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Terrorismo en la India

Por Valentí Popescu - Lunes, 22 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:05h

la prensa occidental apenas habla del terrorismo indio pese a que existe desde hace más de medio siglo y es un fenómeno casi paradigmático de la correlación miseria-violencia.

Quizá la primera razón de ese silencio sea que el terrorismo indio -el naxalismo, de ideología maoísta- es un fenómeno minúsculo: no ha pasado nunca de los 10.000 militantes y en veinte años ha causado cerca de 12.000 muertos (cifras oficiales) en una nación que cuenta con una población de 1.200.000 habitantes.

Pero si la incidencia global del naxalismo en la vida india es poco menos que anecdótica, en cambio su gestación y arraigo concuerdan con todas las teorías sociológicas acerca del radicalismo social. Nació en el decenio de los 60 en el arco de los territorios más pobres, atrasados, aislados y orillados por la tutela gubernamental de toda la República;es el llamado corredor de la miseria formado por zonas de Andhra Pradesh, Bengala Occidental, Bihar, Odisha, Telangana, Uttar Pradesh, Ybattigash, Yarjand, sin olvidar los núcleos terroristas grupusculares del Estado de Maharashtra que no encaja en el molde del corredor del hambre.

Todos esos distritos, de economía casi exclusivamente rural y estructuras sociales estancadas en el sistema tribal, parecen dejados de la mano de Dios y carecen de redes viarias para vehículos de motor, cableados telefónicos, los hospitales son menos que pocos y están pésimamente equipados. Consecuentemente, el número de pertenecientes a la casta de los adivasi -una de las más bajas y discriminadas del sistema ancestral de castas- es muy alto en esta franja de los famélicos. Y los adivasi aportan el mayor contingente de combatientes a la guerrilla maoísta india.

La cristalización de la protesta contra el abandono en forma de guerrilla fraguó primero en Bengala Occidental, en la localidad de Naxalbari que acabó dándole el nombre a la guerrilla. Esta nació a iniciativa de marxistas que creían y creen a pies juntillas que el modelo de la revolución maoísta en la China del siglo pasado podía implantarse hoy en día en la India. Aparentemente, en aquél entonces las circunstancias materiales y sociales eran favorables a la rebelión y el motivo concreto para echarse al monte, también lo era: la indignación general por las trabas puestas a un campesino para labrar sus tierras.

No obstante, todo esto fue poco, demasiado poco, para el triunfo guerrillero. La rebelión naxalista duró en Naxalbari poco más de dos meses y la victoria gubernamental fue abrumadora, pero no lo suficiente como para impedir que el movimiento se implantara a lo largo de todas esas tierras del hambre. Fueron y son grupusculares -las acciones más importantes de los maoístas indios nunca movilizan más de 300 combatientes-, lo que dificulta enormemente su erradicación por las fuerzas del orden.

En realidad, los relativamente escasos éxitos duraderos de los gubernamentales se lograron durante los mandatos del a la sazón jefe de gobierno Manmohan Singh, quien acompañaba las ofensivas militares con planes de desarrollo de la agricultura y la asistencia social en las zonas pacificadas. La consecuencia de esta acción combinada ha sido la reducción de la guerrilla a una mera presencia testimonial en las zonas promocionadas.

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