Sus casi únicas declaraciones en esos momentos dan, además, hasta un poco de miedo. Hablando de su futuro inmediato señaló que “...lo haremos como lo hemos hecho siempre”. Sinceramente, se parece mucho a una amenaza velada. Espero que unas primarias en la comunidad andaluza, como se han insinuado a las pocas horas de conocer su debacle en las estatales, conduzcan a la sociedad más “socialista” de España en apoyo y refuerzo necesario a la nueva dirección. Aunque sea a costa de limar poco a poco ese exceso de vanidad de la ya histórica dirigente.

Antes de que nadie me acuse de cargar tintas contra Susana Díaz, me apresuro a decir que el gesto de silencio de toda la recua de barones y carcamales de ese partido en esa noche electoral evidencia la opción que defendían a ultranza en esta convocatoria. Poco o nada puedo defender del ideario político de Sánńchez -salvo el deseo de ser elegido por la bases- porque poco lo ha mencionado, ni sobre el de Díaz, que apenas lo ha mencionado hasta tres días antes de los comicios. Pero, en la misma línea que defiendo la historia de casi 140 años del veterano partido hegemónico de la izquierda española, evoco de mala manera los peores episodios de la Vieja Guardia de las últimas décadas, con plena hegemonía de gobierno y recurriendo a la nefasta guerra sucia de los GAL, dirigidos por el “Señor X”, hoy bastante más cerca de Aznar y sus huestes que de las bases socialistas. Hablo de hegemonía en cuanto el número de afiliados porque el único Partido con mayúsculas, el Comunista, definía o quiso definir a la izquierda española y/o universal.

Siguiendo con los gestos, los más llamativos, sin duda, han sido los de los portavoces del hasta ayer aparato del PSOE. Suena a risa que Antonio Hernando dimitiese como portavoz del Congreso cuando el recuento de votos no había llegado al 80%, mientras Álvarez Arenas, portavoz del partido en el Senado, emulaba al anterior ocho o diez horas más tarde. Algo habrán hecho para, traduciendo un aforismo en euskera, “huir como gato del agua hirviendo”.

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