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propuesta de referéndum de independencia

Puigdemont evita el camino de Ibarretxe en el Congreso tras el desafío de Rajoy

Madrid le insta a defender una reforma constitucional para el referéndum, y responde que solo irá si hay pacto previo

Míriam Vázquez - Sábado, 20 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

El president de la Generalitat Carles Puigdemont (i) saluda al expresident, Artur Mas (d), en presencia de la presidenta del parlament, Carme Forcadell (c), durante el acto central del Pacto Nacional por el Referéndum.

El president de la Generalitat Carles Puigdemont (i) saluda al expresident, Artur Mas (EFE)

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El president de la Generalitat Carles Puigdemont (i) saluda al expresident, Artur Mas (d), en presencia de la presidenta del parlament, Carme Forcadell (c), durante el acto central del Pacto Nacional por el Referéndum.

bilbao- El Gobierno español señaló ayer el camino al president, Carles Puigdemont, para que presente su propuesta de referéndum de independencia en el Congreso de los Diputados. Más que una invitación, el emplazamiento sonó a desafío porque lo abocaba a la misión imposible de ganar una votación que está perdida de antemano por la mayoría constitucionalista que ostentan PP, PSOE y Ciudadanos. En cualquier caso, hay un cambio de tono porque, hasta ahora, Rajoy había asegurado que es inútil dialogar sobre una petición que no puede atender. Su estrategia ha consistido en el recurso a los tribunales, una vía que de todos modos sigue vigente. La presión que ha ejercido la conferencia de Puigdemont prevista para el lunes, donde presentará su última oferta de pacto, le ha obligado a realizar un movimiento para recuperar la iniciativa y el manejo de los tiempos llevando el debate a su terreno, el de la votación parlamentaria, con la intención de que un veto reste legitimidad a Puigdemont para desplegar su plan.

El president se expondría al mismo trance que vivió el lehendakari ohia Juan José Ibarretxe en 2005, cuando el Congreso vetó el nuevo estatuto apoyado por el Parlamento Vasco. Puigdemont lo recibió ayer como un caramelo envenenado y le dio la vuelta al planteamiento. Seguirá intentando pactar el referéndum con Madrid, y solo acudirá al Congreso si hay un acuerdo previo y se trata de ratificarlo. Realizará un último emplazamiento al diálogo para cargarse de razones ante instancias internacionales y, si no lo logra, convocará un referéndum unilateral en otoño. La conferencia del lunes sigue en pie.

El anuncio de Madrid llegó por sorpresa, in extremis y envuelto en la solemnidad del Consejo de Ministros, donde se produjo esta reflexión, anunciada por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría. En realidad no era algo novedoso. El soberanismo catalán ya acudió a las Cortes estatales para pedir una consulta en 2014. No fue un trámite que evitara, ya que planteó el proceso como una vía pactada con el Estado. Sin embargo, el soberanismo salió escaldado. Fue arrollado por la mayoría aplastante de los partidos constitucionalistas, que vetaron con 299 votos su propuesta para ceder a Catalunya la competencia para realizar un referéndum, una propuesta que defendieron en virtud del artículo 150.2 de la Constitución española tres parlamentarios de CiU, ERC e ICV. El president Mas no acudió. Tras esa negativa, se organizó la consulta del 9 de noviembre que desembocó en penas de inhabilitación. Nada parecía apuntar ayer a un desenlace diferente. Sáenz de Santamaría aclaró que el referéndum no se va a negociar. Invita a Puigdemont a iniciar el procedimiento de una reforma constitucional, pero el PP no la quiere acometer. De sus palabras no se desprendió que busque acordar.

La oferta llegaba tras el periplo que ha realizado Puigdemont para alquilar un local donde poder exponer su última oferta de referéndum pactado. La conferencia tendrá lugar el lunes en una de las salas del Ayuntamiento de Madrid gobernado por Manuela Carmena, tras haber intentado sin éxito utilizar unas dependencias del Senado. El PP se ha negado todo este tiempo a que utilice salas de las instituciones públicas porque cree que eso supone legitimar y amparar su discurso rupturista. Los populares desplegaron una campaña en las redes sociales contra la cesión por parte de Carmena, y han intentado llevar a Puigdemont al terreno de la votación en el Congreso para que se refleje que no tiene una mayoría, aunque sí la posee en el Parlament catalán.

Sería un esquema idéntico a la defensa del Nuevo Estatuto Político por parte de Ibarretxe en febrero de 2015, cuando recibió un portazo con 313 votos en contra. El presidente Zapatero le había ofrecido la opción de defender su plan, pero el episodio se limitó a la presentación del texto por parte de Ibarretxe, la respuesta negativa de la mayoría de la Cámara, y una votación que fulminó el documento sin entrar en un debate de fondo y en un proceso de enmiendas.

Ahora se plantea a Puigdemont que logre los apoyos necesarios para plantear una reforma constitucional e introducir el derecho a decidir. La tesis del PP es que, tal y como está redactada la Constitución, un territorio no puede votar su independencia, sino que deben decidirlo todos los ciudadanos del Estado. “El Reglamento del Congreso establece mecanismos para que esa propuesta que afecta a la propia estructura del Estado sea conocida y debatida por las Cortes”, dijo la vicepresidenta.

el giro de rajoyRajoy se mostró proactivo y llevó este asunto al Consejo de Ministros, lo que supuso romper con su pasividad. Tras analizar las exigencias catalanas, abrió el debate en la reunión, dio la palabra a todos los ministros presentes, y de ahí surgió el emplazamiento. La vicepresidenta recalcó que su gobierno no puede “negociar” un referéndum porque la Constitución “no lo permite”, pero añadió que sí se puede “debatir cualquier propuesta”.

Hasta ahí llegó la oferta, porque la disposición de Rajoy ante la reforma constitucional sigue siendo negativa. Lo más determinante es que, por principio, no quiere convocar un referéndum de independencia porque cree que divide. Pero tampoco ve clara una reforma constitucional sobre otro punto porque el Congreso está demasiado fragmentado y cree que no hay margen para el consenso. Aunque hubiera finalmente acuerdo sobre un texto, le preocupa que la ciudadanía pueda dar la espalda a esa reforma y la termine tumbando en un referéndum constitucional. A nivel interno ha trasladado la idea de que las consultas las carga el diablo, y que la derrota de David Cameron en la votación del Brexit le ha dado la razón. Su propuesta, por lo tanto, va encaminada a cortocircuitar el proceso catalán con un veto del Congreso.

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