El atentado más mortífero en el Reino Unido tras los ataques de Londres de 2005

Las medidas de seguridad en transportes y centros urbanos son exhaustivas

B. Sotillo - Miércoles, 24 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:04h

Pasajeros heridos en el atentado del 7 de julio de 2005 en el metro de Londres.

Pasajeros heridos en el atentado del 7 de julio de 2005 en el metro de Londres. (AFP)

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Pasajeros heridos en el atentado del 7 de julio de 2005 en el metro de Londres.

BILBAO. El mapa europeo del terror suma lugares y el calendario añade fechas. El atentado de Mánchester del lunes por la noche es el más mortífero desde los ataques de Londres de 2005 y se produjo exactamente cuatro años después de otro que tuvo lugar en la capital británica, en el barrio de Woolwich, pero antes y después, tanto en el Reino Unido como en otros países europeos, ha habido numerosos ataques de inspiración yihadista. Varía el número de víctimas, los lugares y los métodos son diferentes, pero el objetivo siempre es causar el máximo daño posible, generar dolor y terror. Aunque los expertos en terrorismo advierten de que no hay países ni ciudades que estén a salvo de sufrir ataques, en los últimos años algunos lugares, como el Reino Unido, han sido blanco preferente de los terroristas.

Hace solo dos meses, el 22 de marzo, los británicos vivieron otro dramático ataque que se saldó con seis muertos -incluyendo al atacante- y 29 heridos. Este atentado, realizado por un solo hombre al cumplirse un año de los ataques de Bruselas -en el aeropuerto de Zaventem y el metro de Maelbeek-, pudo ser seguido prácticamente en directo, ya que se llevó a cabo junto al Parlamento cuando se celebraba una sesión en la Cámara de los Comunes.

En esta ocasión un hombre identificado como Khalid Masood, de 52 años, nacido en Kent y residente en Birmingham, mató a cinco personas -cuatro ciudadanos y un policía- y causó decenas de heridos al arrollarlos con un todoterreno en el puente de Westminster, antes de ser abatido por la policía. Además, este atacante solitario protagonizó un tiroteo e intentó acceder al interior del Parlamento, apuñalando a un policía que intentó desarmarle.

Y hace cuatro años, el 22 de mayo de 2013, la capital londinense fue también escenario del terror. En aquella ocasión, dos yihadistas armados con machetes sembraron el caos en el barrio londinense de Woolwich al grito de “Alá es grande”. Los atacantes -Michael Adebolajo y Michael Adebowale, dos hombres británicos de origen nigeriano convertidos al islam- asesinaron a Lee James Rigby, un soldado británico, que fue atropellado y después decapitado.

Ataques al metro de Londres

Aunque el Reino Unido, y Londres en especial, llevan años sin bajar la guardia y extremando las medidas de seguridad y vigilancia, las autoridades admiten que aún así no se pueden prever todas las circunstancias y evitar todos los riesgos. Sin embargo, los controles y la vigilancia en los medios de transporte son una seña de identidad del país, especialmente después de los atentados del año 2005.

Y es que en julio de 2005 Londres fue objeto de dos grandes ataques terroristas sincronizados de motivaciones yihadistas. El primer ataque tuvo lugar el día 7 cuando explotaron tres bombas en el metro de Londres con una diferencia de 50 segundos entre ellas. La primera explotó en el tren de Circle Line, que se dirigía al este, entre la estación de Liverpool Street y la de Aldgate. La segunda detonó en el metro que se dirigía hacia el oeste, en la estación de Edgware Road. Y la tercera bomba explotó en un tren de metro de la Piccadilly Line, que se dirigía hacia el sur, entre las estaciones de King’s Cross St. Pancras y Russell Square. Una hora después de las explosiones iniciales, hubo otra explosión en la Plaza Tavistock en un autobús de dos plantas operado por Stagecoach London que hacía su ruta desde Marble Arch a Hackney Wick.

En este ataque murieron 56 personas -entre ellas los cuatro terroristas suicidas que portaban las mochilas-bomba- y más de 700 resultaron heridas. Este atentado fue considerado como el más sangriento ocurrido en el país desde el de Lockerbie en 1988.

Días después, el 21 de julio, se produjeron otras cuatro explosiones en el transporte de Londres. Según la versión oficial, unos terroristas suicidas trataron de recrear los atentados del día 7. Nuevamente el atentado tuvo como objetivo el metro de Londres y un autobús, pero la sincronización de los ataques fue menos precisa que en aquella ocasión. No hubo víctimas mortales y una semana después cuatro hombres sospechosos de intentar detonar las bombas fueron detenidos: uno en Birmingham, dos en Londres y otro en Roma.

Dado que cuando se produjo el segundo atentado los terroristas que portaban las bombas pudieron huir, se generó un clima de alarma e inseguridad en el que la prioridad de todas las fuerzas policiales era localizar a los sospechosos y evitar ataques. Durante ese periodo de aumento de la seguridad en el metro de Londres, un hombre llamado Jean Charles de Menezes falleció en la estación Stockwell por disparos de policías armados que le habían confundido con un sospechoso terrorista. Tiempo después la Policía tuvo que reconocer que Menezes no estuvo implicado en los ataques, ni llevaba explosivos o armas.

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