Nicolás Gaminde 43 años en Lemona y veinte como director general

“Compramos una fábrica en Estados Unidos a una tribu de indios americanos

X. Aja - Domingo, 21 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:04h

BILBAO- Una de las personas con mejor conocimiento de la trayectoria de Cementos Lemona es Nicolás Gaminde, un ingeniero vasco que se ha pasado 43 años y medio de su vida en una compañía en la que terminó siendo el director general.

¿Cuándo entró en la empresa?

-Estaba en el último curso de Ingenieros en Bilbao cuando a través de un amigo me dijeron que en Cementos Lemona necesitaban un ingeniero para encargarse del mantenimiento. Y allí que me fui el 1 de marzo de 1965 y hasta 2008.

¿Recuerda su primer sueldo?

-Sí, entré con el salario que tenían los ingenieros de primer año en AHV, que era el referente entonces, y que ascendía a 9.000 pesetas.

¿Lo del mantenimiento programado y el control de calidad existía en los años 60?

-En aquel momento en la empresa, no. Alguien lo había propuesto, con buen criterio, antes que yo, y la compañía lo había desestimado, lo que generó algún problema que otro cuando una avería hizo que una partida de cemento saliese defectuosa por exceso de yeso. Hubo que visitar todas las obras, y había unas cuantas, y apuntalar las construcciones. Por cierto, lo hicimos bien.

¿Ustedes sufrieron una OPA?

-Sí, hostil. La de los hermanos Serrano Goiria pero no lo veo como un mal recuerdo. Aprendimos mucho porque esta era una empresa, pese a estar en Bolsa, muy familiar y sin grandes sobresaltos.

Uno llega a director general y está veinte años al frente de la empresa. Eso da para muchos recuerdos, ¿los malos?

-Sin lugar a dudas cuando ocurría algún accidente laboral. En la planta no tanto, pero en la cantera sí se dieron algunos. Y lo pasas muy mal. También con algún atentado.

¿Y los buenos recuerdos?

-Muchos. Las distinciones a la empresa por sus mejoras en calidad y medioambiente, por ejemplo.

¿Lo del polvo que recubría el pueblo de Lemoa era una realidad?

-Sí. Pero la mejora tecnológica ha sido tremenda a lo largo de los años y la concienciación medioambiental también. Pasamos de emitir 32 gramos a solo siete miligramos.

El horno de una cementera...

-No se para nunca. Alcanza los 1.540 grados y somos pioneros en el uso de combustibles alternativos.

La igualdad de género llegó a las juntas de accionistas.

-Je, je. En una época se regalaban solo puros y nuestra presidenta de entonces pensó que no era justo y que las accionistas también tenían derecho a un detalle: bombones.

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