Jurista y senador en la primera legislatura

Como Juan Mari Vidarte, pocos, y yo no los conozco

Txema Montero - Lunes, 22 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:04h

Vidarte desarrolló una amplia trayectoria en la abogacía.

Vidarte desarrolló una amplia trayectoria en la abogacía. (Pablo Viñas)

Galería Noticia

Vidarte desarrolló una amplia trayectoria en la abogacía.

Bilbao- Me dicen que se ha muerto Juan Mari Vidarte y hago como que me lo creo. Que si por su edad le había llegado la hora, que si llevaba tiempo enfermo, que si una desafortunada caída. Juan Mari llevaba toda la vida hecho un cisco, dolores de espalda, escorado a babor, con cien recomendaciones médicas absolutamente incumplidas. Anduvo en bicicleta hasta que algún alma caritativa se la escondió. Estuvo en todas las comidas de amigotes hasta que esa caída con fractura de huesos le mandó al hospital, donde, cosa más que rara, no quiso recibir visitas y eso sí que era alarmante. Porque nadie más sociable, próximo y generoso que Juan Mari. Y si no, que me presenten a alguien que consiguiera pagarle una ronda. Siempre el primero en pagar, siempre el primero en ofrecerse para lo que hiciera falta, siempre abriendo brecha.

Juré el cargo de abogado en 1979. No tenía ninguna relación con la abogacía, ni familiares ni conocidos. La jura tenía lugar en el antiguo Palacio de Justicia, vetusto y sombrío, con la sala de vistas presidida por el presidente del tribunal. Me encogía sobre mí mismo ante tanto oropel y pensaba a quién podía pedir el favor de apadrinarme. No hizo falta. Juan Mari, tan rápido en ver como en resolver, me pidió, he dicho bien, me pidió el “favor” de ser mi padrino de colegiación. Si a un licenciado en Química le hace esa oferta Madame Curie se hubiese sentido menos halagado que yo, porque para entonces Juan Mari no sólo era el decano del Colegio de Abogados de Bizkaia sino que había sido senador constituyente, presidente de las Gestoras Pro Amnistía durante la transición y abogado de reconocido prestigio, que se suele decir con cierta magnanimidad en otros casos, en el suyo plenamente merecido.

Uno de mis primeros casos con proyección pública fue la acusación de torturas sobre la persona del médico Xabier Onaindia, que resultó la primera condena por tan vil delito contra dos funcionarios de policía. Juan Mari se personó como acusación en nombre del Colegio de Abogados, dirigió el pleito con profesionalidad y sentido de la Justicia, plenamente consciente de lo que como sociedad nos jugábamos si la tortura no se condenaba judicialmente. Aprendí mucho de él en aquel juicio y mucho más cuando aceptó el encargo de Amnistía Internacional de presidir sobre el terreno la Comisión de investigación de los crímenes de guerra en El Salvador.

Pónganse en situación, 1981 y volando balas sobre el Hotel Camino Real de San Salvador. Juan Mari, con su equipo internacional, recibiendo declaraciones de torturados, familiares de desaparecidos y curas misericordiosos y recibiendo recomendaciones de militares, agentes secretos y falsos periodistas para que no informara sobre lo que estaba oyendo. Resultó su informe el más divulgado y leído hasta aquella fecha de los publicados por Amnistía Internacional, y un fortísimo varapalo para la Administración americana.

Juan Mari era un abertzale de izquierdas opuesto a la violencia sin matiz ni cláusulas de reserva. En cierta ocasión le dijo a Juan de Ajuriaguerra que el PNV debía existir como cabeza tractora del abertzalismo hasta conseguir la independencia, Ajuriaguerra sonrió. Como quiera que Vidarte acabara la frase diciendo que con la independencia el PNV tenía que desaparecer, la sonrisa del de Otxandio desapareció de la misma.

En el acto de recepción del premio Manuel de Irujo de la Consejería de Justicia del Eusko Jaurlaritza, hizo un alegato a favor del derecho de autodeterminación, lo del derecho a decidir siempre le pareció como jurista un concepto impreciso. La reacción más perceptible fue que importantes posaderas institucionales se removieran en sus sillas. Y no me tiren de la lengua porque no contaré quiénes.

Juan Mari ponía los motes menos hirientes y más acertados que jamás he oído. A su gran amigo socialista -en Juan Mari no cabía el sectarismo- José Mari Satrústegui le llamaba el barón: “no porque tuviera título, sino por lo que le gusta andar de bar en bar”;a Jesús Oleaga, el fosas por su afición a asistir a todos los funerales fuesen más o menos conocidos los difuntos;pronosticó que Oleaga tendría una asistencia masiva en el suyo, a tantas familias había consolado. Así fue. El Chorreo Español al Pueblo vasco es uno de mis favoritos;con la prensa que no le gustaba era inmisericorde, como acrítico con el Athletic, al peor partido de los rojiblancos le sacaba virtudes.

Juan Mari era cristiano, nada beato y moderno en su catolicismo. Le interesaba la religión como brújula para navegar por la vida. “El derecho resuelve conflictos, pero la moral ayuda a que no se produzcan”, le escuché en varias ocasiones. No estamos viviendo tiempos felices así que echaré en falta a Juan Mari Vidarte, la persona generosa que iba regalando por donde pasaba simpatía, proximidad y amistad sincera. Que me dicen que se ha muerto, hago como que me lo creo, querida Margarita.

Agur, Juan Mari. Maite zaituztegu orain eta beti

Juan Daniel Barandiaran Jaca

Bilbao- Gure Esku Dago…. escribirte, Juan Mari, y despedirte con unas sentidas palabras, pero la tarea es complicada. Lágrimas, recuerdos y sentimientos se amontonan y salen a borbotones. Sin embargo, palabras, la verdad, que no muchas. Aún me cuesta creer que ayer, en aquel panteón de Balmaseda, nos dejaste para siempre. Eso sí, como persona creativa y ocurrente que eras, a todos los tuyos les dejaste un recordatorio imborrable, nada previsto. Sin duda, con lágrimas de cariño lo podrán contar. Como otra anécdota tuya.

No te conocía, Juan Mari Vidarte, cuando llegaste a la junta del Colegio de Abogados, pero con esa capacidad que tenemos los libras recalcitrantes para el capítulo de “amigos “, de inmediato llegué a la conclusión de que eras, sobre todo y por encima de todo, buena gente, vasco y solo vasco siempre que podías, dotado de una capacidad intelectual y sentido de la ética fuera de lo común. Trabajar contigo no tenia mérito alguno. Dentro de aquella tarea de crear un Colegio que tuviere algún sentido para la sociedad -además de lo corporativo-, todo estaba por hacer. Y ahí trabajamos muchos, al menos varios a tope a tu lado, sabiendo que bastaba con darte una idea para que, de inmediato, nos diésemos cuenta de que la habías desarrollado, que dabas soluciones y que casi sin “botar la pelota “estaba organizado el partido”.

Nunca acabaste de creer en lo que de verdad hiciste y quizás también, por tu excesiva generosidad y modestia, nunca ocupaste el puesto en la sociedad al que sin duda estabas llamado. Encontrar una persona de tu altura ética, capacidad intelectual y compromiso político, siempre cariñoso y afectivo, no era tarea fácil. Por eso fui tan pesado en tantos momentos, para que dieses un paso adelante, pero no pudo ser y nos tuvimos que conformar con poder escucharte durante tantos años, al menos en la comida de los miércoles, cuando aburrido de tanto fúrbol -Villar dixit- decías aquello de “¿y de política cuando hablamos?” Cuántas ideas, cuánta reflexión perdida…

Por ahí, por ese fleco de la política, puede que se te hayan ido tus frustraciones de estos últimos años. Siempre fuiste hombre fiel, más a las ideas que a las personas y tus votos siempre habrán ido al mismo sitio, pero nada ni nadie podía conseguir que, con esa dulzura y esa extraordinaria facilidad para decir fácil lo fácil, recordases en cuanto tenías ocasión, que “íbamos mal y que estábamos perdiendo una oportunidad histórica”. Eso sí, siendo consciente de que, según en que círculos, y según el cariño que te tuviesen, se volvía el razonar en tu contra, porque ciertamente pocas personas, muy pocas, tenían, Juan Mari, las condiciones que tú albergabas para juntar las difíciles piezas de nuestro ajedrez.

Escuchabas siempre con atención y casi de inmediato proponías algo siempre lógico y siempre positivo, como si la linterna estuviera encendida siempre, incluso sin pilas. Qué claro tuviste siempre aquello de que no es a (innombrable) a quien temen, sino al nacionalismo unido. Y siempre tuviste claro que era una filfa que sin (innombrable) se puede hablar de todo. Qué bien conocías la Corte…

Voy a acabar con un recordatorio íntimo. Hace dos años, acudiendo a la cita de Gure Esku, nos tocó a mi familia, junto con otros de Bilbo-Indautxu, acudir a Ataun. El miércoles en la comida me dijiste que querías ir. Fuimos y disfrutaste como nunca te había visto hacerlo, porque dentro de aquel pueblo en marcha te veías tú. Hace menos de un año, movido por ese extraordinario sentido de justicia/injusticia que tenías, me dijiste si iríamos hasta Alsasua. Te hacía ilusión y me dijiste que al montañero del grupo, Antonio, le encargase buscar un restaurante para la vuelta. No viniste, y no te llamé porque ya intuía que no estabas bien. Pero el miércoles no te olvidaste ni de eso ni de otras cosas porque nada de lo que pasaba en este pueblo te era ajeno. Sare, ahora, tampoco.

Te has ido, Juan Mari, en silencio, casi sin molestar, como eras tú, o como sois las grandes personas que creéis que hacer el bien a tu gente, a tu pueblo, sin pedir nunca nada a cambio es lo único que justifica una vida y que por eso, no tiene mérito alguno.

Margarita, tú gran amor, tu sustento y seguridad en la vida y en la resolución de tus dudas, con el sueño imborrable de Cuba al fondo;tus hijos Marga, Juana, Javi, Ana y los suyos pueden estar orgullosos de tu herencia. Los demás nos contentaremos teniendo siempre a nuestro lado: “Ya decía Juan Mari...”.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Más sobre Euskadi

ir a Euskadi »

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120