No se aconseja en la habitación o las comidas

Freno a las pantallas

Progenitores aprenden en un taller a establecer límites, dado que su uso excesivo perjudica a los menores


Arantza Rodríguez - Domingo, 21 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Inma, Rubén y Jesús en el taller.

Inma, Rubén y Jesús en el taller. (José Mari Martínez)

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Inma, Rubén y Jesús en el taller.

BILBAO. Se han metido en las mochilas, hecho hueco en la cocina, infiltrado en las sillitas de bebé y colado hasta debajo de las sábanas. Como telón de fondo o en mano, televisores, tabletas y móviles parecen inocuos, pero su uso excesivo afecta negativamente al desarrollo de los menores, por lo que urge ponerles freno. “No se trata de demonizar, pero hay que establecer unos límites, pese a que resulte difícil porque las pantallas están por todas partes”, señala la psicóloga Ana Sáenz, que el miércoles impartió un taller en Bilbao para reflexionar con padres y madres sobre cómo llevar a cabo esta ardua tarea. La clave para no ceder a la primera de cambio, coinciden experta y progenitores, es tener claro que lo haces por su bien. “Si estás convencido de que esto es lo saludable, por mucho que los demás te miren como diciendo: Ya está aquí el talibán de los videojuegos, lo llevas adelante”, afirma Jesús Notario, uno de los asistentes.

Evitar que en las habitaciones infantiles haya dispositivos digitales o no exponer a los niños y niñas a las pantallas antes de los 3 años son algunos de los criterios que ofreció esta experta durante la jornada, organizada por el Área de Salud y Consumo del Ayuntamiento de Bilbao. “Encender una pantalla para calmar o acallar al bebé es una barbaridad. Recibe miles de imágenes por segundo que no puede procesar, retrasa el desarrollo del lenguaje y le priva de hacer lo que le corresponde, que igual es observar cómo le están haciendo el puré y empezar a hablar”, explica Ana Sáenz, quien recomienda, asimismo, apagar los dispositivos cuando los menores estén realizando otra actividad. “A veces desayunan o comen con la pantalla delante. Tienen que ser conscientes de lo que están haciendo, de a qué sabe, y si están con otros, relacionarse”, expone.

Hacer los deberes con la tele puesta o el móvil encima del escritorio tampoco, dice, es conveniente, ya que “no permite la concentración”. Para hacérselo entender y que no parezca una mera imposición, se puede argumentar que “es malo para su cerebro, para su salud mental”, tal y como se hace con otros productos nocivos.

Contrarrestar la “invasión” de las pantallas con “más calle y experiencias reales” es otra de las claves, además de dejar espacio al “nada que hacer, porque el vacío despierta la imaginación”, y fomentar el juego simbólico, el lenguaje y la interacción.

“Los padres chungos”

La teoría está más que clara. Otra cosa es llevarla a la práctica cuando tu hijo o hija son los únicos de la clase que no tienen móvil. “Es difícil, porque la sociedad está con otra corriente, pero al final hay que hacer el duelito de decir: Lo siento, pero te han tocado los padres chungos”, bromea Jesús Notario, cuyo hijo de pequeño prefería irse a casa a ver la televisión que quedarse en el patio con los amigos. “Tuvimos que decirle: de lunes a viernes no se enciende la tele porque lo que necesitas es estar en la calle y relacionarte. ¿Que es un esfuerzo para los padres? Por supuesto, pero si crees que es lo mejor para su crecimiento...”, relata. De hecho, ahora que ya es veinteañero “se da cuenta de que las cosas se hacían con un sentido, de que no era prohibir por prohibir”, cuenta este padre, que alguna vez se ha sentido “un poco como el bicho raro de la cuadrilla, el barrio o la ikastola, pero es que no queda otra”.

El hijo de Rubén Abiega era de los que desayunaba frente al televisor. “Hoy en día no tengo tele en casa y creo que ya he hecho un camino”, comenta este padre, “agradecido” porque “estos talleres nos ayudan a pensar y a actuar”. Y a llegar a conclusiones, como que “el progreso no tiene que ir ligado precisamente con el abuso de estas tecnologías, sino que puede estar más relacionado con aspectos humanos”.

Inma Olave le deja de vez en cuando el móvil a su hija de 3 años para ver vídeos infantiles, pero no siempre accede cuando se lo pide. “La necesidad real del niño no es estar entretenido y no molestar, sino irse construyendo como una persona autónoma que sepa relacionarse con otros. La tecnología puede ayudarle, pero sabiéndola usar y para eso hay que poner límites”, defiende. Aunque “no es fácil”, reconoce que “ir contra corriente, si estás seguro, te da satisfacción”. Tras recordar que “antes el demonio era la tele”, dice que es habitual que los niños desayunen con dibujos, pero “que se haga con frecuencia -matiza- no quiere decir que sea normal”. Por eso, insta a cuestionar el “modelo social que quiere gente dependiente, consumidora y que no piense. Para eso la tecnología es ideal”.

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