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La reconstrucción de Europa a través de los derechos sociales y lo que Euskadi puede aportar

Por Francisco Javier. Arrieta Idiakez - Domingo, 21 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

EL 10 de mayo, el lehendakari, Iñigo Urkullu, se reunió en Bruselas con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker. Sin duda, todo un logro diplomático, si tenemos en cuenta que, hasta la fecha, ningún presidente de las comunidades autónomas ha mantenido una reunión así. Ni siquiera lo ha conseguido el propio Carles Puigdemont, en plena efervescencia de un movimiento independentista catalán, que, cada vez más, parece estancarse en su propio autoconsumo, ante la falta de apoyos en la Unión Europea. Desgraciadamente, en Euskadi algo sabemos de eso.

Pero la reunión entre el lehendakari y Juncker también supone un importante triunfo psicológico para Euskadi. Ciertamente, no es la primera vez que el lehendakari Urkullu se reúne al más alto nivel con autoridades europeas. Cabe recordar que en 2013 ya mantuvo una reunión con el entonces presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, y que durante el año pasado también se reunió con algunos comisarios. Pero el contexto en el que se ha producido el encuentro con Juncker presenta una gran relevancia.

En plena crisis identitaria de la UE, como consecuencia del desapego hacia la misma de gran parte de su ciudadanía, del Brexit, del auge de los populismos y de la inestabilidad internacional, Euskadi, humilde pero con un gran bagaje en buenas prácticas sociales, vuelve a ofrecerse para colaborar en la reconstrucción de Europa. Y decimos que Euskadi vuelve a ofrecerse a Europa porque siempre se ha mostrado firmemente europeísta. Desde aquel primer Gobierno vasco que tuvo que padecer el exilio hasta la actualidad. En ese camino resalta, sin duda, el discurso del nacionalismo vasco, liderado por el PNV. Se creía entonces, y se cree hoy, en una Europa de los Pueblos. Pero, como señala la profesora Leyre Arrieta Alberdi en su magnífica e imprescindible obra Estación Europa. La política europeísta del PNV en el exilio (1945-1977), “ese discurso europeísta no se ha visto correspondido por la realidad paralela de una construcción europea cimentada sobre unos pilares bien distintos, si no antagónicos, a los por él propugnados: los Estados”. Sin embargo, también se comparte su afirmación de que “este insalvable escollo no ha conllevado la renuncia a Europa, sino que, asumiendo la Europa de los Estados como mal menor, el PNV ha seguido, por un lado, apostando por la Europa que propuso (…), pero por otro, aceptando la realidad, de forma que la vertiente práctica de su política europeísta ha reflejado y refleja un planteamiento mucho más pragmático y realista”.

Pues bien, para aquellos que no ven más que una foto para la galería en la reunión del lehendakari con Juncker, debe señalarse que la estrategia del lehendakari cobra fuerza en el momento actual. Su idea de “Nación Foral”, que compagina modernidad y tradición, se sitúa en el esquema de la denominada gobernanza multinivel, que se prevé clave para desarrollar el Pilar Europeo de Derechos Sociales como soporte de la reconstrucción de la UE. Y es que el desarrollo histórico ha hecho que sea posible compaginar la idea de Pueblo con la de más y mejor autogobierno al servicio de los ciudadanos. Un Pueblo que se caracteriza por presentar una conciencia colectiva de pertenencia, unos vínculos históricos comunes, un mismo idioma y un mismo territorio;y un autogobierno que se sustenta en una organización política actualizada que trae causa de unos derechos históricos que, como señala Miguel Herrero de Miñón en su obra Idea de los Derechos Históricos, constituyen “un a priori material de la Constitución” y “una reserva permanente de autogobierno” para Euskadi. Un autogobierno que, caracterizado precisamente por el hecho diferencial que suponen los derechos históricos amparados y respetados por la Constitución, se erige en una anexa parsdel Estado y no en una parte integrante del mismo. En ello se sustenta también la bilateralidad tantas veces reclamada por el Gobierno vasco al Gobierno de España. Y es a partir de dicho autogobierno como Euskadi puede aportar, y está aportando, sus buenas prácticas para el desarrollo del Pilar Europeo de Derechos Sociales. La realidad de Euskadi, en tanto que “homogeneidad social” con apertura hacia el exterior, ante entes de mayor dimensión, como el Estado y la Unión Europea, se convierte en importante referente.

En plena crisis identitaria de la UE, Euskadi vuelve a ofrecerse a Europa porque siempre se ha mostrado firmemente europeísta y plenamente comprometida con los derechos sociales

La creación del Pilar Europeo de los Derechos Sociales puede suponer un punto de inflexión en la historia de la Unión Europea. Esta iniciativa, que tiene su origen en el discurso sobre el estado de la Unión pronunciado ante el Parlamento Europeo el 9 de septiembre de 2015 por el presidente Juncker, puede servir para reequilibrar las vertientes económicas y sociales existentes en la Unión, desproporcionadamente desarrolladas a favor de las primeras. Y es que puede estar en juego no solo la credibilidad de los grandes líderes que se proclaman europeístas, sino también el futuro de la propia UE si tales líderes no logran que la ciudadanía confíe y se identifique con el proyecto.

Para ello, el proyecto europeo debiera ser un referente para hacer frente a las injusticias y a la violación de derechos humanos de todo tipo. El viejo continente sigue siendo una esperanza para el mundo entero. Pero para ello debe sobreponerse de sus achaques. Como consecuencia de la crisis económica, las instituciones europeas impusieron una serie de medidas económicas, financieras, fiscales y sociales excesivamente duras que han traído consigo un aumento de la desigualdad, la pobreza y la exclusión social. Así, el antídoto del Pilar Europeo de los Derechos Sociales puede resultar efectivo si realmente se cree en el mismo y se desarrolla adecuadamente.

No es que la Unión Europea carezca de un Modelo Social. Tal modelo existe y está definido. Primero, como proyecto político asimilable a un conjunto de valores o creencias, signo de identidad europea. Segundo, como diversas opciones de política social, sustentadas por instituciones y desarrollos concretos materializados en la normativa sociolaboral en todas sus vertientes. Además, ambas confluyen en la Carta de Derechos Fundamentales, que, en virtud del vigente Tratado de la Unión Europea, tiene el mismo valor jurídico que los Tratados.

Por ello, tal y como se establece en la Recomendación (UE) 2017/761 de la Comisión, de 26 de abril de 2017, “el objetivo del Pilar Europeo de Derechos Sociales es servir de guía para alcanzar resultados sociales y de empleo eficientes para responder a los desafíos actuales y futuros con el fin de satisfacer las necesidades esenciales de la población, así como garantizar una mejor regulación y aplicación de los derechos sociales”. Dicho Pilar “expresa los principios y derechos esenciales para el buen y justo funcionamiento de los mercados laborales y de los sistemas de bienestar de la Europa del siglo XXI”, de forma que se reafirman derechos existentes y se añaden nuevos principios que abordan los desafíos de los cambios económicos, tecnológicos y sociales.

En concreto, la mencionada recomendación estructura el Pilar de Derechos Sociales en tres capítulos: el primero versa sobre la igualdad de oportunidades y de acceso al mercado de trabajo y aborda aspectos relativos a la educación, formación y aprendizaje permanente, igualdad de género;igualdad de oportunidades y apoyo para el empleo. El segundo se dedica a las condiciones de trabajo justas, y trata del empleo seguro y adaptable, los salarios, información sobre condiciones de trabajo y protección en caso de despido, diálogo social y participación de los trabajadores, equilibrio entre vida profesional y vida privada y el entorno de trabajo saludable. El tercer capítulo se destina a la protección e inclusión social, y se refiere a cuestiones relativas a la asistencia y apoyo a los niños, la protección social, las prestaciones por desempleo, la renta mínima, las pensiones y prestaciones de vejez, la sanidad, la inclusión de personas con discapacidad, cuidados de larga duración, vivienda y asistencia para las personas sin hogar y acceso a los servicios esenciales.

Para la elaboración de dicho Pilar, la Comisión Europea invitó en marzo a todas las partes interesadas a responder a una serie de cuestiones. Y el Gobierno vasco ha aportado su experiencia y realizado propuestas de mejora porque Euskadi está plenamente comprometida con los derechos sociales. Una vez más, el Gobierno vasco tiene la importante tarea de convertir los retos en oportunidades.

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